El sentido moral del término “conciencia” en español
José Luis Díaz Gómez
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La genealogía de esta palabra muestra una evolución de ocho centurias sobre la naturaleza de la conciencia moral.

"La expulsión de Adán y Eva del paraíso", 1791, Benjamin West (tomada de ArtsDot.com).
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Lectura: ( Palabras)

La genealogía de la palabra conciencia en lengua castellana muestra una fascinante evolución de ocho centurias que arroja luces sobre la naturaleza de la conciencia moral y sobre los tiempos que la aluden. Según el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, de Joan Corominas, el término conciencia derivado del latín conscientia (‘conocimiento’ o ‘convicción’) se documenta desde el siglo XIII en Las Siete Partidas del Sabio Rey Don Alonso el Nono y en el Libro del cavallero Zifar de 1300. También se encuentra un antecedente de este vocablo a finales del siglo XIV en la obra Tratado de la Doctrina de Pedro de Veragüe, quien en la introducción, a la letra, confiesa: “Por lo qual soy acusado de mi conçençia que cruelmente me atormenta recordándome los yerros e maculas en que cay”. Este sentido se expresa hasta ahora y de manera dramática en la oración católica del Confiteor, el “yo confieso” o “yo pecador,” la cual constituye un acto de contrición en el cual el creyente repite mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa, mientras percute su pecho con arrepentimiento y pesadumbre por sus pecados. El mismo significado se encuentra en numerosos pasajes precristianos para el término conscientia en latín. Es explícito al respecto el refrán latino conscientia mille testes: la conciencia es mejor que mil testigos.

san pedro
“El arrepentimiento de San Pedro”, óleo de Johannes Moreelse hacia 1632. Muestra el sentido moral propio de la tradición latina y cristiana: la capacidad de conocer los propios actos, juzgarlos y purgar los pecados. Esta acepción implica una conciencia de sí o un yo (tomado de Wikimedia).

Estas definiciones y plegarias manifiestan la creencia en una facultad anímica capaz de atestiguar y juzgar las propias acciones, así como purgarlas mediante la culpa y la penitencia. El motivo se remite a los Padres de la Iglesia y en particular a la chispa de la conciencia (scintilla conscientiae) de San Jerónimo, metáfora de un fulgor espiritual que permite al ser humano alumbrar la verdad y detectar el pecado para poder arrepentirse. Esta chispa fue posteriormente denominada sindéresis por Tomás de Aquino como la disposición de la razón para aprehender los principios morales de la acción humana y como el repositorio de esos principios.

Un sentido similar, aunque menos cargado de culpa, se halla en las obras lexicográficas. Es así que el término conciencia se documenta por primera vez en el Vocabulario de las dos lenguas toscana y castellana, de Cristóbal de las Casas (1570) y en el Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias (1611) se define de la siguiente manera: ‘es ciencia de sí mismo, o conciencia certísima y casi certinidad de aquello que está en nuestro ánimo bueno, o malo’. Este concepto de testimonio moral se encuentra en la primera edición del Diccionario de la lengua castellana (Autoridades), de la Real Academia Española (RAE) de 1729. La edición de 1780 de este mismo diccionario define conciencia como: ‘ciencia o conocimiento interior del bien que debemos hacer y del mal que debemos evitar, y regla segura para conocer el bien o el mal que hemos hecho’.

Diccionario de Covarrubias
Portada de El tesoro de la lengua castellana de Covarrubias de 1611.

La conciencia moral ha sobrevivido en la cultura popular de Occidente hasta el siglo XX. Como un ejemplo recuerdo a Pinocho, la caricatura fílmica de Walt Disney de 1940. Cuando este muñeco de madera le pregunta a Pepe Grillo qué es conciencia, éste le explica: “¿Te lo diré: la conciencia es esa débil voz interior que nadie escucha, por eso el mundo anda tan mal…” Pinocho le inquiere: “¿eres tú mi conciencia?” En respuesta, el Hada Azul inviste a Pepe Grillo, tocándolo con su chispeante varita mágica: “serás la conciencia de Pinocho, señor guardián del bien y del mal, consejero en los momentos de tentación”.

pinocho
En la caricatura Pinocho de Walt Disney (1940), Pepe Grillo es nombrado por el Hada Azul la conciencia moral de Pinocho, el muñeco de madera que tiene conciencia en el sentido de sentir pero no tiene conciencia moral (lámina tomada de Debate).

Además de la conciencia moral, la edición del diccionario de la RAE de 1984 registra una acepción de conciencia más acorde con su sentido de autoconciencia: ‘propiedad del espíritu humano de reconocerse en todos sus actos, pensamientos y deseos, como agente de todos ellos’. Finalmente, en la vigesimosegunda edición de 2001 se consignan los significados de consciencia (en este caso con sc) como ‘conocimiento inmediato o espontáneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones’ y ‘capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento’. Se identifica el término como la capacidad de reflexión y reconocimiento de sí, propios de lo que denominamos autoconciencia. No es sino hasta esta edición de 2001 que se registran las acepciones relacionadas con el acto psíquico elemental de sentir y no necesariamente a la capacidad reflexiva del ser humano.

Estas acepciones se amplían en la vigesimotercera edición de 2014 del diccionario de la RAE, donde la voz conciencia remite a varios significados, que puedo resumir en tres principales: (1) el cognitivo: la capacidad del ser humano de conocer, reconocer, reflexionar, sentirse presente y relacionarse con la realidad; (2) el reflexivo: el conocimiento inmediato o espontáneo que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones, el actuar con plena consciencia de lo que se hace; la actividad mental por la que un sujeto se advierte como diferente del objeto que conoce; (3) el moral: el conocimiento del bien y del mal o sentido ético que permite a la persona enjuiciar los actos propios y ajenos. De manera afín a este último sentido, el Diccionario panhispánico de dudas (2005) de la RAE consigna que conciencia significa “reconocimiento en ámbitos de ética y moral, o sea: conciencia del bien y el mal”.

conciencia mejor que mil testigos
Grabado de Concientia mille testes (“La conciencia es mejor que mil testigos”). En La doctrine des moevrs de 1646 (tomada de Wikimedia). Traducción al castellano del pie de figura: “Con su conciencia sincero/ Se alegra, y pone de acero/ Contra los vicios vn muro,/ Que quiere morir seguro,/Y assi viue bien primero”.

El artículo sobre conciencia elaborado por el filósofo marxista Étienne Balibar para el Vocabulario de las filosofías occidentales tiene 17 páginas y empieza así: “Aún cuando se ha forjado por filósofos, el concepto de ‘conciencia’ se ha vuelto absolutamente popular denotando ‘la relación consigo mismo’ del individuo o del grupo.” Es curioso que este capítulo favorezca de entrada la acepción de autoconciencia sobre el sentido más básico de conciencia como sentir o advertir (awareness en inglés) que implica desde hace décadas para la academia y el uso culto. Destaca este artículo la capacidad de testimonio interior que detectamos desde el siglo XIII, una especie de desdoblamiento entre un observador y una observación que, además de suponer una introspección, emite un juicio sobre lo que presencia. Este potencial desdoblamiento, este acompañarse a sí mismo, esta capacidad reflexiva del ser humano, es lo que permite la conciencia moral: el juicio del bien o del mal.

Pasando por alto la extensa tradición cristiana, Balibar hace mención que esta escisión tiene antecedentes en los héroes griegos que mantienen conversaciones consigo mismos como manifestación de ese “diálogo del alma con ella misma” que Platón definió como el pensamiento. El autor rescata un dato de interés cognitivo: para los estoicos la conciencia de sí no viene dada, sino que se construye mediante la concentración, la memoria y la recapitulación, procesos cognoscitivos y afectivos de la autoconciencia. Agrega que esta última asociación cristaliza en la Reforma de Lutero donde se subraya la “libertad de conciencia” de cada quien para juzgar en su “fuero interno,” lo cual constituye una reivindicación de la autonomía individual, que fuera tan esencial en la Reforma. En la última frase de su artículo, Étienne Balibar apuesta que el significado de los términos asociados en otras lenguas occidentales sólo podrá abordarse de manera transdisciplinaria.

La cuestión de saber qué sitio ocuparán las palabras y las nociones de conscience, consciousness y awareness, Bewusstein, Gewissheit y Gewissen, en el punto de encuentro de la filosofía, de las ciencias y de la ética, incluso de la mística, tanto en el lenguaje común como en las lenguas cultas, parece extremadamente abierta.


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