Libertad
Avelina Lésper

Arte y Dinero

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Los artistas contemporáneos VIP, no han podido hacer nada con su “libertad”, tienen la garantía de que todo lo que hagan es arte y sin embargo, son presas de un…

Imagen: ABC.
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CATEGORÍA: Arte y Dinero | Cultura | Opinión


La humanidad tiene varios mitos destructivos, que sostenemos como axiomas de la civilización o de la Historia, contradecirlos lo convierte a uno en antisocial o enemigo de supuestos frutos conquistados. La libertad es uno de ellos, la búsqueda obcecada de una libertad “absoluta”, un estado paradisíaco de la existencia en el que no debería haber ningún tipo de reglas, disciplina o leyes, supondría la oportunidad de que los individuos se desarrollaran plenamente. Falso. Los individuos en ese estado caerán en el caos y la barbarie, es una ficción suponer que ese “buen salvaje” se va a desarrollar en una armonía beatifica, sin abusar o atropellar a sus congéneres.

La educación es una forma de moldear y moderar los impulsos para que nuestra inteligencia se dirija de forma creativa a sus objetivos. Nos convierte en seres más refinados y complejos, que dejan de satisfacer sus apetitos elementales e inmediatos, para satisfacer la curiosidad intelectual que la misma educación va despertando. Entre más estudiamos, más queremos saber. La educación y el conocimiento son producto de la disciplina, que no es un aparato represor como afirman las teorías de moda de la pedagogía y la psicología.

La disciplina es una frontera entre nosotros y nuestro estado salvaje que se desarrolla en la absoluta libertad. Ese control nos obliga a no abusar de los demás y de nosotros mismos, y lo más importante: a no creer en la falacia de la libertad absoluta, de aceptar vivir en la civilización respetando sus reglas.

Keith Haring horror vacui
Keith Haring y su obra (Foto: TaPuntu).

El arte es un estandarte de la libertad, se supone, que sin reglas ni educación la creatividad fluirá más. Es el objetivo del arte desde los años 60 hasta el día de hoy. Los artistas contemporáneos VIP, no han podido hacer nada con su “libertad”, tienen la garantía de que todo lo que hagan es arte y sin embargo, son presas de un horror vacui, que los orilla a copiarse entre ellos, a repetir las obras de hace décadas, presos en su propio paraíso.

El talento es resultado del trabajo, a menos trabajo, menos talento. La educación en todos los ámbitos, no sólo el artístico, ha dejado las exigencias para no provocar “traumas” a los estudiantes, y lo que no han producido son genios. La obsesión de alcanzar un estado complaciente, una pedagogía blanda, que sea un placebo de la formación intelectual, deja en el desamparo para enfrentarse a una realidad profesional.

El arte nunca había tenido tantos artistas, eso no es un logro, es tal la facilidad de hacer las obras porque todo es arte, que la superpoblación no significa una sociedad más sensible y estéticamente refinada, al contrario, estamos viviendo en la iconoclastia de la libertad.

Los libertinos del siglo XVIII se sentirían avergonzados de nuestra “libertad creativa”, elemental, infantilizada e intrascendental.  Sin grandes pasiones, sin riesgos, asomados al vacío del paraíso conquistado.

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Andrés A. Aguilera Martínez
Andrés A. Aguilera Martínez

Razones y Costumbres


( Palabras)

Durante los últimos días he tenido la oportunidad de escuchar y leer diversas opiniones que critican severamente al nacionalismo revolucionario, al considerarlo un anacronismo que pretende ser revivido aún en contra de una realidad distinta a su surgimiento; situación con la que disiento absolutamente. El nacionalismo revolucionario es, sin duda, una idea que aglutina el sentir generalizado de la gran mayoría de los mexicanos. Es, más que una ideología, una forma de concebir a México, su historia, su devenir y provenir.

Se quiera o no, la mayoría del pueblo tiene ese nacionalismo revolucionario incrustado como parte de su idiosincrasia. La libertad y la justicia social son los valores que la rigen. En esta lógica, para la mayoría de la gente, aún y en las generaciones más jóvenes, el gobierno es un instrumento del Estado para materializar los objetivos plasmados en la Constitución Política de 1917, que es la manifestación máxima de los anhelos de la lucha revolucionaria de principios del siglo pasado, que no es otra cosa que el deseo de bienestar generalizado. Esto pese a los incesantes esfuerzos de la clase política tecnócrata que, desde hace más de cuarenta años, ha intentado transformar esa concepción y acercarla más hacia un estado liberal, en donde la participación estatal sea sí de rectoría, pero más contemplativa y menos invasiva a la actividad humana.

Detalle del mural de David Siqueiros en el Castillo de Chapultepec en Ciudad de México
Detalle del mural de David Siqueiros en el Castillo de Chapultepec en Ciudad de México (Foto: Pinterest).

Considero que el debate debiera centrarse más que en la calificación y crítica al nacionalismo revolucionario como ideología monolítica, en la forma en que esa manera de pensar —insisto, generalizada— puede adecuarse a las condiciones actuales del país y cómo tiene relación en el concierto de las naciones en un mundo evidentemente globalizado.

No se trata de desecharlo por ser incompatible con las ideas neoliberales, o bien, compararlo con las realidades vividas en las otras latitudes, sino adecuarlo a las condiciones y situaciones actuales, porque es, de alguna manera, la voluntad mayoritaria la que desea que así se conduzca el país. El sisma del partido de estado vivido en el año 1988 y cuyas secuelas aún padecemos, es un indicador innegable de ello, pues las fuerzas que han pretendido imponer el desmantelamiento del Estado benefactor para constituir uno netamente liberal, siguen en pugna hasta nuestros días.

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Y no se trata de establecer un régimen socialista, comunista o alguna de las exageraciones que predominan en las redes sociales y de las que han hecho eco varios líderes de opinión, sino de entender que, por mandato de la voluntad general, el gobierno —como órgano ejecutor del Estado— tiene la encomienda de mantener su rectoría, más no control en las actividades económicas del país, lo que significa que, a través de los instrumentos legales y dentro del marco constitucional, interactúe para menguar las inequidades propias que surgen en las relaciones sociales y que se vuelven obstáculos para el desarrollo, al tiempo que establece los mecanismos necesarios para establecer una sociedad más justa y empática.

En conclusión: el nacionalismo revolucionario no es el anacronismo de instaurar un régimen socialista, es la búsqueda incesante por la justicia social, la cual no es otra cosa que la añorada equidad que la dinámica social ha demostrado ser insuficiente para lograrla.

@AndresAguileraM

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Gastón Melo
Gastón Melo

México en Sincronía


( Palabras)

Una forma de pensar hoy al sistema social es a través de los servidores que contienen nuestros biométricos, actitudes, opiniones, comportamientos, situación económica, redes, formas de obtener placer, nuestras proveedurías, formas de alimentación, nuestra higiene física y mental, lo social, dónde vamos, compramos, nos divertimos, transgredimos. Lo contienen todo y con una manipulación pueden saberlo todo, basta la voluntad de interrogarles.

Esos servidores en su mayoría los proveen Rusia, China y Estados Unidos, en una carrera en la que los ciudadanos son sólo el escenario en que se desarrolla una batalla no sólo comercial sino estratégica para establecer la nueva ingeniería social basada en el conocimiento y predicción del comportamiento humano, siguiendo la irrenunciable ecuación según la cual, si se conocen las variables del estímulo y las del organismo que lo recibe, es relativamente fácil predecir el comportamiento.

Nada es nuevo, sin embargo, cientos de miles de páginas, decenas de filmes ficción y documentales se han empleado en glosar esto y no vamos a aportar datos nuevos desde la perspectiva acusatoria. Quisiera en estas notas que me acompañen en una reflexión para la cual todos tenemos una base de ideas y experiencias. Pensemos en quienes guardan nuestros datos y para qué pueden servirles.

biometría y conducta
Imagen: Lampadia.

Monetizar, politizar y socializar el empleo de los datos es lo más importante para los propietarios de esos servidores que, desde luego, se hacen pagar por los prestadores de servicios de primer plano como las aplicaciones en nuestros teléfonos o las agencias de publicidad. El dato, sin embargo, interpretado a la luz de algoritmos y codificaciones especiales permite entender el comportamiento humano desde una perspectiva más amplia, establecer parámetros y tendencias.

El comportamiento humano es siempre predecible en la medida que sea capaz de conocer –como señalamos antes– las variables asociadas a los estímulos que intervienen y al organismo que los vive e interpreta. Así, el comportamiento, generalmente reactivo, es una función constante de la combinación de estos estímulos y se expresa a través de la trayectoria vital de la persona.

El individuo (operador humano) sometido a una serie de mensajes, presiones, frustraciones, micro-placeres, micro-miedos, micro-angustias y sensaciones, es perfecto y asombrosamente predecible en un altísimo porcentaje. Las variables genéticas, biológicas, psicológicas, sociológicas, culturales son todas accesibles en los poderosos servidores y lo son cada vez más en la medida que avanza la tecnología.

protección datos biométricos
Imagen: Este País.

Los determinantes ambientales, climatológicos, comunicacionales (los mensajes a los que se somete una población en las redes sociales y los medios tradicionales), políticos, familiares, educacionales, el día de la semana, la temporada vacacional, el trabajo en casa que es una fuente riquísima proveedora de nuestros datos comportamentales, constituyen en conjunto la base de estímulos que determinan tipos clasificables de comportamiento.

Y es que si somos predecibles somos menos peligrosos, nuestra propensión a generar disrupciones, eventos no programados, se reduce ante esta inteligencia de las cosas. Gozamos de menos libertad, cierto, pero vivimos menos sujetos a los antiguos accidentes de la cotidianidad. 

De esta suerte, los “márgenes de libertad” se reducen significativamente para no dejar sino unos cuantos intersticios en los que la individualidad puede expresarse de modo marginal, como si fuese el accidente y no la constante. La libertad es el evento, es decir, la variación perceptible en un medio ambiente estable.

datos biométricos en México
Imagen: UnoCero.

La libertad es, en consecuencia, cada día más improbable, ya no se trata del do it before it is taxed or against the law de los americanos, sino de pequeñas rupturas voluntaristas en el cotidiano y que constituyen formas de expresión que caracterizan y distinguen, que hacen “persona”, que individúan.

Antiguamente existían oráculos, el de Delfos sin duda el más famoso, pero también existían oráculos celtas como el de la isla galesa de Anglesey, penosamente destruido por los romanos, el oráculo de Dharamsala entre los budistas del Tíbet, el de Upsala para los vikingos y en México los oráculos mayas del Kab’ul (la mano milagrosa) en Izamal Yucatán, o el Tonalamatl del Tonalpohualli en el calendario Azteca, en el Perú en numerosas culturas africanas; donde vayamos encontraremos siempre esta vocación de saber el destino de las personas.

La hora, el día en que nacimos, las relaciones astrales, los datos históricos, las runas, las piedras de los j-menes mayas, las plantas de los druidas, los cantos de los chamanes en la estepa, la observación de las estrellas; todo contribuye a precisar los destinos, a determinar los nombres de las personas, a especificar sus vocaciones, a establecer trayectorias de vida. 

datos personales
Imagen: El Economista.

Hoy, esos oráculos están establecidos de manera física en los servidores, son entrópicos, es decir, caóticos mientras no se les hacen preguntas, pero devienen en información cuando se establecen algoritmos que dan sentido a los datos. La empresa que epitomizó para la generación de centenials esta función, fue la multicitada y mediatizada, Cambridge Analítica.

En México, las encuestas en ocasión del proceso electoral reciente, no se equivocaron, rindieron cuenta de sus resultados con particular pundonor, nos dieron un panorama asertivo que concuerda con los resultados. En breve, apuntaron también a una ingeniería social que va en el camino del fin de la historia.

Sería caso que, en vez de política, los partidos trabajaran más sobre formas de ingeniería social para que los individuos decidan sobre el devenir de sus sociedades. Ser más libres o más seguros podría ser un nuevo dilema de las sociedades.

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Susana Corcuera
Susana Corcuera

De locos y visionarios


( Palabras)

No estoy de acuerdo con lo que dices,

pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlo.

Voltaire.

En la Antigüedad, la condición de las personas se dividía entre quienes eran libres y quienes estaban sometidas. No fue sino hasta el cristianismo cuando surgió la idea de que cualquier ser humano posee una dignidad innata y, por lo tanto, tiene derecho a que se respete su libertad. Sin embargo, pasaron más de dos mil años y dos guerras mundiales para que lo anterior quedara plasmado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. El primer párrafo del preámbulo establece que “… la libertad, la justicia y la paz del mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables a todos los miembros de la familia humana.” Aunque ya en el siglo XVI, por ejemplo, frailes como Bartolomé de las Casas abogaban por el respeto a los indios y, más adelante, a los negros, la explotación de los nativos en los países conquistados siguió siendo brutal. En cuanto a las desigualdades, el racismo está lejos de haber desaparecido y la lucha de las mujeres no ha terminado. A pesar de lo anterior, hay avances alentadores, uno de ellos es justamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Reconocer que la dignidad es intrínseca al ser humano significa que nadie es superior a otro. Derrumba el racismo, cimbra el machismo, abre las puertas a la libertad de expresión, a las preferencias sexuales, a las creencias personales y le otorga el derecho a una defensa justa incluso al peor de los asesinos. Porque la dignidad ontológica no es lo mismo que el honor, con el que suele confundirse. Sócrates actuó con honor al preferir morir por su propia mano que romper la ley en la que creía. Tomás Moro también lo hizo al torturar, pero también dejarse torturar, en nombre de la fe que profesaba. La dignidad a la que me refiero no tiene nada que ver con la congruencia entre el pensamiento y las acciones, sino con la libertad que forma parte de nuestra esencia y de la que no podemos escapar. Con nuestra autonomía. En una visita a una prisión noruega, un entrevistador de la BBC le preguntó al oficial si las comodidades de los presos no le parecían excesivas. La respuesta fue la siguiente: “En Noruega, el castigo es, simplemente, quitarle a alguien la libertad. Los otros derechos permanecen. Los prisioneros pueden votar, tener acceso a la educación, al sistema sanitario; tienen los mismos derechos que cualquier otro ciudadano noruego. Se equivocaron, deben ser castigados, pero siguen siendo seres humanos.” Como dato interesante, este sistema ha logrado reducir la reincidencia de manera notable.

dignidad humana
Pintura del artista Guayasamín.

Una enfermedad terminal puede ser esclavizante como una prisión y dolorosa como una tortura. El primer país europeo en legalizar la eutanasia fue Holanda, en el 2002. La justificación se sostiene en el derecho a decidir si queremos seguir viviendo en condiciones inaceptables para nosotros. El tema ha sido causa grandes discusiones. Una de ellas gira en torno a la mal utilizada palabra dignidad. Desde mi punto de vista, es absurdo hablar de una muerte digna. La muerte es la muerte, sin más. Con la dignidad del enfermo sucede lo mismo. No es indigno ni deshonroso perder el control de nuestro cuerpo, estar postrado en una cama o depender de alguien para resolver nuestras necesidades más básicas. Centrar una polémica en torno a palabras equivocadas causa malentendidos y lleva a discusiones áridas.

Ludwig Wittgenstein decía que los problemas filosóficos acaban siendo de lenguaje.  Cada idioma contiene una cosmovisión propia con suficientes puntos en común para conformarnos como especie. Recuperar el significado de las palabras es la mejor manera de comprendernos, a nosotros mismos y a los demás. Como en muchos otros, en el caso de la dignidad, prostituirla nos impide razonar conforme a lo que representa. Al devolverle su valor, nos damos cuenta de que los derechos humanos no tienen nada que ver con la compasión o la tolerancia, sino con la autonomía de cada ser humano y que respetarla implica aceptar cualquier forma de pensar, por ajena que sea a la nuestra.

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