La Telenovela Nacional (segunda parte)
Juan Patricio Lombera

El viento del Este

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Por su parte, Pedro Sánchez ha estado negociando en secreto con los nacionalistas.

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Lectura: ( Palabras)

En nuestro anterior capítulo dejamos al candidato del PP, Alberto Feijoo, derrotado en su intento de hacerse presidente. Los votos en contra de socialistas, comunistas y nacionalistas superaron por poco margen los apoyos que le proporcionaban sus propios diputados, los de los fascistas y alguno que otro partido regionalista conservador. Creemos que desde ese momento, Feijoo se ha vuelto muy piadoso y ha encendido velas a todos los santos a fin de que haya una repetición electoral. Todo el mundo sabe que si Pedro Sánchez consigue revalidar su mandato este será el fin del político gallego. Era impensable hace unos meses que no pudiese obtener los diputados suficientes frente a Sánchez, cuyas concesiones a los nacionalistas ya le habían generado bastantes odios por parte del electorado local.

Todas las encuestas daban una amplia victoria al candidato conservador que, en una muestra de arrogancia propia de AMLO, se negó a ir a un debate en el que sí estuvieron Santiago Abascal, Yolanda Díaz y Pedro Sánchez. Muchos simpatizantes del PP tienen puesta la mirada en Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, para suceder a Feijoo, pero como es obvio no se puede cambiar de candidato a mitad de partido. Primero tiene que definirse si Sánchez seguirá en la Moncloa o si se repetirán las elecciones; única opción del Popular para mantenerse como líder del partido conservador y llegar a presidente.

Por su parte, Pedro Sánchez ha estado negociando en secreto con los nacionalistas. En uno de sus actos de cinismo y desfachatez a los que ya nos tiene acostumbrados, ha pasado de negar la amnistía a los políticos del proceso independentista a referirse a ella con eufemismos, para terminar defendiéndola por el bien de España. Algo similar a lo que hizo años atrás con el pacto con Pablo Iglesias. Primero dijo que él no dormiría tranquilo con Podemos en el Gobierno para justificar el fracaso de la primera negociación. Posteriormente, acabó firmando un pacto de Gobierno incorporando a varios políticos de la formación morada a su gabinete 72 horas después de la repetición electoral. Está claro que la congruencia no es el fuerte del presidente. Desde finales de septiembre, los socialistas han negociado con las otras formaciones para intentar recabar los votos suficientes para la investidura.

Entre medias, ha habido algunos actos propagandísticos como la firma del acuerdo con SUMAR, formación presidida por Yolanda Díaz, cuyo apoyo nunca fue puesto en duda, pero que busca generar una idea de que las negociaciones con el resto de formaciones están en un estado muy avanzado y que pronto habrá acuerdo. No es eso lo que dicen por su parte los nacionalistas. Sin ir más lejos, hace unos días Esquerra Republicana le recordó a Sánchez que sus 7 diputados no serían gratuitos y que también tendría que llegar a acuerdos con ellos si quería ser investido.

Sin embargo, el socialista sí ha conseguido generar una sensación de que la cosa va para adelante y que muy pronto se harán oficiales los apoyos que  necesita. Resulta irónico, en ese sentido, que el único apoyo incondicional que ha tenido Sánchez desde el principio, entre los nacionalistas, fue el de Bildu (antigua Herri Batasuna, brazo político de ETA) cuyo líder Arnaldo Otegi afirmó que daría sus votos al socialista gratuitamente con tal de que la derecha no llegase al poder.   «Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras», como diría Don Quijote.

El tiempo pasa y cada vez está más cercana la fecha de investidura de Sánchez si finalmente se da. La oposición, por su parte, ha pasado a la ofensiva  tildándolo de poco más que traidor a la patria por aceptar la exigencia de la amnistía y mostrando, como prueba de dicha felonía la foto de Sánchez con miembros de Bildu o la de un destacado miembro del partido socialista con Puigdemont. Sin ir más lejos, el domingo 29 de octubre hubo una multitudinaria manifestación en contra de la amnistía en la que los asistentes coreaban al unísono: “Puigdemont a prisión”. Resumiendo la situación, aparentemente Sánchez renovará su mandato y los políticos catalanes que participaron en el proceso independentista se verán agraciados con la amnistía.

Puigdemont no sólo podrá volver de Bruselas sino también volver a presentarse a presidente de Catalunya. Además, por si fuera poco, también les ha ofrecido una condonación de 15000 millones de euros de la deuda de Cataluña con el Estado.  Lo único que no sabemos es si la propia amnistía y algunas concesiones lingüísticas y financieras bastarán para conseguir el apoyo o si, en el marco de estas negociaciones, existe una cláusula secreta que incluya el derecho del pueblo catalán a un referéndum de autodeterminación. Sólo el tiempo lo dirá. No se pierdan en las próximas semanas, el desenlace de la telenovela nacional.

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