El lado oscuro de las modas
Susana Corcuera

De locos y visionarios

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El turismo de la ayahuasca es un ejemplo del daño que pueden causar las modas. No nada más ha afectado a ciertas regiones de la selva, también parece estar ligado al comercio ilícito del jaguar.

Imagen: MXCity.
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Lectura: ( Palabras)

El ser humano comparte con otras especies la afición por las drogas. No somos el único animal que busca estados alterados de la conciencia por medio de substancias, o que ha descubierto el gusto de emborracharse con frutas fermentadas. Los textos más antiguos ya dan cuenta de esta afición que compartimos con otros mamíferos y, en la tradición oral abundan los relatos de yerbas y hongos tranquilizantes, estimulantes o alucinógenos. Quienes saben manejarlos tienen en sus manos un gran poder y el respeto del que gozan en las comunidades no es gratuito. Una misma planta, en diferente dosis, puede sanar o matar. Es absurdo asegurar que lo natural sólo tiene efectos positivos. Pensemos en el arsénico, muy utilizado en dosis mínimas, en homeopatía. Los conocimientos suelen transmitirse de generación en generación. Los niños observan, preguntan y aprenden. Gracias a la capacidad de observar, se sabe, por ejemplo, que la yerba que cura los piquetes de arlomo es en la que suelen vivir estos escarabajos. El remedio es casi inmediato. Mientras los dermatólogos se desesperan ante la falta de resultados de la medicina formal, la gente familiarizada con la planta la pone a hervir en agua y aplica la cataplasma sobre la herida. En unos instantes, las lesiones empezarán a sanar.  

La naturaleza parece ocultar remedios para cada enfermedad. Una buena parte de la medicina tradicional se basa en ella, como es el famoso caso de la aspirina, que surgió de la corteza del sauce blanco.

En las últimas décadas, han surgido una cantidad de chamanes, guías espirituales y asesores de todo tipo formados al vapor. Una de las características que los distingue de quienes se forman a fondo es que aseguran tener todas las respuestas. Me voy a enfocar en la distribución de dos substancias extraídas de batracios. Una de ellas proviene de la secreción de las glándulas parótidas de un sapo de Sonora, el Bufo Alvarius. La otra, de la secreción de la piel de la rana Kambó, una ranita verde sudamericana. En ambos casos, después de extraer lo necesario para el ritual, o como se le quiera llamar, el batracio es liberado. En el primer caso se exprimen las glándulas del sapo. El segundo es más cruel, ya que para que la rana secrete los fluidos en cuestión, es necesario estresarla, lo que se hace amarrándola de las cuatro patas, como si la crucificaran.

rituales de moda
Imagen: Debate.

Abundan los documentales y testimonios de quienes han probado dichos remedios, porque no se trata de drogas con fines lúdicos, sino curativos. En el caso del Bufo, las evidencias van desde: “Cambió mi vida por completo, soy una persona renovada, libre de adicciones”, hasta: “Han pasado dos años desde que fumé y no logro recuperarme. Me es imposible cuidar a mis hijos y periódicamente caigo en un hoyo negro”. Para muchas personas, una sola experiencia equivale a años de psicoanálisis. Se conectan con ellos mismos, con la vida y con la muerte, con el universo y, según testimonios, se liberan de ataduras negativas. Sin embargo, no advertir sobre los posibles efectos adversos es criminal. “Aunque aparentemente te haya ido mal, a la larga, te habrá ido bien”, es un estribillo recurrente entre pseudo chamanes incapaces de asumir que actuaron de manera irresponsable. En países como Noruega, existen campañas que no pretenden alejar a la gente de la experiencia de las drogas, pero sí informar de los efectos secundarios de cada una. Ante el importante aumento en el consumo en nuestro planeta, me parecen campañas pragmáticas y sensatas, que deberían ir de la mano con la obligación de tener un documento que avalara que quienes distribuyen o recetan drogas saben realmente lo que están promoviendo. Es lo mínimo que se le exige a un médico convencional, no veo por qué quienes ejercen otro tipo de medicina, igual de poderosa, estarían exentos.

La desinformación no es una excusa para cometer actos que perjudiquen a grupos étnicos, ecosistemas o animales. El turismo de la ayahuasca es un ejemplo del daño que pueden causar las modas. No nada más ha afectado a ciertas regiones de la selva. También parece estar ligado al comercio ilícito del jaguar. En cuanto a la rana Kambó, la perjudicada es ella directamente. Para extraer las secreciones que han adquirido fama de limpiar el alma, el cuerpo y el espíritu, el pobre animal debe sufrir. Luego la liberan de su estado de crucifixión, sí, pero no es válido torturar a un ser vivo para sanarse. Además de alertar a los consumidores acerca de las sustancias que van a utilizar, debería explicarse el proceso para conseguirlas. Convertir los rituales en modas tiene consecuencias que no se ven a primera vista. Los verdaderos chamanes, yerberos y estudiantes serios de la medicina ancestral lo saben bien.


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