Los que no se morían…
Gerardo Galarza

El Andén

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“Ahora se muere gente que antes no se moría”, le oí decir, un buen día y muchos días más, a Vicente Leñero.

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“Ahora se muere gente que antes no se moría”, le oí decir, un buen día y muchos días más, a Vicente Leñero.

Luego supe que la frase no es suya. Cantinflas la decía también en una de sus primeras películas, las del todavía peladito, aunque seguramente su origen es otro.

Pero, es cierto: la gente que hoy se muere, antes no se moría.

El escribidor debe confesar una perversión muy vergonzosa: durante muchos años, 40 más o menos, aquellos que trabajó en revistas, agencias de noticias y periódicos, lo primero que hacía al llegar a su escritorio era revisar los obituarios.

No se ría ni se escandalice. Tenga un poco de compasión. Era un ejercicio perverso, tonto y de miedo: saber si su nombre no aparecía entre los de los muertos del día anterior; saber que seguía vivo… para, por supuesto, no dar vergüenza de ser un muerto que no se había dado cuenta de su muerte.

La vida son ciclos.

muertos covid
Imagen: Expansión Política.

Al principio son los cumpleaños infantiles, con payasos o sin ellos. El escribidor no los vivió; tampoco sus amigos o al menos no lo invitaron. Luego fueron los 15 años, sí algunos. Después las bodas, y los bautizos, las primeras comuniones. No, no, ni las separaciones ni los divorcios oficiales se celebran públicamente…

Luego, los hijos tienen hijos, repiten más o menos el ciclo y todos contentos.

Las muertes que ocurren en ese tiempo se aceptan como accidentes de la vida. Con un ya ni modo, ¡que desgracia!

La vida sigue.

Siguió.

Pero esta vez, como siempre ha ocurrido, se mueren los que antes no se morían.

El problema ahora es que se mueren quienes conoces o con quienes convives… los que efectivamente antes no se morían.

Por ejemplo, esta semana murió Diego Armando Maradona a quien el escribidor vio jugar, por su actividad reporteril de entonces, los tres juegos seguidos, domingo, miércoles y domingo, incluido el de los goles de “La Mano de Dios” y “del Siglo”, en el Estadio Azteca con los que Argentina ganó la Copa del Mundo de 1986. También hace unos días murió Ernesto Canto, medallista olímpico de marcha de 20 kilómetros en la Olimpiada Los Ángeles de 1984, que necesariamente refiere a la Olimpiada de México en 1968, cuando el sargento José Pedraza ganó, en medio del vómito, la medalla de plata en la misma prueba, y ambas hazañas las vio y vivió por la televisión. También esta semana murieron don Juan de Dios Castro Lozano, excelso tribuno legislativo, diputado de a de veras, académico y buen abogado, y don Víctor Flores Olea, intelectual, académico, diplomático, cocreador del Consejo Nacional para Cultura y las Artes (Conaculta) y director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, cuando el escribidor ingresó a ella.

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Imagen: Connectas.

A los dos últimos, el escribidor los conoció personalmente y en entrevistó como reportero, y a los otros tres los conoció como contemporáneos.

Y hoy, con covid y sin covid, se mueren quienes antes no se morían, porque simplemente les llegó la hora. Los compañeros de la vida, obra y época. Son los que parecían que eran inmortales, como suponen que lo son quienes siguen vivos.

No todos son célebres ni famosos. Y duelen más los que son anónimos para las mayorías, los más cercanos, los más compartieron la vida, quienes supieron de ti y tus ilusiones, tus secretos y tus fracasos, para darle la razón al psicoanalista Igor Caruso, de que los sobrevivientes no lloran al muerto sino a lo que con él se murió de nosotros y se lo lleva.

Al paso de los años, el escribidor creyó que había superado el macabro ejercicio de leer los obituarios. Pero hoy, en época de la nueva peste, abrir cada mañana las redes sociales es regresar a él.

Es cierto, hoy se mueren los que antes no morían: los que salían en la televisión y en los periódicos, pero sobre todo los amigos, los compañeros, sus parejas, sus padres, sus hermanos, hasta sus hijos; los contemporáneos, los conocidos y quienes te conocieron.

Un ciclo más de la vida, con o sin obituarios.


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