Abominación de conmoción global
Manfredo Martínez

Sociedades del Siglo XXI

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A principios de esta semana, la humanidad ha padecido una sacudida a las conciencias con el atentado criminal contra la familia LeBarón.

Ilustración: Brian Stauffer
Ilustración: Brian Stauffer

Lectura: ( Palabras)

A principios de esta semana, concretamente el 4 de noviembre, la humanidad ha padecido una sacudida a las conciencias –de una u otra manera– con el atentado criminal que dejó como resultado el asesinato de nueve integrantes de la familia LeBarón, en el norte mexicano, en el tránsito de Chihuahua a Sonora. Autoridades que investigan el caso dejan entrever, como principal hipótesis, que hubo una confusión en el atentado a la familia mexicana-estadounidense con filiación mormona, pues afirma que esta actividad delictiva había sido planeada como una emboscada entre bandas rivales relacionadas al narcotráfico, algo que niegan los parientes.

En un principio, esta noticia es un reflejo de cómo muchas veces en nuestra región latinoamericana, la autoridad es rebasada, por ejemplo, en estrategias de grupos al margen de la ley que atentan contra la seguridad ciudadana, pero también en la pérdida progresiva de territorios (lo que obviamente se traduce en una regresión hacia la “ley de la selva”, producto de la falta de intervención preventiva y reactiva de los estados como los nuestros en la afirmación de una verdadera soberanía, y es aquella que busque asegurar que la ciudadanía y los habitantes de una u otra demarcación tengan la garantía de desarrollar sus diversas actividades cotidianas sin temor de ninguna naturaleza).

Desde la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo,se quiere desmarcar de los señalamientos ante cierta indefensión de amplias capas poblacionales, al dejar entrever que el armamento “es de fabricación y procedencia norteamericana”, poniendo de nueva cuenta en el debate público una solución integral ante el tráfico de armas. Ya observamos la retórica “menos migración” desde el sur mexicano (exigencia estadounidense) y, menos armas desde el norte estadounidense (exigencia azteca) a finales de la reciente primavera, en el contexto de una crisis migratoria que crece y decrece, producto de la mayor o menor amplitud o volatilidad desesperanza en estos grupos humanos.

A mi parecer, el deleznable acto criminal contra seres humanos amerita repensar los territorios (tanto físicos como del pensamiento), pues observamos que las rutinas periodísticas han sido –en mayor o menor medida– “remecidas” por información como ésta, que pone en tela de duda la legitimidad y el fiel cumplimiento, como una obligación constitucional, del servicio público de las fuerzas del orden a favor de la seguridad e integridad ciudadanas.

Tolerancia.
Ilustración: Tolerance.org.

Por otra parte, el siempre polémico Donald Trump ha endurecido su discurso y ha ofrecido apoyo militar a su contraparte mexicana Andrés Manuel López Obrador, para atajar la situación de violencia desprendida desde ese escenario e incluso ayudar a “desaparecer de la faz de la tierra” a los traficantes de drogas, pero parece no importarle el autocuestionamiento que debe hacerse en relación al trasiego clandestino de armas que muchas veces han cuestionado las autoridades mexicanas y son remarcadas ante esta situación. De acuerdo con datos del mes de agosto de la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA), cada año ingresan a la República mexicana (de manera oculta) más de 200,000 armas de todo tipo.

El dignatario estadounidense ha demostrado, por ejemplo, ya sea por acción u omisión, ser simpatizante “a toda costa” de instancias defensoras del derecho a portar armas como la Asociación Nacional del Rifle. En algún momento, en el contexto de macro-eventos de violencia perpetrados en tierra anglosajona, los principales defensores de armar a la ciudadanía, han sugerido en reiteradas ocasiones: “contra un tipo malo armado, un tipo bueno armado”. Lo cual denota una irracionalidad motivada, antepuesta a todo principio lógico de paz, pues como se ha dicho de antaño, “la violencia engendra violencia”, y contra esta sólo se puede avanzar en base al trabajo contra la desigualdad y marginalidad y a través de la integración. Es decir, romper fronteras, no construirlas.

En conclusión, lo que ha pasado en México concierne al mundo en tanto se ha permitido visibilizar la falta de acciones a ciertos eventos violentos como este, pero también posibilita la observancia de que (distraídos en nuestros entornos laborales-sociales como nos encontramos), no nos permitimos muchas veces reflexionar en torno a la necesidad de potenciar y canalizar una mayor exigencia ciudadana en torno a la solución de estos asuntos.     

P.D.: La dinastía LeBarón se establece en corredor fronterizo del lado mexicano a finales del siglo XIX, después de ser perseguidos en Estados Unidos debido a sus tradiciones religiosas mormonas, en particular la vida poligámica.

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