Las próximas elecciones del 6 de junio, las más importantes en la historia de nuestro país, parecen tener a un olvidado, pese a ser el verdadero protagonista de la obra, ese es el electorado.
En estos comicios se pueden identificar, fácilmente, dos ejes muy claros: uno de ellos es el oficialista, liderado por Morena, bajo la consigna de seguir con la llamada Cuarta Transformación.
El otro bando, la oposición, compuesta por el PRI – PAN – PRD bajo la alianza Va por México, propone quitarle el poder al presidente, Andrés Manuel López Obrador antes que descarrille al país.
Todo manejado desde la escala de blancos y negros, no hay espacio para los matices, ni propuestas concretas para resolver problemas centrales tan importantes en lo inmediato como la pandemia, la crisis económica, asuntos de seguridad – especialmente enfocado a las alarmantes cifras de feminicidios – entre otras.
Las dos fuerzas políticas enfrentadas sólo piden la confianza de los electores de que con ellos las cosas serán mejor, pero sin un sustento argumentativo importante, el único argumento es la emocionalidad del electorado.
Si a todo esto le sumamos la presencia de candidatos impresentables, todo esto se convierte en un espectáculo mediático que nada tiene que ver con un proceso electoral, lo único importante es sumar personajes que generen reacciones en Redes Sociales.
Eso es lo verdaderamente preocupante que, pese a las claras exigencias del electorado de candidatos con soluciones en lugar de confortamientos, a la clase política de este país le importa más ocupar un cargo que verdaderamente representarlos.
Se supone que en estas elecciones se renovarán poderes, pero, al revisar la boleta electoral, queda la duda si verdaderamente estamos viendo un cambio o una continuación de poderes.
Las campañas de impresentables

Por si fuera poco, al revisar los postulados a los distintos cargos públicos que se someterán a elección, cuesta encontrar candidatos adecuados al contexto en que vivimos.
El caso más indignante genera es el de Félix Salgado Macedonio, el candidato de Morena para la gubernatura de Guerrero, quien está acusado formalmente de violación.
A Morena parece inquietarle más que – tras retirarle el INE la candidatura por no presentar sus gastos de precampaña – no se le estén ¨respetando sus derechos políticos¨ que esclarecer el escándalo en sí.
El caso de Habiel Medina Moreno, también de Morena, quien busca la alcaldía de Soto Marina en Tamaulipas por segunda ocasión, pese a que Habiel se encuentra en la cárcel.
Siguiendo en los estados del norte no podemos olvidar a Clara Luz Flores, quien abandonó el PRI para unirse a Morena y contender por la gubernatura de Nuevo León.
Nos enteramos hace un par de semanas que se reunió con el líder de la secta NXIVM, Keith Raniere – condenado a más de 100 años de prisión en Estados Unidos – pese a negarlo en otra oportunidad.
Ahí mismo, en la Sultana del Norte, también contiende por Movimiento Ciudadano, Samuel García quien no esconde su clasismo, machismo y frivolidad cuando aparece en escena pública.
Y ni hablar de los abanderados del PRI y Acción Nacional que es la acumulación de candidatos enmarcados por el pasado corrupto y violento que encumbró al país durante los últimos 20 años.
Las campañas iniciaron hace una semana y no hay ningún candidato que no resalte más allá de ser impresentables.
El electorado es quien menos importa en esta elección, eso podrá ser un factor a la hora de la deserción, por un público asqueado por la dinámica de ¨hacer política¨ en este país.
El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de Voces México.
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