¿Paciencia?
Blanca Esthela Treviño
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El valor no es la ausencia de miedo, sino la habilidad de cada persona para enfrentarlo. Son difíciles los tiempos que vivimos, ciertamente, pero no esperemos una oportunidad, sino salgamos a buscarla. Nadie puede volver atrás y enmendar el pasado…

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CATEGORÍA: Opciones | Opinión


Dicen que la paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces. ¿Paciencia? Paciencia hemos tenido los mexicanos por varios siglos. En México tanto la raíz como sus frutos han sido amargos para la gran mayoría.

Hemos escuchado por ahí que nunca se debe gatear cuando se tiene el impulso de volar. Sí, volar. Tenemos alas. No tomemos en cuenta la profundidad de nuestra caída, sino mejor precisemos con qué hemos tropezado. ¿Ignorancia? ¿Valemadrismo? ¿Miedo?

El valor no es la ausencia de miedo, sino la habilidad de cada persona para enfrentarlo. Son difíciles los tiempos que vivimos, ciertamente, pero no esperemos una oportunidad, sino salgamos a buscarla. Nadie puede volver atrás y enmendar el pasado, pero cualquiera puede empezar hoy y crear un nuevo final.

Se afirma que no es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma. Los chicos necesitan modelos, anhelan héroes que estimulen las fibras más sensibles de su ser.  Los jóvenes se encuentran desesperanzados, perdidos, sin brújula en la selva del mundo de los adultos, cada vez más siniestro. La necesidad de transgredir se incrementa en ellos cuando les es difícil identificarse con la hipocresía de los adultos: cuando les decimos una cosa y hacemos otra; cuando son unas nuestras creencias y otros nuestros afanes. Cuando separamos la fe religiosa de nuestros actos cotidianos. Cuando reprobamos la conducta de la juventud y no reparamos en que hemos alimentado a las nuevas generaciones con el veneno de la violencia.

¿Paciencia? Sí, paciencia para enseñar a cerebros perezosos, saturados de imágenes sádicas, desenfrenadas, que ofrecemos a diario en series y películas. Sus almas están sedientas de ideales, de héroes, de actos generosos. Ese sí es un enorme reto; no requiere paciencia para soportar nuestra desventura, sino compromiso para remediarlo.

paciencia
Imagen: Revista Vive.

La educación no cambia al mundo, sino a las personas que van a cambiar el mundo. La dignidad del maestro es un regalo para la sociedad, un estímulo para la familia, una bendición para los alumnos. Educar es un arte, y quien educa es un artista: pulir, cincelar y diseñar con paciencia y tolerancia las habilidades de cada alumno para hacer de ellos una obra de arte universal. “Un libro abierto es un cerebro que habla; cerrado, un amigo que espera; olvidado, un alma que perdona; destruido, un corazón que llora.” (Proverbio hindú).

Si penetramos bajo la embravecida superficie de nuestro presente descubriremos que la gigantesca ola de cambio ya está golpeando nuestras vidas, lo cual provoca conflicto y tensión a nuestro alrededor en todos los campos, desde la vida personal hasta la política. Pero también puede hacer posible distinguir aquellas innovaciones que son meramente cosméticas -sólo por encimita- o aquellas que son las verdaderas ideas luz en que la pregunta correcta suele ser más importante que la respuesta correcta a la pregunta equivocada. Mantener a un país en la ignorancia y en la confusión es una forma de esclavitud.

La meta es lograr un acuerdo democrático que suministre respuestas, y plantee también muchas preguntas nuevas. Conceder, incluso a los adversarios, la posibilidad de verdad parcial, y a uno mismo, la posibilidad de error. Lo mejor de tocar fondo es que ya no podemos caer más… a partir de entonces sólo nos queda subir.

En una época de explosivos cambios en que se formulan las más amplias preguntas acerca de nuestro futuro como nación, las preguntas no son una simple cuestión de curiosidad intelectual. Son una cuestión de supervivencia.

Las promesas significan todo, pero cuando no se cumplen, las disculpas y las excusas no significan nada.

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Arte y Dinero


( Palabras)

La RAE la define por su origen latino, como la capacidad de soportar el sufrimiento, de “patientia” o cualidad del que sufre. Sin embargo, es muy cercana a ciencia que es una palabra latina y significa conocimiento. Es de sabios aceptar la espera, soportar o tolerar, tener el tiempo de pensar antes de actuar. Eso es lo que se ha terminado, el tiempo. La virtud del progreso es la velocidad, y si algo se atrasa es ineficiente, molesto, y lo desechamos. Eso lo hemos prolongado a la vida cotidiana, todo debe ser rápido, las relaciones personales se hacen con apps, se elige y se cambia a otra app, hasta encontrar lo que en ese instante funciona.

La fama no tiene paciencia, hay más vida que fama. El olvido es más veloz que la fama, la alcanza y la fulmina, se sigue de largo y no mira para atrás. Cientos de cantantes que tuvieron una gran “fama” que llenaron estadios, se mueren, y leemos sus obituarios en los periódicos, con esa noticia vuelven a aparecer en los medios, esa efímera resurrección se desvanece, ya se irá otro, y otro más.

¿Habrá paciencia para esperar a que regrese lo perdido? ¿Cómo se pasa de los reflectores más enceguecedores a la oscuridad sorda y muda? Hay cantidad de películas que analizan esa tragedia, desde Sunset Boulevard de Wilder, a Erase una vez en Hollywood de Tarantino, con el personaje de Di Caprio, que interprete a un actor decadente, o la reciente Babylon, que termina con el suicidio del personaje rebasado por el cine sonoro y olvidado por el público. Los ultra famosos tienen que esperar a que la muerte tenga piedad de su miserable anonimato y se los lleve a las telarañas del círculo del infierno que alberga el salón de la fama.

Es más difícil adaptarse al anonimato recién adquirido, que, a la fama ganada por accidente. El concepto se ha distorsionado, porque la fama ya no es privilegio de los actores o cantantes que mueven masas, las redes han inventado otra forma de fama. La viralización hace que gente que no ha realizado ningún esfuerzo se haga famosa accidentalmente, y eso está creando otro salón de la fama: los anónimos virales.

El fenómeno inició con los reality shows y ahora con las redes la realidad es virtual e instantánea. La paciencia es una virtud, soportar ese sufrimiento de regresar al vacío es una condena. ¿Existirá la ciencia, es decir el conocimiento para saber cómo vivir sin añorar eso? En una encuesta realizada en China y Alemania en 2016 preguntaron a adultos jóvenes en qué soñaban despiertos y el 60 por ciento respondió que en ser famosos, el resto en ser ricos.

Se trabajaba con paciencia para ser famoso, y sostener la fama es un trabajo, por eso es trágico cuando un artista de valor regresa a la nada. Los anónimos virales no hacen esfuerzo, y sin paciencia estallan y con la misma velocidad el olvido se los traga.

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La tierra de los espejos


( Palabras)

Todos tenemos el recuerdo del momento en que el asombro se nos apareció por primera vez. Sea como un destello deslumbrante o un instante doloroso, cada persona guarda en su memoria una experiencia primaria en la que el velo de la supuesta normalidad cayó y ya nunca más fuimos los mismos. Esos sucesos, para muchos, resultan un punto de inflexión definitivo. 

La perplejidad supone una oportunidad para la acción o el estupor. En el primer caso, el devenir, más allá de la interpretación que hagamos de lo experimentado, nos impulsa a cruzar nuestros límites y lanzarnos a la aventura de hacernos más resilientes, a ser más conscientes de lo que tenemos en juego ante nosotros. El camino que se nos abre es, ante todo, una invitación a ir por más, a traspasar bordes y fronteras, a atrevernos, aunque por dentro el miedo nos devore.

Por otra parte, el estupor, nos paraliza, nos obliga a detenernos, ya sea aterrados o ensimismados en pensamientos y respuestas construidas mucho más sobre teorías funcionales a una posición que nos resulta conocida, que sobre una realidad objetiva. En el estupor reside el miedo, pero también el instinto de supervivencia.  Al fin y al cabo, no se trata de cobardía, sino que de la búsqueda fisiológica y mental de una oportunidad, de una posibilidad de salir del lugar inhóspito en el que nos encontramos.

perseverancia
Imagen: he Business Journals.

El asombro, sea como una posición de impulso o parálisis, es siempre un punto en el que convergen la suma de nuestras experiencias libidinales, junto con nuestros deseos, fobias, conciencia de muerte y profundo apego a la vida. 

Es en ese espacio, en esa instantaneidad, donde el optimismo puede constituir una experiencia fundacional. Es éste el que posibilita, sea desde el desborde de energía de nuestras pulsiones o desde la cautela del espectador que aguarda el momento propicio en que la perplejidad se normalice, aquello que nos permita escapar de lo que nos aturde y desconcierta.

Pero el problema trasciende al optimismo en todos sus formatos o a la estupefacción que ha estallado ante nuestros ojos. La verdadera dificultad es el apuro, la prisa por escapar del dolor o por profundizar el goce. La impaciencia es un mal que nos afecta a todos. 

Las experiencias delirantes del asombro se vistan como enamoramiento o espanto, inevitablemente llevan consigo la trampa del tiempo. La percepción subjetiva y hasta irracional de que hay algo que no debemos dejar escapar o, por el contrario, de que debemos huir, a como de lugar, del momento en el cual nos encontramos, apostando a que de esa manera aquello que está ocurriendo deje de ser real.  Sea como un “no quiero dejar de sentir lo que siento” o “no quiero que pase lo que está pasando”, la perplejidad va siempre entrelazada a la impaciencia.

paciencia en la vida
Imagen: La Mente es Maravillosa.

El optimismo realista puede ayudar a resolver la ecuación; pero para ello hay que apostar a la lucidez antes que al deseo. Todos sabemos que la verdad de los milagros siempre esconde costos hundidos que preferimos omitir centrándonos en el resultado, antes que en proceso.  Pero claramente eso no es más que una postura facilista carente de todo rigor intelectual e incluso juicio de realidad. La mayor parte del espacio de tiempo que denominamos nuestro ciclo vital, no está formado ni por puntos de partida, ni por metas, sino por los períodos que unen esos puntos. El optimismo consiste, en definitiva, en transitar nuestro espacio temporal con consciencia reflexiva, capacidad de goce, valentía y determinación.  El estupor es tan necesario como el impulso vital. La verdadera antagonista del asombro y la creatividad es la impaciencia.

Ya nos lo dijo Kafka: “Dos pecados capitales existen en el hombre, de los cuales se engendran todos los demás: impaciencia e indolencia. Fue a causa de la impaciencia que lo han expulsado del paraíso, al que no puede volver por culpa de la indolencia. Aunque quizá no existe más que un sólo pecado capital: la impaciencia. La impaciencia hizo que lo expulsaran, es con motivo de la impaciencia que no regresa”.

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