Espiritualidad y sexualidad
Jutta Battenberg

Espiritualidad Sin Fronteras

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La descalificación que de suyo recibe la sexualidad por perversa y la limitación a la libertad que se cree conlleva la espiritualidad impiden comprender el sentido amplio…

Imagen: Revista Personae.
Imagen: Revista Personae.

Lectura: ( Palabras)

La espiritualidad y la sexualidad son dos experiencias humanas que se suelen contraponer en el imaginario; sin embargo, se encuentra estrechamente ligadas a la existencia humana, de aquí la importancia de precisarlas.

Espiritualidad solemos referirla a una condición sobrenatural relacionada con la divinidad y las religiones y éste, desde luego, es uno de sus sentidos, pero no el único, espiritualidad es también el principio generador y, por lo tanto, la forma en que nos manifestamos al entorno. En ese sentido, no tiene connotación moral, no es buena ni mala, sólo es la forma en que concretamos nuestro actuar en la historia.

Sexualidad, por su parte, está relacionada con un aspecto humano que por siglos en Occidente se entendió de suyo como perverso y por ello se desconfió de él; sin embargo, no es la única manifestación que tiene. La sexualidad también tiene que ver con la forma como nos entendemos y manifestamos porque nuestros cuerpos están sexuados específicamente para mantener la existencia de nuestra tribu y de nuestra especie.

Si consideramos exclusivamente el aspecto anatómico y el fisiológico la vivencia de cada uno es diferente, de la misma manera que la percepción de la realidad sería diferente si nuestros ojos tuvieran otra localización. No es un asunto moral ni tampoco discriminatorio, sólo es. Ciertamente la fuerza con la que se manifiesta la sexualidad es intensa, por la función que cumple y por ello es necesaria entenderla y aprenderla a manejar para hacer de ella una experiencia que integre a la persona consigo misma, con su pareja y con la comunidad.

Tomasz Alen Kopera, pinturas surrealistas
Tomasz Alen Kopera 1976, “Polish Magical” (Tutt’Art@).

Ahora bien, tanto en la espiritualidad como en la sexualidad los condicionamientos del ambiente se quedan en una importante parte de la población como verdades absolutas independientemente de las contradicciones que puedan contener y de estar atentando en contra de terceros o de la persona misma, y simplemente se repiten automáticamente sin un ejercicio pleno de la conciencia ni de la libertad.

Uniendo ambas comprensiones resulta que siempre nos estamos manifestando desde nuestras concepciones o, mejor dicho, nuestros condicionamientos nos mueven, sufrimos sus consecuencias, a veces dolorosamente y, sin embargo, no descubrimos dónde se encuentra el error en nuestra comprensión. Por ello, llegamos a creer que la espiritualidad se mueve en una dirección y la sexualidad en otra, que se excluyen mutuamente y que considerar una implica automáticamente negar la otra sin que esto suceda en la realidad.

La descalificación que de suyo recibe la sexualidad por perversa y la limitación a la libertad que se cree conlleva la espiritualidad impiden comprender el sentido amplio, verdadero y vinculado de estas dos manifestaciones y con ello experimentar una vida más justa, equitativa y plena.

En efecto, más allá de las múltiples creencias con relación a la sexualidad con las que se haya crecido y a los múltiples mensajes de un entorno híper-erotizado que estamos viviendo, existen tres simples reglas que facilitan su comprensión y ejercicio:

  1. Nunca hacer ni aceptar algo que dañe a uno mismo,
  2. Nunca dañar a la pareja o parejas sexuales y
  3. Nunca dañar a terceros.

Estos tres sencillos principios nos permiten experimentar libre y responsablemente nuestra sexualidad cuidándonos a nosotros mismos, a nuestras parejas y a nuestra comunidad.

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