De elecciones y huracanes
Manfredo Martínez

Sociedades del Siglo XXI

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Los eventos electorales requieren de una mayor consolidación de lo que podría llamarse una “ética política individual”.

Imagen: Vox.
Imagen: Vox.

Lectura: ( Palabras)

Estas dos primeras semanas de noviembre nuestra región ha sido marcada por dos eventos inéditos: uno de naturaleza política, por las elecciones desarrolladas en Estados Unidos el martes 3 de noviembre en donde por primera vez en muchos años un presidente en funciones no repite segundo periodo; por otra parte, la irrupción en suelo centroamericano –pero también en países del caribe y estados como Florida– del huracán “Eta”, que de acuerdo a la mexicana Comisión Nacional del Agua (Conagua), se formó en el mar Caribe, cerca de Quintana Roo.

En el primer tema Donald Trump mantiene bloqueado un proceso “natural” de transición en la unión americana; en el segundo tópico, el fenómeno climatológico degradado a tormenta tropical ha dejado secuelas concretas de desesperanza que han venido a “remarcar” la vulnerabilidad social, ya de por sí debilitada in extremis debido a los efectos económico-sanitarios provocados por la COVID-19.

elecciones y huracanes
Imagen: Axios.

En uno u otro escenario parece inaudito lo que estamos observando. En cuanto a la actividad electoral extendida por varias semanas en Estados Unidos debido a la pandemia provocada por el coronavirus, el actual dignatario estadounidense ha “roto” los protocolos que rigen la vida democrática de esa nación norteamericana al no reconocer la evidente victoria de Joe Biden, quien ya el sábado 7 sobrepasaba los 270 votos electorales necesarios para “regresar” a la Casa Blanca, pero ya como presidente y con vicepresidenta femenina por vez primera, Kamala Harris. Donald Trump argumenta un “fraude electoral”, aunque no presenta hasta el momento pruebas irrefutables sobre el particular.

Al respecto, autoridades de la Agencia de Seguridad de Infraestructura y Ciberseguridad (CISA por sus siglas en inglés) y en un documento de reciente dominio público han desvirtuado cualquier posibilidad de “manipulación” de los comicios, y al contrario han dejado entrever que este torneo electoral ha sido “el más seguro” en la historia de la nación.  

Por otra parte, la reciente actividad metrológica, nos recuerda que –en casos particulares como el de Honduras, por ejemplo, después de la destrucción causada por “Mitch” en 1998– aún no se ha delimitado e “intervenido” integralmente aquellas zonas más susceptibles de sufrir los embates de la “madre naturaleza”, lo cual ha sido palpable a través del inagotable conjunto de imágenes sobre la devastación. Mientras tanto, este jueves 12 se cierne “amenazante” sobre el horizonte de países centroamericanos el huracán “Iota”, cuando todavía se resiente los efectos provocados por “Eta”.

Bajo mi punto de vista, en ambos acontecimientos prevalece una asimetría en cuanto a la gestión de los asuntos públicos, pues son generalmente los ciudadanos “de a pie” quienes sufren las consecuencias de los desacuerdos de líderes políticos. Ejemplo de ello, la marcada y profunda polarización en la sociedad estadounidense impulsada por el entorno trumpista, en cuyas mentes solo cabe el país que ellos conciben, razón por la cual han sistematizado la discrepancia y atacado toda oposición a sus ideales.

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Imagen: País Digital.

Por otro lado, la falta de verdaderas políticas de infraestructura territorial apoyados en la ingeniería moderna y la sustentabilidad medioambiental ha propiciado que masas humanas se asienten en lugares inhabitables, producto de la fragilidad territorial en la que se establecen. Esto evidentemente ha venido reflejando una crisis habitacional en nuestros países y se ha agravado debido a la explosión demográfica y la precariedad del mercado laboral que se caracteriza por la sobrevivencia en muchos casos.

En definitiva, los eventos electorales requieren de una mayor consolidación de lo que podría llamarse una “ética política individual”, en donde cada figura política en verdad se vea supeditada a los intereses globales, y que surja una cooperación en la mejora de los procesos de resiliencia ante fenómenos como la prevención, contención y respuesta a situaciones climatológicas adversas que, por cierto –y no podemos obviar algo tan evidente–, se han agravado en las últimas décadas con la entrada en escena en la dialéctica público-privada del concepto “cambio climático”.

Posdata: A propósito, Joe Biden, presidente electo de Estados Unidos, ha dejado clara su postura –como una de las primeras acciones–, de reinstalar su país en el Acuerdo de París, para reoxigenar la lucha contra el cambio climático. 


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