Qué insignificantes somos, ricos, pobres, da lo mismo
Ignacio Ricardi

Desigualdad

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Por desgracia veo que la falta de profesionalismo, experiencia y capacidad de nuestros dirigentes nos hará más dura la vida.

Imagen: Árre.
Imagen: Árre.

Lectura: ( Palabras)

Estos días que he tenido la necesidad de permanecer en casa por la contingencia del coronavirus, me he puesto a tratar de entender la sabiduría de nuestro planeta. Me explico, durante muchos años hemos destrozado bosques, contaminado ríos, mares, nuestro propio aire que nos permite seguir vivos. Ha crecido el hoyo en la capa de ozono y vemos cómo los glaciares se derriten año con año, causando daños irreparables. Vimos en documentales y redes sociales cuando se comentó la contaminación tan impresionante que tenía China por emisiones de fábricas, malas gasolinas, etc., y luego qué pasó, ¿dónde es que brota este virus?, precisamente en ese país. Lógicamente con el comercio que existe del mundo con China, era prácticamente imposible que no hubiera propagación del mismo a todo el orbe.

Hoy vemos con infinita tristeza la cantidad de decesos que hay, los infectados y los portadores que realmente no sabemos cuántos habrá. Los HÉROES que exponen sus vidas, me refiero a esos guerreros incansables, los médicos, enfermeras, afanadores, personal de asistencia, camilleros, paramédicos, y todos los involucrados que están, como se dice coloquialmente, “al pie del cañón”. Mis respetos y admiraciones para todos ellos, habrá tiempo para que la sociedad entera les brinde su merecido reconocimiento, habrá que hacerlo.

heroes, doctores en pandemia
Imagen: La Vanguardia.

Lo preocupante, creo yo, es que no se ve o se tiene certeza de cuánto tiempo tendrá que pasar para que se normalice la situación y cómo nos pegará en el aspecto económico a todos los países, algunos de ellos parados sin producción, más que lo básico. Me temo que no podrán hacerle frente a la crisis económica que enfrentaremos, tendrá que venir una ayuda de las organizaciones, llámese el Banco Mundial, la Organización de las Naciones Unidas, etc. Algo se tendrá que hacer y llevar a cabo, con tal de que la contingencia sanitaria no pegue de forma drástica en una crisis económica.

Por desgracia veo que la falta de profesionalismo, experiencia y capacidad de nuestros dirigentes nos hará más dura la vida. No sabemos cuántos negocios cerrarán sus puertas, cuánta gente quedará desempleada y, por desgracia, desde mi humilde óptica, tendrán excusas para justificar el hecho, ya que como ha pasado en todo el mundo, nadie podrá reclamarle a nadie si estuvo bien o a destiempo las acciones que se tomaron, pues no podía sostenerse el famoso “abrácense, no pasa nada”, “con estampitas y escapularios somos inmunes”. “En México sólo pueden contagiarse los fifís, los pobres no”; “es un virus fifí”, ¿de verdad?, qué poca materia gris de quienes lo comunicaron y expusieron en los medios de comunicación, haciendo el peor de los ridículos y demostrando lo que son, unos analfabetas completos.

Qué pena por nuestro México, ¿hasta dónde caeremos?, nadie lo sabe, pero el golpe será muy duro y la recuperación mayor y dolorosa, ya que es bien conocido por muchísima gente el tipo de incongruencias y disparates que constantemente expresa nuestro presidente; en la mayoría de los medios se comenta esto. Ya lo decía una cronista española, México pudiendo ser la cabeza de Hispanoamérica, dejará pasar la oportunidad probablemente a un Brasil, pues Argentina, por desgracia, está peor que nosotros y no hay nadie más quien pudiera ocupar ese papel líder.

pandemia insignificante
Ilustración: Paul Blow.

Dicen con sobrada razón que las catástrofes traerán mejoras y oportunidades, de hecho, ya lo estamos viviendo, ¿de qué nos sirve tener un coche lujoso, llamativo, si está guardado o parado en el garaje?; o, ¿de qué sirve tener la ropa de marca más cara, si en casa estamos con lo más cómodo posible? Y probablemente no sea de marca, ¿valen las joyas, relojes, accesorios, etc., si no podemos usarlos?

La vida es sabia y nos tiene que pegar de esta forma para crear conciencia, darnos cuenta de que al final del tiempo, lo más importante es la “familia”, nuestra casa, nuestros seres queridos, y que ciertamente en esta cuarentena ha sido difícil el acoplamiento –claro, no es lo mismo verse por la mañana, a la hora de la comida y después de la cena, a estar todo el día juntos–. Te das cuenta de las cosas que han cambiado desde que decidiste formar una familia y que con la vida diaria el trabajo, la actividad, dejamos pasar lo más hermoso, ¡vivir!, pero vivir plenamente, disfrutar cada día como si fuera el primero, o el último, según nos parezca.

Si bien es cierto que lo más difícil está por venir con la pandemia, sólo nos queda cuidarnos, crear conciencia, salir lo indispensable y seguir las recomendaciones, no saludar de mano, beso, abrazo, pero lo más importante, es lavarse las manos de forma constante y adecuadamente. Con estas simples acciones podremos voltear la cara en el futuro y darnos cuenta de lo pequeños que somos, que nuestro planeta (nuestra casa) está prestado y que lo debemos de cuidar, ya que es lo único que tenemos y que le heredaremos a nuestros, hijos, nietos, etc. Creo firmemente que todos deseamos un mundo mejor para ellos y estamos aún a tiempo para hacerlo, de enmendar errores, reconocer que por tratar de sobresalir, de ser más poderosos que otros, hemos caído en una carrera contra reloj, pero que perjudicará a la humanidad entera.

covid
Imagen: El Economista.

¿De qué sirve ser el país más poderoso del mundo, si un simple virus puede matar a todos sus pobladores?, ¿es acaso eso importante al final del tiempo?, desde luego que no, de nada sirve y está demostrado que lo peor que le pudo pasar a este planeta, es el ser humano que sólo busca el poder, la riqueza, a costa de lo que sea, con tal de ser temido. Pero ¿qué diferente es ser esto último, a ser admirado? Lo más importante es que para el virus no hay barreras, ni de razas, idiomas, riquezas, inclinaciones, nada, pega igual; aunque tengamos todo el dinero del mundo, si no contamos con salud, ésa no se puede comprar por desgracia.

Vemos culturas que han padecido guerras casi hasta el exterminio y, sin embargo, ahora son de las primeras potencias económicas, ¡qué gran ejemplo! Y aunque en otros tiempos ya han existido plagas y pestes, NUNCA se había visto como este virus, y lo peor, que se desconoce lo que en el futuro pudiera dejarnos. Es decir, ¿qué herencias, malestares, secuelas, podrán afectar a las futuras generaciones? No todo es económico, pero ciertamente el daño que ocasionará es de proporciones extraordinarias, dado que realmente no se sabe cuándo terminará la cuarentena y, lo más peligroso, que si en Wuhan, donde nació el virus, volviera a tener otro brote, ¿qué mutaciones presentaría?, ¿estamos preparados, de nueva cuenta, para enfrentarlo?

Espero que todo quede en una simple suposición. Por lo pronto, lo único que podemos hacer es cuidarnos, seguir las indicaciones de los expertos y esperar que vengan tiempos mejores; ojalá tomemos conciencia de lo pequeño y frágiles que somos; seamos ricos, de clase media, condición humilde, no importa, para el virus –cualquiera que éste sea– no existen las clases sociales, le pese a quien le pese, ¿o no?

Nos seguimos leyendo si gustan.


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3 respuestas a “Qué insignificantes somos, ricos, pobres, da lo mismo”

  1. Totalmente de acuerdo! Y en mi caso que por circunstancias y decisiones en mi vida, me encuentro solo, mis hijos con su mamá (por la separación), es cuando más se valora el tener una familia, atravesando esta contingencia solo con mi perrihijo es bonito valorar a los hijos a los padres y porque no? Hasta a la “ex”, Bendecidos aquellos que tienen más que una casa… un hogar!… me explico? Saludos Arqui!

  2. Joven Nacho, reitero el comentario la vida nos da oportunidades, y creo que tanto para el planeta como para nosotros como padres, madres, abuelos, abuelas, etc nos demos cuenta cuanta falta le hacemos a nuestras nuevas generaciones para trasmitir plenamente los valores que se han perdido y tal vez con ello tengamos personas valiosas, saludos.

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