Remendar el viento: 7 palabras hacia la resiliencia y la creatividad en 2021
Antonio Tenorio

Innovación, Tecnología y Sociedad

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El punto de ruptura ha sido, es, evidentemente la pandemia y su alcance, de consecuencias en todos los órdenes aún impredecibles a cabalidad.

Imagen: Behance.
Imagen: Behance.

Lectura: ( Palabras)

Ningún año había puesto, a la vez, tantas capacidades de lo humano para comprender y construir formas de adaptación, como lo hizo 2020.

Nunca antes ningún flagelo había abarcado todos los confines del planeta. La categoría de “mundiales” utilizadas para conflagraciones u otros calamidades hoy parece corta.

El reciente reporte de un brote de coronavirus en la estación de la Antártida da cuenta del alcance inusitado del fenómeno. No hay punto del orbe libre de lo que hoy vive el resto.

A ese “no hay a dónde ir” se suma, en el plano de la vida inmediata de las personas, el desafío que ha supuesto la ruptura abrupta de su cotidianidad.

No se ha tratado solamente de “no salir de casa” sino del resquebrajamiento de las acciones, lugares, rutinas que daban forma al mapa individual de vida personal.

El esfuerzo psíquico que a todas las generaciones ha demandado la pandemia, y seguirá demandado, según se ve, ha sido colosal.

Aun los negacionistas, aun los irresponsables o los frívolos por conveniencia, se han visto tocados por la demanda que implica vivir en las condiciones que la pandemia ha impuesto.

resiliencia y creatividad
Imagen: Revista Comfama.

Todos los caminos desde todos los lugares conducen a todos los lugares del orbe. Todos los actos de todas las vidas en todos los lugares acabarán tocando todos los actos de todas las vidas en todo en el orbe.

¿Lo sabíamos? Algunos, quizá; quienes hacen de la reflexión su intento por comprender y el mundo que se habita y así transformarlo.

¿Estaban esas mentes preparadas para pasar la formulación del modelo, del traslado de la idea a los actos cotidianos y la constatación de que, ahora sí, “no hay a donde ir”?

Desde luego que no.

Y si no lo estaban quienes desde la reflexión y la conciencia del mundo, buscaban hacerlo sobre la vida en todos su ámbitos, muchos quienes simplemente son arrastrados (o se dejan arrastrar), por eso que Bauman llamó el caudal implacable de lo líquido.

 ¿Se puede quebrar el agua?

La experiencia inédita y de amplia envergadura que ha supuesto el 2020, parece indicar que sí. Que el torrente que con el que la sociedad líquida (Bauman) venía arrastrándolo todo, se ha quebrado.

El punto de ruptura ha sido, es, evidentemente la pandemia y su alcance, de consecuencias en todos los órdenes aún impredecibles a cabalidad.

Mas se ha roto, quebrado, el torrente; no necesariamente el río.

Esto es, de lo que hemos sido, somos, testigos, es de la fractura en la noción de lo imparable y fatal que acompañaba a la imagen de la sociedad de avance y consumo irracional.

El presente torrencial y su aprehensión en la vida cotidiana como vivencia en la sofocación, es a lo que, en medio de los condiciones y consecuencias fatales ha puesto freno la pandemia.

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Zygmunt Bauman (1925 – 2017) (Foto: www.caninomag.es).

El restablecimiento de lo frenético y torrencial podrá serlo en cuanto a necesidad humana catártica una vez que pase la emergencia.

Podrá venir luego de que se supere la hora y actúe una especie de “alocados veintes” o “destape” a la española.

Poco probable resulta, sin embargo, una restauración sin fisuras de lo que fue el orden de vida anterior a la pandemia.

Tiempo éste que demanda sentido de lo intrépido tanto como de la capacidad para valorar lo mínimo, la vida después de la pandemia se abre a los alcances de lo que seamos capaces de hacer con ella.

Nos enfrentamos hoy a una experiencia que hasta hace un año resultaba del todo imprevisible: el gran torrente que parecía dominaría el sentido de la vida por muchos años más, se ha quebrado.

Y en su ruptura, observamos, vivimos, bajo un paisaje completamente nuevo. Se ha transformado en un extendido campo de veneros y deltas.

¿Desconcertante?, sí. ¿Oportunidad para detener el tropel y mirar el paisaje inesperado?, también.

En ese horizonte, el de restaurar el aire, renovarle sus naturales bríos para despejar nubes y transportar vientos de renovación, siete palabras que podrían, debería, a mi juicio, acompañar este inicio de ciclo.

resiliencia 2021
Imagen: Howitzer.

Imaginación. Innovación. Integración. Irrumpir. Insistir. Ímpetu. Inspiración

Sin el atrevimiento para imaginar, difícilmente seremos capaces de avizorar una manera distinta ya no digamos de resolver los problemas, sino de organizar la vida que venga de modo distinto.

La innovación, cuyo signo es agregar valor a lo que se hace de modo diferente, ha de encontrar la manera en que la integración de todo cuanto concurre en el planeta, sea valor de un nuevo modelo sustentable de soluciones.

Irrumpir e insistir, estar listos para dotar al pensamiento crítico y la constancia de espacios cada vez más amplios.

Avizorar lo que viene con la fuerza que les es propia al ímpetu, a la capacidad no tanto de ir hacia adelante por ir adelante, sino de comprender que ese adelante es hacia donde nuestros ojos miran y se encuentran con alguien.

Y finalmente, no dejar de recordar que en su origen más remoto la palabra inspirar está emparentada con inhalar, respirar. Una inspiración que sea un respirar con los demás, para los demás.

Respiro común.


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