La trágica derrota de Occidente en Afganistán
Juan Patricio Lombera

El viento del Este

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Pese a lo que digan algunos comentaristas de política internacional y el propio Biden, Estados Unidos ha perdido, pero esta derrota no es exclusiva de los norteamericanos. Éste es un fracaso de todo Occidente.

Foto: The New York Times.
Foto: The New York Times.

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En las últimas semanas, el mundo vio consternado el avance imparable de los talibanes hacia Kabul. Desde el momento en que Biden confirmó la salida de las tropas americanas, antes de septiembre, el ejército afgano apenas presentó resistencia. No se había cumplido aún el plazo y la capital ya estaba controlada por los talibanes que, veinte años después, retomaron el poder. El presidente electo, Ashraf Ghani, huyó del país y los europeos y norteamericanos montaron sobre la marcha una misión de rescate para sacar a su gente y a aquellos afganos que colaboraron con ellos durante estos años. En los periódicos circuló la foto de un helicóptero sobrevolando la capital, que recuerda lejanamente la célebre foto de la evacuación de Saigón. Sin embargo, la imagen de centenares de personas invadiendo la pista del aeropuerto e intentando trepar en los aviones fue la que mejor reflejó el caos que se vive en la capital afgana. Lo cierto es que la magnitud de esta tragedia es muy superior a la de Vietnam.  Como colofón de este desastre, un doble atentado terrorista ha dejado al menos 170 muertos en las inmediaciones del aeropuerto de Kabul.

No obstante, el presidente Joe Biden proclamó que las misiones que los llevaron a ese lejano país se habían cumplido. Es decir, debilitar a Al Qaeda y capturar a Bin Laden. A partir de ahí, según él, la culpa del colapso del país sería única y exclusivamente del propio gobierno afgano y de su ejército que no quiso luchar contra los talibanes. Independientemente de que sea cierto en parte, habría que tener en cuenta otros elementos a la hora de evaluar el resultado final.

talibanes pisan kabul
Foto: Primera Línea.
Ashraf Ghani
Ashraf Ghani (Foto: Yahoo Noticias).

En primer lugar, hay que destacar que esta guerra no sólo era legítima, en función de que los talibanes daban cobijo a Osama Bin Laden, sino que contaba con el respaldo mayoritario de la comunidad internacional. Se esperaba que esta guerra fuese la tumba de los talibanes. No olvidemos que estos fanáticos religiosos cometieron miles de ejecuciones antes de la guerra, hicieron retroceder su país a la Edad Media, anularon los derechos de las mujeres y destruyeron, por citar un caso, los budas gigantes de Bamiyán. Además, les prohibieron a los niños jugar con sus cometas por considerarlo una distracción que los alejaba del estudio del Corán. Era de esperar que, con el apoyo militar y económico de occidente, los talibanes pasasen a la historia. Y no se puede decir que se haya escatimado en la ayuda.  Ochenta y tres mil millones de dólares en gasto militar y una cantidad superior en ayuda humanitaria deberían haber bastado para crear un ejército eficiente y cimentar un nuevo Estado. Sin embargo, nadie tuvo en cuenta el factor de la corrupción. La ayuda humanitaria nunca llegó al campo y en cuanto al ejército, ¿cómo se puede esperar que éste luche si lleva meses sin cobrar o, peor aún, si ni siquiera le llegan el agua y los alimentos?

Otra de las cosas difíciles de entender es la alianza de los Estados Unidos con países como Pakistán y Arabia Saudí. El primero era hasta el año 2001 el único valedor de Afganistán y se convirtió en santuario de los talibanes tras la invasión norteamericana y de sus aliados. En cuanto a Arabia Saudí, este país es el principal promotor y exportador de la ideología salafista de la que se nutren todos los integristas islámicos. Pese a ello y a los atentados de las torres gemelas de 2001, ambos países cuentan con la bendición de los Estados Unidos.

budas gigantes de Bamiyán
budas gigantes de Bamiyán (Foto: Proceso).
volar cometas en Afganistan
Foto: El País.
mujeres afganas
Foto: El Mundo.

Ahora bien, la guerra ha concluido y los talibanes han ganado. Si había una guerra que se debía ganar era ésta. Pese a lo que digan algunos comentaristas de política internacional y el propio Biden, Estados Unidos ha perdido, pero esta derrota no es exclusiva de los norteamericanos. Éste es un fracaso de todo Occidente. En efecto, de todos los valores occidentales; democracia, tolerancia, igualdad entre hombres y mujeres, etc., han quedado borrados desde el mismísimo momento en que los talibanes tomaron Kabul. Aferrarse a las promesas de los integristas, en el sentido de que se respetarán los derechos de las mujeres en el marco de la ley islámica (vaya usted a saber qué significa eso) o que no se represaliará a los colaboradores afganos de los aliados es hacerse ilusiones vanas. La realidad próxima es la que ya vivimos en 1996. Se viene una ola de ejecuciones sumarísimas, a cual más salvaje, con exposición de cuerpos en las calles. Las mujeres y las niñas volverán a perder todos sus derechos y Afganistán volverá a ser el santuario de grupos terroristas que pronto atacarán a Occidente.

China y Rusia creen que pueden controlar a la bestia y tener buenas relaciones con ellos. China apuesta claramente por domarlos mediante inversiones para la reconstrucción, a cambio de llevarse una suculenta tajada de los minerales del país. En cualquier caso, ambos países ponen como condición que los talibanes no ayuden a sus enemigos. Dudo que esta política de aplacamiento sea exitosa. Se puede domar a una bestia feroz, pero no a un fanático religioso.

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