¿Por qué se lee?
Manuel Ramiro Hernández

Visión Integral

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Parece ser que la conducta de Marx Arriaga intenta quitar el disfrute a la literatura, para convertirla únicamente en un método de sometimiento y disciplina alrededor de las ideologías; lo malo es que…

Imagen: Revista Leemos.
Imagen: Revista Leemos.

Lectura: ( Palabras)

Como me describo en la presentación para nuestro periódico soy y he sido un lector dedicado y desordenado. Mis hábitos de lectura creo que se los debo a varias personas, la primera a mi padre, quien era un gran lector y desde muy pequeño me acercó dejando en mi cuarto lecturas que me fueron enganchando, por cierto, no todas eran del tipo que se acostumbraban para niños, gracias a él empecé a leer a los clásicos españoles, franceses y especialmente a los rusos de los que era un apasionado; la segunda referencia fue mi maestra Villalobos, que en la secundaria nos daba actividades culturales y tenía un especial encanto para seducir y hacernos leer; por otro lado, mi abuelo materno era un apasionado lector de autores de la Revolución mexicana y en las estancias vacacionales me leí desde a Azuela hasta Urquizo y Campobello. No tenía nada de Martín Luis Guzmán, al que descubrí después y del que me convertí en admirador. También tuvo que ver mi primo Emilio, quien era y es un lector voraz y al que muchas veces acompañé a intercambiar y comprar libros usados al mercado de la Merced.  

Desde entonces me volví un lector sin orden ni concierto, pero que asiduamente practica el hábito de la lectura. Nunca llevé un curso de literatura, ni de lectura rápida ni de apreciación de la escritura ni de nada, me hice a mí mismo leyendo. Con algunos amigos, disertando sobre esto, he mencionado que me arrepiento a veces de no haber tenido una guía experta para mis lecturas; uno de ellos me dijo en cierta ocasión que era algo bueno porque quizá no me hubiera vuelto un lector tan apasionado. Un tiempo fui lector especialmente de los clásicos, a los que, por supuesto, no leí totalmente, pero desde hace años soy lector de las mesas de novedades, especialmente de ficción, porque son las obras que mayor placer me acarrean, y como alguna vez discutí con un experto, no quiero ni puedo esperar a que algunos de ellos se vuelvan clásicos. Durante la presentación virtual de un libro en la Feria del Libro para la salud, fui presentado por un querido amigo como un lector hedonista, lo cual creo que me lo expresó así primero porque me conoce, y después porque me acepta y me aprecia; yo lo recibí como un elogio porque eso soy un gozoso de la lectura.

Benito Pérez Galdós

Durante la reclusión obligada de estos tiempos, además de seguir haciendo mi trabajo, traté de leer más y lo conseguí, me acerqué nuevamente a Balzac, Pérez Galdós y Emilia Pardo Bazán, a los que prácticamente agoté otra vez; también tuve la oportunidad de acercarme una vez más a Luis Spota, de quien soy un admirador ‒aunque decirlo sea intelectualmente incorrecto‒, y leí su obra política. En fin, soy el típico lector que lo hace por el placer, por el gusto de hacerlo, aunque no sea la intención primordial.

Uno aprende muchas cosas al leer, Susan Sontag dice que sólo leyendo uno concibe que existen otras cosas. Hace sólo unos días fui invitado por un gran amigo a participar en una sesión de la Academia Nacional de Medicina, que trataba sobre Medicina y Literatura. Él, Alberto Lifshitz, habló sobre la obra de León Tolstoi y su acercamiento a la medicina y a la enfermedad. Julio Sotelo habló sobre las aportaciones de Oliver Sacks a las neurociencias y su difusión a la población general. Enrique Ruelas habló sobre El Quijote como libro de medicina.

A mí me tocó hablar de la lectura, de la literatura como un auxiliar en el aprendizaje de la medicina. Hace muchos años estoy empeñado que el médico que lee puede ser mejor médico, porque se genera empatía hacia el enfermo, se conoce la enfermedad a través del tiempo, se puede observar lo que el enfermo siente con su padecimiento, lo que los familiares sufren, las reflexiones de colegas, hechas no solamente desde el punto de vista técnico, sino como experiencia vital, entre otras cosas, pero creo que siendo práctico lo que puede uno generar con los alumnos es el gusto por leer, disfrutar de la lectura como una experiencia auténticamente única. Habrá que aceptar que es una materia, una enseñanza remedial, porque el hábito de leer se debe generar entre la secundaria y el bachillerato, tiempos que en nuestro sistema de enseñanza están profundamente desatendidos y son, cuando menos, una parte de lo mal que nos está yendo.

susan sontag
Medicina y Literatura

En el año 2000 conocí a Jorge F. Hernández, y quien era mi secretario particular es su primo, mismo que me obsequió la Emperatriz de Lavapies, y cuando le comenté que ya la había leído y que me había gustado mucho, organizó que nos tomáramos un café con su primo. En ese momento no era un autor tan famoso, y me encantó conocerlo; es un tipo simpático, ocurrente, culto, sin falsas pretensiones, lo he seguido y me ha seguido gustando, aunque no he leído su última novela El bosque flotante. No me extraña que haya sido nombrado agregado cultural, o algo parecido, en la Embajada de México en España, porque como decía, es un hombre muy culto y ya en la Emperatriz queda demostrado su interés y conocimiento por la cultura y por las relaciones de México y España.

Hace sólo unos días Jorge fue despedido de su cargo en la Embajada en Madrid, al parecer por una crítica realizada en su columna de Milenio  a las declaraciones de Marx Arriaga, director de Materiales Educativos de la SEP, quien había dicho durante un curso de Formación de docentes lectores en la Escuela Normal Nacional, que “leer no debe ser un acto individualista de goce, que esto es un acto capitalista, que se debe leer con el compromiso de mejorar ala sociedad”. Hernández con su ingenio y humor se burló de lo expresado, y ante ello se le cesó por el Director de la Diplomacia Cultural, Enrique Márquez: por “comportamientos graves y poco dignos de una conducta institucional”. 

Recuerda que vas a morir
Ante todo no hagas daño

En redes sociales se comenta que Arriaga goza de las simpatías de la Sra. Gutiérrez Müller, quien, por cierto, ya había desatado otra polémica al pedirles a los ilustradores y grabadores que dieran sin costo su trabajo para los nuevos libros de texto como una labor de enaltecimiento de la patria. En todos los regímenes totalitarios hay un ataque a las artes y el pensamiento que no se alinea con sus ideas, existen muchos ejemplos, quizá uno de los más tristes es el de Shostakovich en la Unión Soviética, quien según les venían las cosas a los gobernantes era calificado de conservador y retrógrada y se pasó la vida tratando de componer obras que fueran ‒o cuando menos parecieran‒ revolucionarias; periódicamente pasó de ser un compositor del régimen a ser enemigo del mismo por lo que apreciaban que parecía su música. Ni la composición de la Quinta Sinfonía ni la muerte de Stalin lo libraron de las acusaciones que le persiguieron hasta la muerte; curiosamente no se exilió nunca, a pesar de poderlo haber hecho durante sus presentaciones en el extranjero, como sí lo hizo Stravinsky, que llegó a ser seguramente el mayor compositor del siglo XX. Jachaturián y Prokofiev también pasaron a ser intermitentemente atacados y castigados a cobijados y premiados, a pesar de lo que vivieron principalmente en Rusia y de poderlo haber hecho en otros lados; Prokofiev estuvo varios años en Estados Unidos.

Catalogar a la música como progresista y revolucionaria, o decadente y retrógrada, es absolutamente absurdo. La música despierta en el oyente las más variadas sensaciones y son siempre individuales e irrepetibles. A no ser que se encasille como le sucedió al “Aprendiz de Brujo” de Paul Dukas, que con la película de Walt Disney, al escucharla uno sólo imagina al Mickey Mouse subiendo por afuera del faro. La música refleja sentimientos diferentes, individuales, que de ninguna manera se pueden encasillar.

ser mortal, libro de Atul

Los tiranos y sus paleros siempre han buscado métodos de sometimiento intelectual que impidan la crítica, aunque sea productiva, y sólo buscan el sometimiento y el halago. Parece ser que la conducta de Marx Arriaga intenta quitar el disfrute a la literatura, para convertirla únicamente en un método de sometimiento y disciplina alrededor de las ideologías; lo malo es que hay otros funcionarios que están de acuerdo y lo respaldan. Desde luego, quitar el disfrute a la lectura es una tarea imposible.

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3 respuestas a “¿Por qué se lee?”

  1. Como todas las pasiones, la lectura se disfruta. Si no fuera así, ¿qué sentido tendía la lectura? Todo sería gris y sin motivación, por que ¿a quién no ha atrapado una lectura? ¿a quién no le ha cambiado la vida una lectura, una frase, una palabra?
    Me gustó mucho leer su reflexión, por que justo me recordó la influencia que la lectura tuvo en mí. Espero que eso lo comprendan los encargados de la enseñanza de nuestros niños y jóvenes.

  2. Marx Arriaga nunca dijo “leer no debe ser un acto individualista de goce, que esto es un acto capitalista, que se debe leer con el compromiso de mejorar a la sociedad”. Creo que debiera investigar y confirmar para poder desarrollar este artículo en hechos ciertos y verificados por Usted.

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