Vacunas, migrantes y de regreso
Fulvio Vaglio Bertola
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Nadie sabe cómo evolucionará la “guerra de la tercera dosis”; es probable que todo dependa de la seriedad con la que sea percibida la expansión de la “variante Delta” (y sucesivas) en los países pobres y, de allí, de regreso a los ricos.

Imagen: The Today Show.
Imagen: The Today Show.

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A comienzos de mayo, Katherine Tai, representante de la administración Biden en la Organización Mundial del Comercio, sorprendió a propios y extraños anunciando que Estados Unidos se sumaba a la propuesta de suspender los derechos de propiedad intelectual para la producción de vacunas contra el Covid-19. 

Las respuestas al nivel internacional no se hicieron esperar y mostraron mayoritariamente un arcoíris de desconfianza: desde “demasiado poco, demasiado tarde” a “necesario, pero no suficiente”.

La propuesta había sido hecha, inicialmente, por India y Sudáfrica el 2 de octubre 2020; durante los ocho meses siguientes, la Organización Mundial del Comercio no había tomado una decisión, esperando a ver cómo finalmente caerían en la mesa de juego las barajas en mano de los países poderosos. Mientras tanto, el número de casos, hospitalizaciones, decesos y la parálisis de los institutos de salud pública habían ido creciendo exponencialmente.

China y Estados Unidos

Aun así, el anuncio de la administración Biden tiene aristas exquisitamente políticas que merecen evidenciarse para echar un poco de luz sobre este nudo particularmente intrincado.

Primero: los Estados Unidos recuperan algo de liderazgo al nivel global; logran impedir que China y Rusia se presenten como la única esperanza de la humanidad pobre a la merced de un capitalismo salvaje e inhumano.

Segundo: Con la misma movida, logran aislar a la Unión Europea –especialmente Alemania – echando una fuerte sospecha de hipocresía sobre su participación en una iniciativa bien intencionada, pero nacida ya comatosa, como lo fue el COVAX. Varias organizaciones no gubernamentales, y en particular Médicos Sin Fronteras, han abierto las hostilidades con entrevistas en YouTube, denunciando la irresponsable lentitud de la Comisión Europea. 

vacunacion covid

Tercero: Fuerza las multinacionales productoras de vacunas a quitarse la máscara del “capitalismo con un rostro humano” y a hundirse en las arenas movedizas de sus propias autojustificaciones, abriendo así el camino para la intervención equlibradora de la esfera política; el 8 de julio Pfizer y BioTech anunciaban la oportunidad de una tercera dosis de refuerzo, y al día siguiente la administración, a través de Anthony Fauci, de a CDC y de la FDA, ya desmentían la urgencia de su solicitud. Básicamente, la respuesta de Biden equivale a un “haz lo tuyo que es la producción industrial, pero no te metas con lo mío que es la política”.  

Cuarto: Dicho sea de paso, en este enfrentamiento con los magnates de la vacuna, Biden no recuerda tanto a Franklin Delano Roosevelt sino a su predecesor y tío, Theodore.  Ironías de la historia.

Theodore Roosevelt
Theodore Roosevelt.

Quinto:  A los pocos días del intercambio de golpes entre Pfizer y la administración Biden, el 31 de julio, el presidente de Israel, Isaac Herzog, y la primera dama, Michal,dieron banderazo a la campaña para la tercera vacunación de los mayores de 60 años; el flamante primer ministro Naftali Bennett oficiaba como maestro de ceremonia; el premier anterior, Netanyahu, susurraba desde bambalinas que “se habían perdido meses preciosos, pero mejor tarde que nunca”.

En conclusión, nadie sabe cómo evolucionará la “guerra de la tercera dosis”; es probable que todo dependa de la seriedad con la que sea percibida la expansión de la “variante Delta” (y sucesivas) en los países pobres y, de allí, de regreso a los ricos.

retiro militar de Estados Unidos de Afganistán

El camino para esta expansión de regreso ya está bajo los ojos de quien quiera verlo. A menos de un mes del retiro militar de Estados Unidos de Afganistán, los políticos y analistas turcos ya están reaccionando a una nueva ola de migrantes: al menos 27,000 desde inicio de este año, dicen las autoridades de la región de Van (en la frontera oriental entre Turquía e Irán); en todo, alrededor de 200 mil refugiados afganos, contando los que se habían ido sumando en los años anteriores, viven ahora en los campos de refugiados de Turquía; pero la bomba demográfica inminente es mucho mayor: las organizaciones humanitarias estiman 3 millones y medios de desplazados que, más temprano que tarde, emprenderán el viaje de la esperanza: ¿El trayecto? De Afganistán, a través de Irán y de las regiones fronterizas de mayoría kurda, hasta Turquía y, posiblemente, Europa. Larguísimo y peligroso, pero estos no son frenos eficaces contra la desesperación.

¿Cómo responden los políticos a esta amenaza? El gobierno de Erdoğan la usa para negociar más concesiones con la Unión Europea; el partido de oposición más fuerte, el CHP, está a la defensiva desde la intentona insurreccional de 2016 (de la que se disoció); los gobiernos locales, aun cuando son de oposición, caen en manos del espejismo populista. Turquía “se ha convertido en un basurero de refugiados”. ¿Asegurarles la vacuna contra el Covid? Mejor hacerlos pagar más por agua potable y drenaje. Ha sido la elección del alcalde de Bolum, Tanju Özcam, quien ha subtitulado una foto de refugiados con el lema “esta hospitalidad ha durado demasiado”.

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