In memoriam de Pablo Martínez; cuando el sufrimiento habitó un cuerpo humano
Manfredo Martínez

Sociedades del Siglo XXI

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Resquiescat in pace, “descanse en paz” padre Pablo Martínez.

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Lectura: ( Palabras)

Este 9 de septiembre escribo con letras de dolor y tristeza con el fallecimiento de mi padre Pablo Francisco Martínez Cerrato, después de un accidente de atropellamiento por motocicleta en su querida aldea Guatemalita, municipio de Orica, provincia hondureña de Francisco Morazán. A sus 73 años alzó vuelo a los dominios de la gracia celestial, dejando un legado comunitario de servicio, fe cristiana y trabajo honesto, a pesar de que desde los veinte años fue paciente psiquiátrico por Trastorno Afectivo Bipolar. Aprendió desde temprana edad a caminar en resiliencia producto de las más diversas adversidades a las que se enfrentó con confianza en el futuro.   

Es incuestionable el “golpe emocional” y la turbación producto de este inesperado desenlace en la vida de mi progenitor, pero me atrevo a decir que, debido a las condiciones en que se desarrollaron estos acontecimientos se requiere que las autoridades municipales del sector apliquen correctivos normativos inmediatos para regular la forma en la que se mueven en sus vehículos automotrices los habitantes de la demarcación territorial para “preservar” la vida de sus habitantes.     

Una de las cualidades que creo más destacaban en Pablo Martínez era la capacidad de integración social a los más variados círculos en los que se movía –a pesar de su problema de salud–. Es por ello que en honra a su “inconcluso peregrinar terrenal” se ha realizado en esta semana exequias en su honor.

Francisco Martínez Cerrato

En definitiva, si bien es cierto que mi padre solamente logró formarse en educación básica, no obstante, alcanzó a conocer principios básicos de convivencia humana que tienen que ver con valores tales como la sensibilidad, el afecto mutuo en las relaciones interpersonales, la búsqueda del bienestar colectivo a partir de la aplicabilidad de los principios cristianos y la construcción de sólidas bases comunitarias que privilegiaba el trueque como herramienta inalterable en la construcción de lazos comunitarios genuinos.     

Resquiescat in pace “descanse en paz” padre Pablo Martínez. Usted ha alcanzado la plenitud de la vida al cruzar la línea de lo terrenal y efímero hacia lo espiritualizado y eterno. Al respecto, la filosofía hermética heredada –de acuerdo a la investigación contemporánea– desde los albores de la civilización, a través de “El Kybalion” nos indica que “la muerte no es real, ni aun en sentido relativo: no es sino nacer en una vida nueva, y ascendemos y seguiremos ascendiendo a planos de vida cada vez más elevados, durante eones y eones de tiempo”. En ese orden de ideas, Jesucristo declaró en su momento “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”, Juan 11, 25.

Posdata: Nacido un 10 de octubre de 1949, Pablo Francisco Martínez Cerrato llegaba a un mundo que venía sanando sus cicatrices a raíz de la segunda guerra mundial que había culminado un lustro antes. Vino llorando a este plano físico-materializado y partió al plano espiritual de la misma manera. Crecido en un entorno cristiano aprendió a interiorizar los valores de solidaridad, fe, concordia y “desprendimiento” en favor de los demás.  

Francisco Martínez Cerrato
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Darlington

El honor más grande que le hace un hijo a un padre es nunca olvidar su legado. Que descanse en paz Don Pablo Martínez.

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