Ropajes incómodos
Fulvio Vaglio Bertola
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Las declaraciones de principio de Zabihullah Mujahid sólo son una máscara temporal, mientras se negocian otros puntos de la agenda, como…

Foto: Lindsey Wasson/Reuters.
Foto: Lindsey Wasson/Reuters.

Lectura: ( Palabras)

El 30 de agosto pasado Al-Jazeera publicó un interesante artículo de opinión de Malia Bouattia (activista de derechos civiles y expresidenta del Sindicato británico de Estudiantes, NSU). Habla del revuelo causado por la elección de uniformes “unisex” por parte de la Federación Alemana de Gimnasia en los pasados Juegos Olímpicos, como una respuesta alternativa a la sexualización de la imagen de mujeres deportistas. Bouattia reconoce la importancia simbólica de la iniciativa, pero considera que, con todo y todo, fue una ocasión perdida. Precisamente la atención mediática despertada por los unitardos alemanes –sostiene Bouattia– hubiera sido la ocasión propicia para una discusión a fondo de la explotación comercial de la imagen de la mujer (en el deporte y fuera de él); en cambio, el alcance general del tema fue soslayado. 

El artículo de Bouattia empieza con el ejemplo de la gimnasia alemana, pero inmediatamente se desplaza hacia el derecho de las mujeres musulmanas de vestirse como les parezca, dentro y fuera de los estadios. A este propósito cita el historial errático de la legislación alemana entre 2005 y 2021, con la Corte Federal prohibiendo en principio la discriminación contra las mujeres con base en sus creencias religiosas (hijab incluido), y las autoridades estatales haciendo caso omiso: hoy, de los 16 estados federados, la mitad tiene leyes o reglamentos que restringen el uso de velos que cubren la cabeza (no sólo el rostro).

El artículo no hace referencia a la situación en el Reino Unido; en cambio habla de Francia como un ejemplo de auto-organización de las mujeres musulmanas: cita un grupo de futbolistas autodefinidas Les Hijabeuses (“las del hijab”) que tienen una demanda pendiente con la federación francesa del futbol para que se les permita jugar con el velo islámico. ¿Reedición del “football aux footballeurs” de 1968?

Casi en los mismos días la cadena televisiva France 24 (más o menos, la competencia francófona de CNN con un toque más decididamente feminista) dedicó varios reportajes a la situación de las mujeres afganas en época de Talibán. Uno de ellos hablaba de las deportistas afganas, quienes pudieron participar en los Juegos Olímpicos pero no en los Paralímpicos, pues, entre uno y otro evento, se interpuso la conquista del país por parte de los Talibanes.

mujer afgana
La velocista afgana Kimia Yousofi en los Juegos Olímpicos de Tokio (Foto: Jewel Sawad, AFP).

También, en este caso el problema va más allá del deporte. Otros dos reportajes de la misma serie cuestionan la credibilidad de los compromisos verbales de los Talibanes: formar un gobierno incluyente, no buscar venganza contra los enemigos políticos y militares, respetar los derechos de las mujeres en términos de acceso a la escolarización, al mercado del trabajo y a la participación en la vida política (como corolario, no imponer el uso del burqa afgano). La respuesta es básicamente negativa: las declaraciones de principio de Zabihullah Mujahid sólo son una máscara temporal, mientras se negocian otros puntos de la agenda, como el reconocimiento internacional, el relajamiento de las sanciones económicas y la liberación de los préstamos del FMI.

Zabijullah Mujahid, portavoz del “nuevo Talibán”
Zabijullah Mujahid, portavoz del “nuevo Talibán” (Foto: Reuters).

La realidad del Talibán es representada más bien por los “duros” del viejo régimen, como lo confirma la formación del nuevo gobierno anunciada el 7 de septiembre:

Por el momento, parece que, en lo que concierne el derecho de las mujeres, el “marco islámico” se va a interpretar de manera parecida a la época 1996-2001: la mujer no va a poder salir de casa sin un acompañante masculino, no va a poder estudiar después de la pubertad ni trabajar en áreas que la pongan en contacto directo con su contraparte masculina, ni participar activamente en la vida política.

Hay resistencia de las mujeres: en realidad, las esporádicas manifestaciones callejeras de las que se ha tenido noticia en estos días han sido protagonizadas por mujeres mucho más que por hombres.

Inclusive el uso o no del burqa se está volviendo un arma de negociación: una foto de AFP muestra a mujeres dispuestas a ponerse el burqa integral si se garantiza el derecho de sus hijas a estudiar.

manifestacion mujeres musulmanas
Foto: Getty Images.

¿Primer y tercer mundo? Bouatta termina su artículo con la consigna de lucha feminista: “nuestro cuerpo, nuestra elección”. Ojalá tuvieran la mima elección las mujeres del tercer mundo (América Latina y Estados Unidos incluidos, donde tampoco faltan talibanes disfrazados, como lo demuestra la andanada de los legisladores republicanos contra el derecho al aborto).

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