Recomponer sin derruir
Antonio Tenorio

Innovación, Tecnología y Sociedad

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No se trata, pues, de un “no demoler” como melancolía o conservacionismo sin más, sino de subrayar una postura ética: el respeto por el valor que representa lo que ya existe.

Imagen: Recomponer sin derruir.
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Sin derrumbar. Nunca. Como si fuera un mandamiento. O mejor aún, porque el reto es rehacer edificios, espacios, sin acabar con ellos. El reto profesional; pero sobre todo: ético.

Hace un par de semanas, Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, arquitectos franceses ambos, han sido distinguidos con el honor más alto que la arquitectura puede deparar: el Premio Pritzker.

A lo largo de más de 30 años de práctica profesional, han mantenido un principio básico que organiza todo lo demás: no demoler.

Esto es, ser capaces de encontrar soluciones que puedan poner en juego, de un modo balanceado y sostenible, costos, utilidad social y medio ambiente.

No se trata, pues, de un “no demoler” como melancolía o conservacionismo sin más, sino de subrayar una postura ética: el respeto por el valor que representa lo que ya existe.

Esto es parte de lo que Martha Torne, directora ejecutiva del Premio Pritzker subraya respecto a la trayectoria de este par de arquitectos fundadores del estudio parisino que lleva sus apellidos.

Dice Torne: Lacaton y Vassel se enfrentan a cada proyecto convencidos de que lo que ya existe (un edificio, un predio, el contexto) tiene valor y que su rol como arquitectos es apreciar, entender y aceptar lo que existe, al mismo tiempo que agregar respetuosamente valor a cada proyecto”.

Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal
Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, arquitectos de origen francés (Imagen: Arquitectura Viva).

Si Luis Barragán, único arquitecto mexicano que ha sido galardonado con el Pritzker, al recibirlo en 1980 habló de la soledad y el silencio como valores de su visión arquitectónica, respeto y memoria podrían aplicarse en la determinación del jurado en este 2021.

Ese mismo jurado que, con toda precisión, al referirse al aporte de los premiados señala: “Por medio de sus ideas, aproximaciones a la profesión y los edificios resultantes, han demostrado que el compromiso para una arquitectura de restauración que sea al mismo tiempo tecnológica, innovativa y responda ecológicamente, puede perseguirse sin caer en nostalgias”.

Luego de comenzar una poderosa y rica asociación creativa, en los años setenta, en la Escuela de arquitectura, en Bordeaux, de 2009 a 2011 representa para Lacaton y Vassel un tiempo clave.

Encargados de remodelar la Torre Bois le Prêtre, en el distrito 17 de la capital francesa, ofreció a Lacaton y Vettel la ocasión de poner en práctica los principios esenciales que han regido su práctica profesional.

Asociados con Frédéric Durot, Vassel y Lacaton no se contentaron con ampliar el tamaño de los apartamentos, sino además incorporaron balcones a las viviendas e invernaderos de uso común.

La intervención sobre la Torre Bois le Prêtre, que como se ve se extendió más allá de sustituir la fachada de hormigón por aluminio y vidrio, supuso para sus responsables el Premio Mies van der Rohe, así como del premio en la sección de arquitectura de los Premios de Diseño en Francia

Sobre el alcance de esta verdadera reinvención de la Torre, su obra icónica, se ha destacado: “Completada a la mitad del costo de demolición y nueva construcción, ésta es una lección ejemplar en el aprovechamiento del pensamiento inteligente y el ingenio para transformar partes abandonadas de nuestras ciudades”.

Acompañada, quizá como ninguna otra arte, de un fin práctico, la arquitectura encuentra en el entrecruce entre el conocimiento, el dominio técnico y la creación, su punto de engranaje fundamental.

arquitectura sin derrumbar
Foto: Philippe Ruault.

A él, a este punto sobre el que se soporta teoría y práctica, como pregonaba Viollet Le Duc, se añade el tiempo. Arte del espacio de modo radical, la arquitectura, la que lo es en un sentido trascendente, pertenece por igual al tiempo.

Es ella misma, en la condensación de su pertenencia al presente, su diálogo con el pasado y su proyección de futuro, tiempo concretado.

Decía Lacaton al New York Times, “hay demasiadas demoliciones de edificios existentes que no son viejos, que todavía tienen una vida por delante, que no están en desuso. Creemos que es un desperdicio de materiales demasiado grande. Si observamos con atención, si miramos las cosas con ojos nuevos, siempre hay algo positivo que sacar de una situación existente”.

La arquitectura, cargada de tecnología, de innovación, en relación indisoluble con el sentido social de comunidad, está ahí, pues, como estar en el tiempo, pertenecerle.

Comprenderse a sí misma como una parte de él.

Y sobre ese horizonte, la concepción de estos dos arquitectos franceses, hoy mundialmente reconocidos.

Dialogan de este modo sobre la manera en que quedaron marcados por los años pasados en África.

“En el desierto tiene esta línea del horizonte, entre el sol y el cielo dibujas una línea y no hay nada. El paisaje es único. Esta dimensión de espacio ilimitado es algo importante en términos del espacio para la arquitectura”, dice Vassal.

A lo que su socia responde: “Además algo que aprendimos en África es que hacer arquitectura no siempre es construir, a veces es sólo revelar. Es importante pensar a la arquitectura en esta forma más amplia, en lugar de sólo tener un programa de un espacio vacío y construir algo”.

Lo que estaba ya ahí; por ser revelado. No como descubrimiento. Sí como reconstitución de su futuro. Revelación de dos tiempos. Pasado y futuro. Restitución.

Convergencia.


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