La marcha y el paro yo convoco, tú convocas… casi todos convocamos
Antonio M. Prida

De Frente y Derecho

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El llamado principal es a dejar de lado nuestro escepticismo y darnos a la tarea de defender las instituciones que nos hemos dado para garantizar la democracia.

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CATEGORÍA: De Frente y Derecho | Opinión | Política


La emergencia nacional que enfrentamos hace indispensable la unión de todos aquellos que consideramos que la democracia es el mejor sistema de gobierno. Me parece que el llamado principal es a dejar de lado nuestro escepticismo y darnos a la tarea de defender, cada uno desde su trinchera, las instituciones que nos hemos dado los mexicanos para garantizar que pueda haber alternancia entre quienes detentan el poder de manera pacífica. He percibido la preocupación en parte de nuestra sociedad respecto de los convocantes de la marcha y del paro de los próximos 13 y 14 de noviembre, sin percatarse que quienes hacemos la invitación para demostrar nuestra capacidad de convocatoria para unirnos y organizarnos, somos todos y cada uno de los que preferimos la actuación libre de todos los bandos, frente a la posibilidad de que un solo líder o partido político decida por nosotros, tal como lo padecimos durante los cerca de 70 años del monopolio PRIísta. El llamado es a poner nuestro grano de arena con la convicción de que los grandes monumentos que ha construido la humanidad son resultado de esfuerzos comunes en los que resultan tan valiosos los de los arquitectos que los diseñan, los de los ingenieros que los calculan, los de los empresarios que los pagan, como los de los cientos o miles de obreros que a través de los años o de los siglos se limitan a acarrear piedras. Sin los unos o los otros dichos monumentos no hubieran podido ser construidos. Tal es el caso de nuestro sistema electoral que piedra por piedra fue construido por muchos de nosotros y por muchos de nuestros ancestros, y que no podemos permitir su destrucción por decisión de un solo hombre y el apoyo ciego de sus huestes.

Así, la marcha y el paro no son parte de un movimiento ideológico coherente que pretenda luchar por hacer prevalecer un modo de pensar sobre otro, sino exclusivamente se trata de apuntalar NUESTRAS instituciones, aquellas que Andrés Manuel, desde que fue candidato, ofreció mandar al diablo, y lo está tratando de cumplir. Este legítimo y espontáneo movimiento social que no debe parar, responde a la convocatoria moral que nos hacen muchos de quienes nos antecedieron y que no están aquí para recordarnos el esfuerzo realizado por ellos en la construcción del sistema electoral que permitió arrebatarle “Los Pinos” al PRI y el acceso de Fox, Calderón, Peña Nieto y López Obrador a la Presidencia de la República, de manera pacífica. Así nos vienen a la mente nombres de corrientes políticas tan diversas como Manuel Gómez Morín, Heberto Castillo, Jesús Reyes Heroles, Rosario Ibarra de Piedra, Manuel Clouthier, Gilberto Rincón Gallardo, Jorge Carpizo, José Luis de la Peza y Alonso Lujambio, entre muchos otros, así como los nombres de otros grandes mexicanos que aún viven y que desde sus antagónicas posiciones políticas han sido artífices de nuestro andamiaje electoral, tales como Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, José Woldenberg, Dante Delgado y José Agustín Ortíz Pinchetti, entre muchos otros.

Ante la coyuntura es indispensable despersonalizar lo que se contiende. No se trata de analizar, ni de denostar o de defender, a figuras como Lorenzo Córdova Vianello, actual Presidente del Instituto Nacional Electoral, o Reyes Rodríguez Mondragón, actual Presidente del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, quienes más temprano que tarde serían substituidos por otros según la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores respectivamente lo determinen, sino lo importante es mantener las estructuras que han permitido su designación y el funcionamiento de sus respectivas instituciones, sin el control del Poder Ejecutivo como en la época PRIísta sucedía. En condiciones normales también resultaría razonable sustraer del análisis a la figura de Andrés Manuel quien el 1 de octubre de 2024 dejará de ser Presidente y al mismo partido MORENA que hoy detenta las mayorías en las Cámaras que integran el Congreso de la Unión y que en un futuro necesariamente dejaría de detentarlas, pero en las condiciones actuales dichos factores no pueden ser sustraídos del análisis, pues lo que se pretende es obstaculizar el sistema electoral que permita una lucha democrática que logre su sustitución por miembros de otros grupos políticos. En síntesis, el propósito es atrapar nuestra democracia, frente a lo cual está el caos y la violencia.

Para evitarlo hay que mantener al INE como titular y responsable del padrón electoral, el servicio profesional electoral, la estructura desconcentrada de sus juntas distritales, la existencia de los órganos electorales locales, un piso mínimo operacional de financiamiento público a los partidos políticos y un modelo de comunicación política que brinde acceso a los partidos políticos a las fuentes de información tales como la radio y la televisión. Si nos quitan eso nos quedamos sin nada.

Es muy probable que el golpe en contra del estado democrático mexicano que pretende el Presidente con su reforma no se pueda consumar, gracias a que en las pasadas elecciones intermedias la oposición le logró arrebatar a MORENA la mayoría calificada que para su aprobación requieren reformas constitucionales de alto calado, como las que se proponen. Entonces cabe preguntarnos ¿por qué López Obrador se lanzó a esta batalla perdida? Y la respuesta en mi opinión es simple: porque está pavimentando el desconocimiento de la posible derrota de su movimiento en el 2024 y necesita elementos para robustecerlo. Está empeñado en enlodar NUESTRO prístino INE. Tiempos obscuros siguen nublando nuestro futuro que nos exigen enfrentar los retos con decisión y entrega y, sobre todo, sin escepticismos, con la confianza de que si cada uno hace lo que le toca, México será el país justo y próspero que todos deseamos. Por ahora participemos en nuestra marcha y en el paro nacional que los demócratas del país estamos convocando, para demostrar que México es mucho más grande que su gobierno.

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