El yo alterno en la poesía: otredad y espejismo del ser
José Luis Díaz Gómez
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El sentimiento poético no sería entonces mío (propio del poeta), sino nuestro.

Imagen: Illo.
Imagen: Illo.

Lectura: ( Palabras)

La noción de un yo o de un ser personal desgajado, múltiple y cambiante o, en última instancia, ilusorio y falso, ha sido planteada por varios poetas de nuestra lengua para sustentar la idea en apariencia absurda —o al menos extraña— de que el yo es otro, o acaso es un espectro. Intentaré hilvanar sobre esta despersonalización de índole activa y lúcida, en contraste con la despersonalización pasiva y angustiosa que ocurre en las alteraciones mentales referidas en secciones previas sobre el yo multiplicado y el yo desligado.

Antonio Machado
Antonio Machado. Figura tomada de: Zenda Libros.

Una forma de vislumbrar esta despersonalización sagaz y penetrante es en términos de la alteridad, en el sentido de que el yo poético, y por extensión el del ser humano, no es una función aislada, independiente y autónoma, porque está invadida o compenetrada de otros prójimos en una red de intersubjetividades. En el ensayo titulado “Los Complementarios” de 1924, el célebre escritor español Antonio Machado afirmaba que el sentimiento poético no es una creación exclusiva de un sujeto individual, porque se asiste de otros sujetos. El sentimiento poético no sería entonces mío (propio del poeta), sino nuestro. Esta colaboración implícita entre el yo y el tú surge en la expresión poética de los sentimientos y las ideas en apariencia tan personales porque se realiza mediante el lenguaje, un recurso de comunicación que pertenece a una comunidad: es un don compartido. Es cierto que el poeta usa el lenguaje como una herramienta personal para expresar su sentir y lo hace con una maestría y una creatividad que le son propias, pero también es indudable que su expresión abreva de quienes le enseñaron, de quienes ha leído o con quienes ha compartido su quehacer, y está destinada a otros hablantes para que lo lean, lo reciten y lo comprendan; es decir: para que hagan suya tal expresión. Por ejemplo, el conocido verso machadiano “caminante no hay camino, se hace camino al andar” se constituye en un patrimonio comunal al abarcar una red intersubjetiva que Joan Manuel Serrat contribuyó a difundir.

Mijail Bajtin
Mijaíl Bajtín y portada de la traducción al español de “Las fronteras del discurso”.

La noción poética y filosófica de Machado de la otredad coincide en cierta medida con las propuestas académicas del lingüista ruso Mijaíl Bajtín, formuladas desde los años 30 y que enfocan el contexto social de la comunicación como el meollo del lenguaje. Los enunciados que empleamos para expresarnos son por antonomasia piezas de un diálogo que adquiere sentido y significado no sólo por las reglas gramaticales, las cuales son convenciones sociales emanadas de una matriz evolutiva, sino porque los tonos y los contenidos son pautas de comunicación compartida. Bajtín acuñó el término de heteroglosia (la lengua del otro) para implicar que, en el discurso humano, en cada enunciado proferido, participan varias voces. La soledad no es absoluta: cuando uno está sólo suele estar en diálogo consigo mismo, un consigo que se manifiesta como un contigo, o como un nosotros.

 Hemos visto ya que un elenco de voces interiores dialoga en los episodios de autorreflexión, pero mucho antes de su tratamiento académico por la filosofía de la mente y la psicología, Machado y otros poetas que revisamos ahora abordaron el tema con claridad y profundidad. Más aún: la crítica a la preponderancia del sujeto como centro del conocimiento, tan característica del siglo XX, fue precedida por los poetas franceses Rimbaud o Mallarmé y, en especial, por Fernando Pessoa y Antonio Machado. En efecto, Machado afirma que el yo del lenguaje es ilusorio y por lo tanto apócrifo en el sentido de que no es propio de la persona que lo pronuncia. Como ilustración de esto recordemos que el poeta español refiere a Abel Marín y a su discípulo Juan de Mairena, severos pero gentiles maestros de retórica con los que sostiene largas conversaciones sobre la identidad. Pero sucede que estos personajes son inventados, alter egos o “complementarios” de Machado, yoes accesorios que acompañan al poeta en una congregación ilusoria que se forja y desenvuelve en su autoconciencia y la complementa, o la completa.

En sus Proverbios y Cantares Machado aconseja “Mas busca en tu espejo al otro,/ al otro que va contigo”. La percepción cabal de uno mismo revela al Otro, o bien, dicho de otra forma: el ser consciente de sí mismo se visualiza como otro: “No es el yo fundamental/ eso que busca el poeta,/ sino el tú esencial”. Otro gran poeta español y premio Nobel de la literatura, Juan Ramón Jiménez, expresa en un poema: “Soy este/ que va a mi lado sin yo verlo;/ que, a veces, voy a ver/ y que, a veces, olvido”. Estamos en el ámbito del alter ego, de las identidades alternas o secretas, del personaje de ficción que representa al autor; del otro yo que revela la insubstancialidad del yo original: ese otro Borges del relato “Borges y yo”.

multiples yoes
Figura ilustrativa de los múltiples yoes que intervienen en la escritura. Tomada de una página sobre “¿Cómo escribió Borges El Aleph?”. A la derecha doble viñeta de Borges publicada en “Letras Libres”.

Jorge Luis Borges fue sin duda otro cruzado contra la hegemonía del yo. En su colección de Inquisiciones, incluye un ensayo expresamente titulado “La nadería de la personalidad” donde arremete contra la preeminencia que se adjudica al yo argumentando que la personalidad es una construcción ilusoria sin realidad concreta y sostenida por el engreimiento y el hábito. El párrafo extraído de su cuento “El inmortal” y que he utilizado como epígrafe del presente capítulo es explícito de esta militancia: “nadie es alguien”. Para Borges la irrealidad del yo no sólo es una alteridad u otredad finalmente afirmativa y complementaria, sino un laberinto de espejos, un espejismo de falsos reflejos que multiplican la imagen de un yo ilusorio.

En sus “Criptomemorias” —literalmente los recuerdos personales escondidos y enigmáticos— el poeta gallego José Ángel Valente hace un llamado a disolver la memoria personal de la siguiente manera: “Deberíamos tal vez/ reescribir despacio nuestras vidas, /hacer de ellas cambios de latitud y fechas, /borrar de nuestros rostros en el álbum materno/ toda noticia de nosotros mismos.// Deberíamos dejar falsos testigos, perfiles maquillados, huellas rotas, irredentas partidas bautismales./ O por toda memoria, una partida abierta, un bastidor vacío, un fondo/ irremediablemente blanco para el juego infinito/ del proyector de sombras./ Nada./ De ser posible, nada”. Influido por la tradición mística española y por el budismo, Valente afirma sobre la creación poética:

El creador tiene que ir acostumbrándose a la aniquilación del “yo” que es el proceso de purificación espiritual. Toda creación literaria auténtica, poética, tiene que ir acompañada de una experiencia espiritual, si no, no vale nada. Eso lleva a una aniquilación del “yo” y probablemente a una visión de la nada, aunque positiva. Quizás nuestro cometido sea la fusión con el cosmos en el seno de la nada, volver a la nada de donde hemos venido.

yo jose angel valente
Portadas de la “Antología Poética” de José Ángel Valente y del libro sobre su correspondencia con sus contemporáneos de la generación española del 50.

Una visión positiva de la nada… ¿Es una paradoja o un absurdo? Depende de la interpretación que se haga. Por ejemplo, a partir de El Ser y la Nada de Jean Paul Sartre, es posible plantear que la negación de una esencia personal estable y permanente mediante la toma de conciencia de sí no necesariamente desemboca en un vacío existencial, sino que abre la perspectiva de vivir plenamente en un mundo cambiante y en compañía de los otros. La persona humana depurada por esta realización se comprende como un ser dinámico, recíproco, comprometido con los demás y unido con el mundo.


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