La verdad, toda la verdad y nada más que la verdad
Gonzalo Rojas-May

La tierra de los espejos

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Cuando la transformación de nuestro mundo se hace cada vez menos predecible, el mañana resulta ser, simultáneamente, esperanzador y atemorizante.

Imagen: Vigg.

Lectura: ( Palabras)

Estamos hastiados. La otra epidemia, la del desgano, insomnio, tristeza y rabia, desgasta, corroe y cansa, sobre todo cansa. El hastiado siente que el tiempo no transcurre y que no existe nada que logre sacarlo de su agobio. 

Como se sabe, el futuro resulta amigable cuando el camino que nos conduce a él aparece bien definido, trazado y nítido. Pero hoy, cuando la transformación de nuestro mundo se hace cada vez menos predecible, el mañana resulta ser, simultáneamente, esperanzador y atemorizante. 

Es que lentamente la verdad se ha ido imponiendo. Hemos llegado a un punto de no retorno a lo que entendíamos como “normalidad”; el cohete hacia las profundidades del siglo XXI ha despegado con nosotros dentro de él. Nacidos el siglo XX o en los albores del nuevo milenio, no contamos aún con instrumentos cognitivos, ni herramientas psicológicas que estén a la altura del viaje que hemos iniciado. Ciertamente tendremos que irlas desarrollando mientras dure la travesía.

Lo interesante y maravilloso de todo esto es, justamente, el tener que ajustar brújulas y sexantes mientras todo el remolino en el que estamos envueltos se desplaza por un universo distinto. Somos pioneros, aventureros, adelantados. En otro tiempo se nos juzgará y evaluará por nuestra resiliencia, capacidad de reinvención y coraje. Pero por de pronto, estamos cansados y expectantes. A momentos aturdidos y angustiados, hastiados de seguir en esto que parece no tener un horizonte definitivo. 

¿Será posible estar o incluso habitar nuestra cotidianidad de una forma diferente? Los hechos indican que no, que lo que tenemos es realidad y verdad, que tenemos un enorme camino por delante y que no nos queda otra opción que asumir, aceptar y construir desde dentro de nuestra embarcación. Las respuestas no están en otro lugar. Dado que no quedará otra que echar mano a una nueva forma de entender y vivir nuestro tiempo, bien vale la pena hacerlo con los ojos bien abiertos, los otros cuatro sentidos alerta, y una mente dispuesta a aguantar el bamboleo de nuestra nave. 

Yo hay vuelta atrás, hace rato cruzamos la frontera que nos ataba a lo que fuimos y a la forma en que vivimos. ¿Quiere usted saber la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad? Yo, sí.

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