Contradicciones del mundo en el siglo XXI
Juan Patricio Lombera

El viento del Este

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Más allá del enriquecimiento espiritual que podría traer el acceso a la información, diversos estudios apuntan a que el coeficiente intelectual de los…

Imagen: Medium.
Imagen: Medium.

Lectura: ( Palabras)

Jamás en la historia de la humanidad, el mundo había estado tan conectado entre sí. Uno de los reflejos más claros es la comida. En muchos grandes orbes se puede comer desde sushi hasta kebaps, pasando por tacos al pastor. Además, a través de Internet, tenemos acceso a periódicos de todo el mundo en sus versiones en inglés que se ha convertido en el moderno esperanto. Por si fuera poco, esta época ha visto la materialización de un sueño anhelado desde largo tiempo; el conocimiento al alcance de la mano. En efecto, quien no tenga un smartphone con el que pueda acceder a Wikipedia y leer, por ejemplo, acerca del imperio bizantino en su propia lengua. Podemos discutir sobre la calidad de las entradas de la enciclopedia virtual y si tiene o no una cargada tendencia ideológica en la forma en que presenta los hechos, pero los datos básicos están ahí. Y no sólo eso. Existen muchas más páginas donde contrastar la información expuesta por Wikipedia.

Además, podemos consultar diccionarios de la lengua o traductores simultáneos en lugar de ir a nuestras estanterías y buscar el mamotreto correspondiente. Si nuestro poder adquisitivo nos lo permite podemos descargarnos cientos de miles de libros u oír música de todas las épocas o ver películas y series en cualquier lugar y a cualquier hora sin estar sometidos a la dictadura de los horarios televisivos y sus siempre desagradables anuncios. Otro de los milagros de la era moderna es la medicina. En menos de un año, se han desarrollado varias vacunas para luchar contra el coronavirus. Por solo citar el adelanto más actual. Otro elemento que facilita el conocimiento de otras culturas es el abaratamiento de los precios en los transportes internacionales. Cuando era pequeño tomar un avión local era caro y uno trasatlántico cosa de ricos. De hecho, hace 60 años tan sólo había 25 millones de turistas internacionales en todo el planeta. Antes de la pandemia, el número de turistas en el mundo era de más de mil millones. Por supuesto que esas avalanchas de gentes conllevan otros problemas relacionados incluso con el mantenimiento de los espacios culturales que visitan como, por ejemplo, la Acrópolis, pero es indudable que nunca la población humana se ha desplazado tanto, aunque solo sea con fines lúdicos, como a finales del siglo XX y principios del XXI.

el mundo y contradicciones
Imagen: Desde Abajo.

Cualquiera que no conociera la Tierra pensaría, al tenor de lo expuesto arriba, que vivimos una edad de oro y que pronto la humanidad, a través del conocimiento, alcanzará una liberación final. Este ente también pensaría que las guerras pronto se terminarían y que los humanos vivirán en armonía y prosperidad una vez que los robots se dediquen a realizar las tareas más arduas.

No obstante, pese a la abundancia de fuentes de información y medios, casi 6 millones de personas mueren todos los años de hambre. Ochocientas mil más se suicidan frutos de la desesperación y cientos de millones llevan a cabo un trabajo que nunca les permitirá salir de la pobreza y la miseria como si fueran unos modernos Sísifos. Cientos miles de mujeres son asesinadas y violadas. Más allá del enriquecimiento espiritual que podría traer el acceso a la información, diversos estudios apuntan a que el coeficiente intelectual de los seres humanos está disminuyendo en aquellas generaciones nacidas después de 1975, que son, precisamente, las que han convivido con la explosión de aparatos tecnológicos. Visto lo visto, hay que reconocer que Carlos Gardel en su canción Cambalache, demostró una gran lucidez profética: “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé/ En el 510 y en el 2000 también.”

capitalismo e injusticia social
imagen: El Viejo Topo.

Por otra parte, el deterioro de nuestro planeta pareciera entrar en una fase de no retorno. Según el documental David Attenborough: un paseo por la tierra, en menos de 100 años hemos duplicado las emisiones de partículas de dióxido de carbono al espacio, invadido un tercio del planeta que entonces era virgen y, finalmente, la población se ha multiplicado casi por cinco. No hay que ser un genio para deducir que en algún momento las riquezas de la Tierra no alcanzarán para alimentar a todos. Y eso a pesar de que la industria alimentaria también ha conseguido impresionantes progresos para conseguir más cosechas. De hecho, varias grandes urbes ya empiezan a tener problemas para cubrir el suministro de agua necesario. Según la ONU, para el 2050 las condiciones de vida en el planeta serán verdaderamente hostiles a este paso.

Cuando veo estas predicciones, me alegro de no haber tenido hijos y lamento la suerte de mis sobrinos.

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