La multiculturalidad del equipo francés de futbol
Octaviano Couttolenc

Cambio y fuera

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Es evidente que este cambio llegó para quedarse y seguirá acentuándose en Francia y el resto de Europa.

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CATEGORÍA: Cambio y fuera | Cultura | Opinión


Hace unas semanas cuando transcurría el Mundial de Futbol de Catar, recibí en mi celular un meme que ponía una foto del equipo de futbol francés, y donde se hacía referencia a los efectos negativos del cambio climático burlándose de la composición étnica del equipo francés actual, donde una gran mayoría son de ascendencia africana, comparado con aquél de los años 80 de mayoría blanca. Estas bromas con tintes racistas evidencian las molestias de algunos con los cambios demográficos que está teniendo Europa.

Tanto en los equipos europeos como en la selección francesa, militan una gran cantidad de jugadores que, aunque nacidos en el país, tienen ascendencia africana, provenientes de países que fueron anteriormente colonias de Francia en África; incluyendo a jugadores tales como Varane (Martinica), Mbappe (Camerún), Dembelé (Costa de Marfil), Benzema (Argelia), entre muchos otros.

Según estadísticas de Eurostat, en muchos de los grandes países europeos, hasta el 30% de los bebés que nacen anualmente provienen de padres que no son originarios del lugar; esto explica en muy buena medida el fenómeno mencionado más arriba, donde muchos de estos jugadores son franceses por nacimiento, pero de padres inmigrantes.

La composición de las sociedades actualmente en Europa es de una gran multiculturalidad, ya que conviven personas con raíces étnicas, culturales y religiosas muy diversas, y donde cerca de 80 millones de habitantes o el 16% de la población pertenecen a dichas minorías.

Europa por su localización geográfica, ha sido siempre un lugar de invasiones, de paso de múltiples ejércitos, y lugar de migraciones muy relevantes tanto de norte a sur como de este a oeste. Tan sólo en el siglo XX y principios del siglo XXI, Europa reconoce 3 momentos de migración muy importantes:

  • i) Al término de la 2ª guerra mundial se dieron movimientos relevantes de personas desplazadas o buscando mejores oportunidades de vida; se comienzan a gestar programas de trabajo temporal, para que trabajadores del sur de Europa o provenientes de algunas colonias africanas o del medio oriente, viajen hacia los países del norte que estaban en proceso de industrialización.
  • ii) En los años 1970 – 1990, varios de los trabajadores temporales decidieron establecerse permanentemente en otros países, lo cual sumado a movimientos relevantes del este de Europa al oeste, con la caída de la Unión Soviética y la antigua Yugoslavia, dieron lugar a migraciones importantes;
  • iii) En las décadas de los 90 hasta la primera década de este siglo, se dio una movilización importante de talento con la creación de la zona euro, y asimismo un fenómeno de migración forzada por las guerras en los Balcanes, la primavera árabe y otros conflictos en Medio Oriente.
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Se estima que tan sólo en el periodo 2010-2016 ingresaron cerca de 2.4 millones de inmigrantes a Europa para establecerse en los 27 estados miembro, en dónde el Reino Unido, Alemania y Francia se llevaron el mayor porcentaje de inmigrantes.

En el 2021 en la UE se recibieron cerca de 637,000 solicitudes de asilo y de éstas cerca del 50% recibieron tratamiento favorable. Existen aún cerca de 750,000 solicitudes abiertas pendientes de resolución.

Francia es un país que en términos demográficos tiene una población cercana a 67 millones de habitantes y de éstos se estima que cerca del 80% son de raza blanca y el restante 20% son descendientes de personas no nacidas en Francia, donde los provenientes del norte de África son mayoría, seguidos por los de raza negra. Cuando se analizan los nacimientos, un 75% de los bebés tienen 2 padres nacidos en Francia, mientras que el restante 25% pueden tener uno o ningún padre nacido en el país. Asimismo, y como resultado de la migración, Francia es el país europeo con mayor número de musulmanes, cercano a 6 millones o el 9% de la población.

Los comentarios sobre la composición étnica o sobre la religión de los habitantes de Francia, tienen tintes racistas o xenófobos y muestran cierto resentimiento sobre los cambios que se van produciendo en estas sociedades, y donde el estereotipo del francés como el hombre blanco europeo cristiano, va cediendo lugar a un mosaico de otras minorías étnicas, raciales o de distintas religiones que van adquiriendo relevancia demográfica. Si a la relativamente baja natalidad (menor a la tasa de sustitución poblacional) y al envejecimiento de la población, le sumamos los fenómenos migratorios actuales, es evidente que este cambio llegó para quedarse y seguirá acentuándose en Francia y el resto de Europa.

No es extraño que en países que van absorbiendo la multiculturalidad, se vean expresiones de intolerancia hacia minorías étnicas, raciales o religiosas por cuestiones de miedo o ignorancia o como posible defensa ante la inmigración, en ocasiones bajo la bandera de la defensa ante el terrorismo.  Estos grupos xenófobos parecieran estar más interesados en resaltar todo aquello que separa y divide (color de piel, estilos o formas de vida, prácticas religiosas, usos o costumbres), en vez de reconocer todo aquello que une; la multiculturalidad ha sido en la historia de la humanidad una fuente de riqueza y transmisión de conocimiento, cultura, arte y otras expresiones.

Para aquellos que piensan que a un país o nación lo define la raza, lengua, religión o tradiciones de sus pobladores, sin duda los avances de la multiculturalidad les representan una gran afrenta; yo prefiero estar del lado de pensadores liberales como Ernest Renan, quién en el siglo XIX, nos ofreció una nueva visión, definiendo a la Nación como “la suma de voluntades de su gente por vivir juntos con un legado histórico común”.

Este enfoque más incluyente nos ofrece una visión optimista para aquellas sociedades cada vez más plurales, con mayor mezclas raciales o religiosas, con visiones distintas, pero que optan  por una convivencia armónica con un claro objetivo común de paz y prosperidad a la que todos los humanos aspiramos.  

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Antonio M. Prida

Muy cierto el análisis y Francia o Europa no son excepción, sino la regla. En Estados Unidos y en Reino Unido la multiculturalidad es radical. En las cosmopolitas ciudades de Nueva York y Londres el fenómeno es radical. Ya es difícil encontrar allá norteamericanos o ingleses, respectivamente, porque ya son minoría en sus propias localidades.

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