Entre la esquizofrenia y una política de esperanza
Nydia Egremy

Cristal Geopolítico

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En 1968 los encuestadores de la firma Gallup, Lloyd A. Free y Hadley Cantril fueron pioneros en describir y analizar las paradojas que apuntalan a la política estadounidense…

Imagen: HispanTV.
Imagen: HispanTV.

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En psicología, la esquizofrenia es un trastorno mental grave por el que las personas interpretan la realidad de forma anormal. Y si bien, de los gobiernos se esperan actuaciones coherentes como cumplir sus promesas, brindar seguridad y bienestar, en no pocas ocasiones su comportamiento errático y fallido raya en la esquizofrenia.

Y así vemos que, tras 20 años de ocupación, las tropas estadounidenses salieron de Afganistán en una retirada bajo la sombra del fracaso, ya que no se justificó la larga estadía occidental en el país centroasiático, ya que pese al intenso bombardeo en Tora Bora, resultó que Osama bin Laden estaba en el vecino Pakistán; aunque los talibanes salieron de escena las mujeres aún usan la burka y, si bien la OTAN desplegó a sus tropas por Afganistán, nunca dominó el territorio ni, paradójicamente, acabó con el redituable negocio del opio.

De modo que, como si se tratara de una puerta giratoria, el 26 de agosto vimos, por un lado, salir del aeropuerto de Kabul a tropas occidentales, y por el otro, entrar a los talibanes en el palacio presidencial para gobernar de facto. Igual de esquizofrénico resultó que horas después el Estado Islámico –archienemigo de Occidente y del libre pensamiento–, perpetrase un ataque letal.

bombardero de Estados Unidos en Afganistán
Un bombardero de largo alcance B-52 Stratofortress de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, en Afganistán febrero 2018 (Foto: HispanTV).

Salta la pregunta: ¿Al firmar los Acuerdos de Doha, los estrategas occidentales no imaginaron tal volatilidad? ¿Confiaron que el presidente Ashraf Ghani contendría a las fuerzas emergentes? Sería bueno saber si las agencias de inteligencia ignoraron hasta última hora la intención de Ghani de huir cargando bolsas llenas con 169 millones de dólares de su nación.

Antes de huir hacia rumbo desconocido por nosotros, aunque quizás no de las agencias de inteligencia occidentales, el “presidente títere” de Afganistán (como lo describió Ben Norton en The Gray Zone) se formó en universidades de élite estadounidenses, obtuvo la ciudadanía estadounidense, se capacitó en economía neoliberal por el Banco Mundial, lo glorificó la prensa occidental como ‘tecnócrata incorruptible’ y lo mimaron influyentes think tanks de Washington, como el Consejo Atlántico. ¿Es creíble que en 10 años de negociar con el Talibán la superpotencia no esperara ese escenario? ¡Esquizofrenia pura!

Y tras cerrar el telón en la escena afgana, Joseph Robinette Biden ordenó a su Ejército bombardear en la estratégica Somalia al grupo extremista Al Shabaab, “los terroristas que Washington creó”, según T.J. Coles. Ese ataque sólo profundizó la crisis humanitaria del país cuya tasa de pobreza es del 70 por ciento y un Producto Interno Bruto menor a 6 mil millones de dólares. ¿Para comprar qué? ¿Por qué bombardear a esa paupérrima nación? Preguntan expertos.

Ashraf Ghani y Joseph Robinette Biden
Ashraf Ghani y Joseph Robinette Biden (Foto: NY1).

 Para comprender esa falta de prospectiva es clave la llamada “metáfora mixta” que en febrero de 2016 detectaron Morley Winograd y Michael Hais, del Brookings Institute, al analizar información sobre las decisiones políticas de los estadounidenses. Encontraron que electores de ambos partidos oscilaban entre el deseo de dar vuelta al sistema que produjo la crisis financiera del 2008 y las posteriores, o hacer un intento desesperado por tener una mejor política con las reglas existentes. Su decisión se tradujo en la elección de Donald Trump.

En 1968 los encuestadores de la firma Gallup, Lloyd A. Free y Hadley Cantril fueron pioneros en describir y analizar las paradojas que apuntalan a la política estadounidense. En su obra: Las creencias políticas de los estadounidenses (The Political Beliefs of Americans) revelan que, de forma simultánea, el elector de ese país es ideológicamente conservador y operacionalmente, liberal.

Y así como la dicotomía existe entre individuos, también se ve en políticos como los del Tea Party, que rechazan tajantemente el rol del Estado en la economía, aunque exigen más respaldo en programas particulares de gobierno. En sus exigencias esos parlamentarios reclaman un gobierno pequeño, pero advierten: ‘¡No se metan con mi Medicare!”

Tea Party
Foto: Gettyimages / Brendan Smialowski.
vacuna rusa Sputnik V y UE
Imagen: El País.

Algo es evidente: la alienación política causa fricciones internacionales. En mayo de 2017, al citar versiones difundidas entre la cúpula demócrata de que Donald Trump habría entregado a funcionarios rusos “información altamente clasificada”, el presidente de la Federación de Rusia, Vladimir Putin, expresó que ello le hacía pensar que “los Estados Unidos han desarrollado una esquizofrenia política”.

Esa actitud político-psicológica también se expresa en la Unión Europea, que no acepta el ingreso a personas de otros países inmunizadas con la vacuna rusa Sputnik V y no considera vacunados a miles de europeos inoculados con esa fórmula. Entretanto, los gobiernos son incapaces de actuar ante jóvenes que protestan en las capitales europeas contra la vacunación, el uso de mascarillas, el confinamiento y cierre de bares y playas.

Y ¿qué decir de la disfuncional visión de democracia del Reino Unido ante Venezuela? Con el argumento de que el presidente Nicolás Maduro no es legítimo, Londres se quedó con 31 toneladas de oro del país sudamericano, valorados en mil millones de dólares depositados en sus bancos, alegando que lo administrará el “presidente interino” Juan Guaidó. Sin ese recurso, los venezolanos no tienen forma de hacer frente a las durísimas sanciones de Washington y sus aliados.

Nicolás Maduro y Juan Guaidó (Foto: Actualidad RT).

Y es que el Reino Unido tiene otros problemas, entre ellos considerar delito la posesión de óxido nitroso (gas hilarante) que hoy es de las drogas más populares entre británicos de 16 a 24 años por sus inmediatos efectos psicoactivos, señala The Guardian.

Este repaso a la esquizofrenia política no estaría completo sin celebrar que, en el umbral del aniversario 20 de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, el presidente Biden ordenó desclasificar los documentos de la investigación del FBI.

Sin embargo, esa instrucción choca con la decisión del mandatario de mantener los cargos contra el ex analista de la Agencia de Seguridad Nacional, Edward Snowden, que en 2013 filtró a la prensa mundial la ilegal vigilancia masiva gubernamental a ciudadanos. Sí, la transparencia es imperiosa en la función pública. Saber lo que el Estado hace en la soledad de sus oficinas es un paso hacia una política de esperanza.

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3 respuestas a “Entre la esquizofrenia y una política de esperanza”

  1. Como simple ciudadana del mundo, sin demasiada información para catar, una a una, las muchas y valiosas aportaciones históricas y analíticas que siempre nos ofrece la autora, concluyo apenas que ante un mundo tan golpeado en todos los órdenes (ecológicos, de salud, económicos, etc.), a la humanidad no nos queda más que seguir abrevando en textos como este para tener una posición racional respecto al acontecer internacional.
    Debo confesarlo: la impotencia me abruma dejándome en el mutismo.

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