De conexiones a Internet, viajes y bares
Juan Patricio Lombera

El viento del Este

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El tiempo pasó y no volví a acordarme de los avatares de la tecnología hasta que me fui de viaje a Urueña; hermoso pueblo situado al noroeste de Madrid, a unos 220 kilómetros, que tiene la particularidad de ser el único municipio de España donde hay más librerías que bibliotecas.

Foto: Soy Bibliotecario.
Foto: Soy Bibliotecario.

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CATEGORÍA: Cultura | El viento del Este | Opinión


Mi amigo Pepe me dijo una vez que el mundo es muy pequeño, pero que cuando la tecnología falla se ensancha. En efecto, en la actualidad podemos dar la vuelta al planeta no ya en 80 días como diría Julio Verne, sino en mucho menos de 80 horas si no hay retrasos y no se pierde la conexión. Podemos llevar nuestras voces a cualquier parte del planeta en segundos y leer los periódicos de todo el mundo, o al menos sus titulares, desde nuestro teléfono portátil. Es más, esos teléfonos han conseguido realizar el sueño de decenas de generaciones haciendo que la cultura y el conocimiento estén al alcance de todo el mundo. Desde ellos o desde nuestros ordenadores, podemos leer infinidad de artículos acerca de la Segunda Guerra Mundial, la vida de Nelson Mandela o contemplar las maravillas de la capilla Sixtina. 

Hace unos meses, el teléfono fijo se descompuso por enésima vez y el Internet siguió funcionando de manera irregular. Mi esposa y yo trabajamos desde casa por lo que necesitamos de ambas herramientas. Siendo que mi móvil está hecho una pena y todo el mundo se queja de lo mal que se me oye a través de él, tengo que usar forzosamente el tradicional teléfono fijo. A su vez, Vicky tiene varias videoconferencias al cabo del día, por lo que necesita una conexión fiable. En fin, no quiero hacerles el cuento largo. Llamamos a nuestro servidor y nos mandaron un técnico que se presentó perfectamente equipado para la ocasión y más teniendo en cuenta de que Vicky es persona de riesgo: mascarilla y guantes. Acoté la zona de acción al salón que es donde se encuentra el router y el teléfono. Tras un análisis sumario, el técnico determinó que nuestra conexión telefónica era una antigualla y, ya puestos, hicimos el cambio de router para que el teléfono llegase por este medio y tener más velocidad de conexión.

calles de Urueña
Foto: Etheria Magazine.

No obstante, había que ajustar los parámetros en el ordenador del técnico, lo que toma unos minutos. Como el hombre estaba sudoroso y yo me precio de ser un buen anfitrión, le ofrecí un vaso de agua que él me agradeció. Ése fue un grave error, pues, como es obvio, el hombre tuvo que quitarse la mascarilla y, peor aún, una vez que hubo terminado de beberlo no volvió a acomodársela hasta que me percaté de ello varios minutos después y se lo pedí. Además, el primer equipo empleado llegó defectuoso de fábrica por lo que ni Internet ni teléfono. Afortunadamente el técnico era precavido y traía uno de repuesto en su furgoneta que sí funcionó. El saldo de ese arreglo se saldó con una bronca familiar por haber permitido el desenmascaramiento del técnico y una sesión exhaustiva de limpieza del salón. Eso le pasa a uno por ser buena gente.

El tiempo pasó y no volví a acordarme de los avatares de la tecnología hasta que me fui de viaje a Urueña; hermoso pueblo situado al noroeste de Madrid, a unos 220 kilómetros, que tiene la particularidad de ser el único municipio de España donde hay más librerías que bibliotecas. Además, al tratarse de un pueblo medieval, posee una hermosa muralla medieval reconstruida en parte en los años setenta. Completan el lugar cinco museos, de los cuales yo destacaría el etnográfico con una más que interesante colección de instrumentos musicales, así como de antiguos gramófonos, y el centro LEA Miguel Delibes, donde se hace un amplio repaso de la vida y obra del escritor vallisoletano.  

Urueña, España
Foto: Generación Papel.

Aquí es forzoso hacer un pequeño inciso. El bar-cafetería-restaurante, más allá de un establecimiento comercial, es uno de los centros neurálgicos en la vida de los españoles. Punto de reunión para grandes festejos, lugar de conversaciones profundas y triviales e incluso, en algunos casos, dirección alternativa donde los carteros pueden dejar paquetes cuando el vecino del piso superior se encuentra ausente, el bar siempre está presente. No es de extrañar que Benito Pérez Galdos les dedicase todo un capítulo en Fortunata y Jacinta. Y, al igual que ocurriera en el siglo XIX, en los bares de ahora también se pueden oír los más enconados debates políticos o acerca del estado de la selección española de futbol, por citar algunos ejemplos. Sin ir más lejos, cuando vivía en el centro de Madrid, entre las plazas de Callao y Santo Domingo, recuerdo que sólo en mi manzana había 7 bares distintos y cada uno de ellos tenía sus propios devotos según el estatus social. Estaba el bar que atendía a los trabajadores madrugadores, el que acogía a los fiesteros que buscaban prolongar una copa más la noche, etc. De hecho, una de las estrategias centrales de Isabel Díaz Ayuso para ganar holgadamente las elecciones, fue autoerigirse en defensora de los hosteleros y desobedecer sistemáticamente cualquier medida impuesta por el gobierno a fin de favorecer a los dueños de esos establecimientos comerciales. Tanto éxito tuvo su estrategia que hasta los hosteleros catalanes la aplaudieron en una visita a Barcelona.

bar en Urueña
Foto: Urueña.

   En fin, retomo el tema de mis cuitas informáticas. Urueña tiene un pequeño problema y éste es su conexión a Internet. A ello hay que añadir el problema con mi celular. Resumiendo, me encuentro en un estado de semidesconexión, lo cual podría ser considerado paradisíaco si no fuera porque tengo que revisar mi cuenta de correo del trabajo de vez en cuando y mandar este artículo a Voces México. Si están leyéndolo es porque los astros se han alineado para permitirme mandarlo. Les deseo unas muy felices vacaciones veraniegas desde este hermoso enclave cultural.   

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