Entre el abusador y la víctima ¿Por qué existe el infierno?
Jutta Battenberg

Espiritualidad Sin Fronteras

94 opiniones • veces leído

A nivel humano, el manejo de esta situación se encuentra relacionada con la capacidad de defenderse y de poner límites

blank

Lectura: ( Palabras)

La idea del infierno como lugar de castigo está presente en múltiples tradiciones religiosas y muchas personas creen vehementemente en él. Para darlo a conocer a la humanidad, algunos textos solo lo mencionan someramente y otros hacen extensas narraciones de cómo es en sí mismo y a qué tormentos está expuesto el ser humano cuando llega a él sin explicar de dónde salen esas descripciones. En otros, hay testimonios de personajes que afirman haberlo conocido como en algunos relatos de corte apocalíptico, predicaciones de personas en la actualidad que aseveran haberlo visitado e incluso grabaciones accidentales que manifiestan ser de las almas en pena que se encuentran atrapadas en el fuego eterno.

Ciertamente estas imágenes y representaciones que se hacen del averno son verdaderamente aterradoras y pueden causar un legítimo temor en algunas personas. Sin embargo, independientemente de su existencia o no, hay dos importantes aspectos a considerar: la motivación que dirige la conducta humana y la venganza frente a situaciones injustas vividas.

En efecto, alrededor de la idea del infierno hay dos situaciones existenciales que parecen estar en el fundamento de su argumentación, ambas producto de la experiencia vivida, de la reflexión humana y de las constantes pregunta que se hacen las personas con relación al sentido y al destino de la vida. Ambas se colocan en los extremos de la misma línea y corresponden al comportamiento humano, es decir, a la ética.

En uno de los extremos se encuentra la víctima que ha sufrido algún tipo de afectación; en el otro, el agresor, en cualquiera de sus manifestaciones, desde las más sutiles, hasta las más grotescas.

Ahora bien, a nivel humano, el manejo de esta situación se encuentra relacionada con la capacidad de defenderse y de poner límites, facultad inhibida en muchas personas y pueblos que se viven a expensas de los embates de personas y grupos poderosos, impositivos y bélicos cuya sensibilidad hacia los otros está inhibida y que se mueven a partir de sus propios intereses y egoísmos.

Así, la víctimas, ya sean individuales o grupales, al no encontrar una forma eficaz para poner un límite efectivo, defenderse adecuadamente o conseguir que los agresores sean castigados pertinentemente y restituyan, en la medida de lo posible, los daños causados, recuren a la idea de una autoridad máxima que puede vengar las injusticias cometidas en su contra, como esto generalmente no se ve en vida, se acude a una justicia mayor, teísta o no, para que atormente al ofensor.

Así mismo, la idea del infierno intenta controlar, individual y comunitariamente, los comportamientos considerados inadecuados,ofensivos y dañinos de acuerdo a los propios principios que rigen a esos grupos. Esto funciona, en algunas personas, movidas por el miedo; sin embargo, esta está lejos de ser la motivación correcta y funcional, pues depende de una estructura externa que le norme y le impide sensibilizarse a la realidad, que siempre supera por mucho, cualquier interpretación que se hace de ella

En efecto, difícilmente se podría hablar de una conducta impecable, en la cual los intereses y deseos propios se limiten para velar por el bienestar ajeno, conducta de suyo disfuncional porque limita la calidad y posibilidad de existencia; sin embargo, la consciencia, el empoderamiento y la sensibilidad son en realidad las tres facultades necesarias para fluir armónicamente en esta dimensión

Más columnas del autor:
Todas las columnas Columnas de
0 0 votos
Calificación del artículo
Subscribir
Notificar a
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Lo que opinan nuestros lectores a la fecha