Gobernanza
José Castelazo

Visión de Estado

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La tipología de la administración pública se origina desde los tiempos arcaicos. Parte de un estatus identificado como preburocrático: con estamentos, patronazgos, redes familiares de poder, cerrados, despóticos, monárquicos…

Lectura: ( Palabras)

La gobernanza integra la eficacia del gobierno,

el respeto por las instituciones, la voz y

la presencia de la ciudadanía.

El autor.

La gobernanza es un concepto novedoso que pretende explicar las relaciones de poder en el mundo contemporáneo. Se define a través de concordar tres elementos: las decisiones que toma el gobierno, la manera de proceder a fin de llegar a acuerdos estables y dar certidumbre a la gobernabilidad por el compromiso social manifestado a través de la consecución de objetivos comunes. Constituye la etapa evolutiva actual de la organización y funcionamiento del Estado.

La tipología de la administración pública se origina desde los tiempos arcaicos. Parte de un estatus identificado como preburocrático: con estamentos, patronazgos, redes familiares de poder, cerrados, despóticos, monárquicos, como el impuesto por España a México durante La Colonia. Estos estilos de gobierno paulatinamente se han intercalado con otro de mayor desarrollo denominado burocrático desde los inicios del siglo XX (Weber), vigente durante ochenta años y que se niega a morir. El modelo burocrático, “legal-racional”, propició el nacimiento y cimentó el desarrollo de un Estado fuerte en cada país.

En detrimento de resultados tangibles a favor de la sociedad, la combinación de la preburocracia con la burocracia privilegia la política como el incentivo esencial para mantener el dominio de una minoría. A pesar de que un sistema presuma de democrático, la lealtad a los grupos de poder se convierte en un valor más apreciado que el de los conocimientos, capacidades o habilidades que pudieran presentar los servidores públicos. No obstante, la rigidez de las leyes e inflexibilidad de las instituciones se tolera, o hasta se propicia, la corrupción.

Durante el Porfiriato en México se combinaron características de la preburocracia con las de la burocracia. Ambas fueron retomadas por los gobiernos revolucionarios al promover un Estado omnipresente en los procesos políticos, socioeconómicos y culturales desde 1929 hasta finales de los 90.

La reedición de un liberalismo global conduce al declive del Estado de Bienestar. Su eficacia había mermado desde finales del siglo pasado. Se plantean nuevos métodos de gobierno. Surge el modelo gerencial para la administración pública, que pretende incorporar las herramientas empresariales a sus funciones de planeación, de organización, de dirección y de control, las cuales aún persisten en la operación de los poderes públicos.

Sin embargo, las estrategias de eficiencia y productividad utilizadas por los intereses particulares para aumentar su patrimonio, se enfrentan con los principales objetivos del interés público: seguridad y paz social, estabilidad política y económica, bienestar general y sostenibilidad. Es así que los gobiernos han decidido retomar la importancia de preservar y ampliar la legitimidad que provee el electorado y evalúa la opinión pública junto con la organización social.

En esta circunstancia, resultan relevantes la profundización de la democracia y la protección de los derechos humanos, acompañados por la transparencia, la rendición de cuentas y la lucha contra la corrupción en los tres poderes públicos y en los tres órdenes de gobierno.

Es necesario poner en práctica un nuevo modelo, el de la gobernanza. Como advertíamos, requiere por parte del gobierno un ejercicio firme de la autoridad apegado a la legalidad. También demanda de una auténtica apertura hacia la sociedad, que conduce al indispensable equilibrio generador de las condiciones de gobernabilidad. El compromiso de la ciudadanía debe ser activo, con capacidad de participar, no sólo para manifestar sus carencias o exigencias, sino para proponer soluciones y realizar tareas para llegar a ellas. El quehacer público y las responsabilidades que implica, se comparten para alcanzar la eficacia, eficiencia, honestidad e integridad de todos los involucrados.

Al examinar objetivamente el comportamiento y desempeño del gobierno y la sociedad mexicana, se advierte una degradación de los valores éticos y morales en las relaciones intrasocietales, intragubernamentales y entre ambos. Sostengo que no hemos podido resolver la crisis de estos valores y, por lo tanto, estamos lejos de la gobernanza.

En cuanto a los fracasos de la eficiencia, eficacia y honestidad en la administración pública, la explicación subyace en que nos debatimos entre el modelo preburocrático, el burocrático y el post burocrático. No acabamos de convencernos respecto a la necesidad de instrumentar la gobernanza sin demagogia.

Para que la gobernanza tenga sentido es mandatorio transformar el control interno en la administración pública, con la preponderancia de un enfoque ciudadano. Dejemos atrás la obsesión por construir y establecer excesivos indicadores de control que pueden resultar contraproducentes. Ellos vulneran el principio de libertad y confianza entre los servidores públicos, introducen el miedo por perder el empleo o desatan la tentación de eludir o evadir los controles y con ello incidir en actos de corrupción.

Se considera que el mejoramiento del control interno de la administración pública desataría un proceso de efectos colaterales positivos para la sociedad. Esta hipótesis es discutible.

En contraposición, el ciudadano común debe sentir que el gobierno y la sociedad están aliados a su favor. Dejar de percibir que los mandatarios, en lugar de obedecer al pueblo, sólo se dedican a vigilarlo. Que no piense que el otro, siendo su igual, se convierta en su competidor. Habría que insistir en garantizar al ciudadano la confianza en sus instituciones, en sus representantes y en sus gobernantes, confianza en la convivencia social.

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Una respuesta a “Gobernanza”

  1. Estimado Guillermo:

    Muchas gracias por tu estimulante comentario que nos obliga a imaginar nuevos escenarios, siempre dentro de los posible. Por ejemplo nuestra UNAM, con todo y los embates, es gobernable. La vitalidad del estudiantado hay que encauzarla, no manipularla: Así pienso de la ciudadanía: abrirle espacios para lograr una auténtica gobernanza.

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Manfredo Martínez
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Sociedades del Siglo XXI


( Palabras)

La presidenta hondureña Iris Xiomara Castro Sarmiento ha visitado España esta semana en donde se ha reunido con el monarca español Felipe VI, además con el presidente del país europeo, Pedro Sánchez. Sin lugar a duda, es magnífico estrechar lazos con los distintos países –al margen de cualquier ideología– en las diversas áreas que aporten al desarrollo en la “aldea global” que tenemos actualmente producto de la revolución de las tecnologías y los transportes.   

Ahora bien, “el problema” es que la mandataria hondureña se ha venido “acostumbrando” a dejar “encargado” de la presidencia de la república a su esposo y asesor presidencial José Manuel Zelaya Rosales, cuando ya el artículo 242 establece que “en las ausencias temporales del Presidente de la República lo sustituirá en sus funciones uno de los Designados”.

Y el país tiene tres designados presidenciales de los cuales, automáticamente uno de ellos debería asumir las “riendas” del país en lugar de Zelaya Rosales. Creo que esta es una falta de tacto, en tanto la clase política de este país centroamericano nunca entendió la imperiosa necesidad de anteponer los intereses de paz y tranquilidad nacionales antes que los “caprichos” y ambiciones particulares.

Decía en su momento Patrick Henry, uno de los fundadores de los Estados Unidos de América que “La Constitución no es un instrumento para que el gobierno controle al pueblo, es un instrumento para que el pueblo controle al gobierno –para que no venga a dominar nuestras vidas e intereses–”.  

Particularmente siempre he pensado que “la política es un arte”, en tanto es una actividad orientada a la gestión del bien común, de manera tal que, como el alfarero va dando forma al barro así se debe activar desde el gobierno la sensibilidad social pero dando al ciudadano las herramientas para que “aprendan a pescar”.

Por otra parte, es evidente que Castro Sarmiento y Andrés Manuel López Obrador (AMLO) –entre otros presidentes de izquierda de la región latinoamericana– hablen el mismo lenguaje, el desoír las críticas que no vienen de “sus semejantes” ideológicos pues lo consideran una “conspiración” contra su impulso de “provocar” los cambios estructurales que ciertamente necesitan nuestras naciones, pero no es ampliando la división sociopolítica como se generan esos cambios pues se estaría atentando contra la lógica democrática originaria de “el poder del pueblo” y el pueblo es todo ciudadano que habita un territorio determinado.

Ahora bien, opino que la sanidad democrática pasa por la amplificación y profundización del consenso como una poderosa herramienta de convivencia en nuestras sociedades contemporáneas, mismo que debe agotarse para alcanzar los estándares “soñados” de una pacífica convivencia, pero teniendo en el horizonte la anulación de la deuda histórica que ha postergado indefinidamente el desarrollo socioeconómico en condiciones de igualdad en el subcontinente y el mundo.

Es incuestionable que Castro Sarmiento es una persona –primera mujer presidenta– de “buena voluntad”, pero sus ejecutorias deben ir en consonancia con la búsqueda de una agenda común en pro del impulso de diálogos fructíferos con los opositores.

En definitiva, si bien es cierto se debe hacer cambios “de raíz” para lograr las metas de contención de la pobreza socioeconómica y pasar a una etapa floreciente en todos los sentidos, no es menos cierto que dignatarios como los mencionados anteriormente deben apuntar hacia la armonización y la convergencia de ideales pero dejando de lado el discurso maniqueísta que no sirve mas que como distractor en lugar de “aprovechar” las oportunidades que genera el disenso para generar desarrollo “hacia adentro”.

Posdata: Desde que asumió en enero de 2022, la dignataria hondureña ha realizado hasta el momento siete giras oficiales al extranjero. Canceló el pasado noviembre una visita a la república mexicana luego de que se confirmase por parte de AMLO la suspensión de la cumbre de la Alianza del Pacífico –a la cual busca incorporarse “formalmente”– a raíz de la ausencia del expresidente peruano Pedro Castillo.

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Alcaldes y Gobernadores


( Palabras)

El 4 de julio de 2023 los coahuilenses tienen una cita en las urnas. Renovarán la gubernatura y escogerán 25 diputados al Congreso del Estado.

Sin duda Coahuila es el gran bastión priísta. El gobernador saliente es Miguel Riquelme Solís, nacido en Torreón. Fue diputado local, federal y alcalde de su tierra.

Estudió ingeniería en Sistemas Computacionales en el Instituto Tecnológico de La Laguna. Fue también secretario de Desarrollo Social de su estado, donde recibió el apodo de “Santa Claus” de Coahuila.

Lo antecedieron en el cargo:  Eliseo Mendoza Berrueto, Rogelio Montemayor Seguy, Enrique Martínez y Martínez, Humberto Moreira, Jorge Torres López y Rubén Moreira (ahora presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, conocida como la JUCOPO).

Solamente se han liberado dos estudios demoscópicos rumbo a ese proceso electoral: el primer es de Massive Caller (publicado el 31 de enero de este año) donde ganaría el PRI con el 35.2 por ciento de la votación. El segundo es de Grupo Impacto que le da una cómoda victoria a MORENA, con el 53 por ciento de los sufragios.

Se dice que Manolo Jiménez Salinas será el gallo tricolor para impedir la alternancia, y mantener con vida al Revolucionario Institucional. Todo indica que el panista Guillermo Anaya cederá su lugar para ir en alianza con el PRI y con el PRD.

Hasta hace unas semanas todos los esfuerzos de la oposición estaban cargados hacia Luis Fernando Salazar Fernández y Armando Guadiana. Pero no se necesita ser doctor en política, para descifrar que el “bueno” es Ricardo Mejía Berdeja, subsecretario de Seguridad y Protección Ciudadana.

A finales de los ochenta, cuando aún estudiaba la licenciatura en Derecho en la Universidad Iberoamericana me dijo en una cafetería Vips (entre bocado y bocado de unos molletes con salsa mexicana): “un día seré gobernador de mi estado mi Gus.”

coahuila ricardo mejia berdeja
Ricardo Sóstenes Mejía Berdeja, Sub Secretario de Seguridad Pública.

Inició su carrera en 1990 en la PGR. Fue el presidente fundador de la organización nacional juvenil México Nuevo y presidente fundador del Parlamento Nacional de la Juventud, México XXI.

En esas fechas conoció a Luis Donaldo Colosio. Los jóvenes de la época aseguraban que de llegar a la residencia oficial de Los Pinos, el nacido en Magdalena de Kino, mínimo le ofrecería una subsecretaría a su líder, nacido en Torreón.

También en esos años conoció, a quien muchos años después, sería su jefe, Alfonso Durazo Montaño (hoy gobernador constitucional del estado de Sonora). Su amistad y cercanía es de todos conocida.

Heriberto Galindo Quiñones (vocero de Luz y Fuerza, jefe de prensa de CFE, director del MUTEC, jefe de información del Infonavit, subdirector de información de la SEGOB, director de comunicación de la SHCP, director general del CREA, cónsul de México en Chicago, embajador de México en Cuba, diputado federal, senador de la República y propietario del delicioso restaurante Miyiko) puede certificar lo que escribo.

Mejía Berdeja fue diputado en la LIII legislatura de Coahuila y secretario general de la CNOP en esa entidad. Para el cambio de milenio, se ocupó en la Secretaría de Gobernación.

Ricardo fue diputado federal y hoy es el hombre de confianza de la secretaria Rosa Icela Rodríguez. Los que participan en las reuniones de seguridad, con el Presidente de la República, aseguran que la voz cantante de la junta previa a las mañaneras es la de Mejía Berdeja.

¿Le arrebatará Morena la gubernatura al PRI en Coahuila? ¿En 2023 sólo los dividirá Chihuahua a los amigos gobernadores Durazo y Mejía, que se conocieron hace más de 30 años? ¿Ricardo le dará la estocada final al PRI?

Si se responden afirmativamente las 3 interrogantes anteriores, Luis Donaldo Colosio podrá observar, desde donde quiera que esté, que dos de sus muchachos siguen su camino.

Y aquella promesa, después de la sopa Vips (con pollo deshebrado, tallarines y caldo) se convertirá en afirmación.


Periodista, editor y radiodifusor
@GustavoRenteria
www.GustavoRenteria.mx

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Razones y Costumbres


( Palabras)

El servicio público siempre ha sido una cuestión que, para ser desempeñada con toda probidad, debe conjugar dos cuestiones primordiales: ideales y principios que guíen el actuar de quienes lo ejercen. Por ello el inconsciente colectivo les concibe —y exige— ser personas extremadamente probas, honestas, transparentes y —de alguna manera— con cualidades meta humanas; dignas de la santificación, cercanas a la perfección.

Quienes ejercemos el servicio público —la gran mayoría— ingresamos con la intención de actuar basados en valores, principios e ideales de justicia, con la convicción de aportar nuestras aptitudes, conocimientos y hasta nuestras vidas, para hacer de nuestra comunidad y país, un lugar mejor para nuestros compatriotas. También es indispensable reconocer que somos falibles y, como seres humanos, plagados de defectos.

Suena romántico, es cierto, sin embargo, es algo que resulta innegable. Muchos de quienes nos preparamos para servir en las instituciones del gobierno lo hacemos desde la inocencia de los ideales; algunos los conservamos, otros los pierden y algunos más los transforman según sus vivencias y devenir. Empero, la gran mayoría tenemos esa convicción que nos invita a trabajar permanentemente para ofrecer nuestras capacidades y talentos en beneficio de los demás.

Ciertamente, hay algunos —afortunadamente una gran minoría— que ingresan con miras de beneficiarse del poder para saciar ambiciones egoístas; que pervierten el servicio público y lo convierten en un negocio e instrumento para el sometimiento injustificado de las voluntades y canalizarlas en ruta de perniciosos intereses que distan mucho del bienestar general. Ahí es donde comienza la desilusión de la gente y la estigmatización de quienes servimos desde el gobierno, también es de donde surge el oportunismo político que, a modo de bandera, desata la crítica y enerva a quienes, con sobrada razón, exigen un servicio público de calidad, que, por lo menos, cumpla con sus fines y objetivos.

La falta de resultados aunada a grotescos escándalos de corrupción, sazonados con actitudes prepotentes, atizados por señalamientos reiterados que prejuzgan a todo servidor público, han sido banderas utilizadas no sólo para criticar desde la oposición, sino —además— para autoerigirse como impolutos y adjudicarse una solvencia moral que, en muchas ocasiones, es inmerecida y artificialmente creada.

La historia reciente nos ha demostrado que muchos que llegan al poder basados principalmente en la crítica, el señalamiento reiterado de los errores y el desprestigio del servicio público, muestran no sólo desconocimiento absoluto de las implicaciones de gobernar, sino que, al momento de hacerlo, llegan acometer errores al tratar de “innovar” o “renovar” lo preexistente, lo que evita el desarrollo de condiciones de bienestar y genera retrocesos que tardan mucho en reencausarse.

En esta lógica, resulta prioritario reforzar al servicio público más que atacarlo, sobre todo aquellas posiciones que son de carrera y que forman parte de las estructuras esenciales de las instituciones, pues de ellos depende la correcta marcha del gobierno y la continuidad de aquello que funciona para brindar bienestar. En ello estriba la responsabilidad del servicio público. En eso se demuestra la verdadera intención de que el gobierno sirva a la gente.

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