Mañana, 5 de junio, se conmemora el Día Mundial del Medio Ambiente, y por eso, desafortunadamente, los mexicanos debiéramos vestir de negro.
Esto se debe a que el medio ambiente dejó de tener importancia en nuestro país. Las voces de la ciencia que lo debieran proteger han sido perenemente desoídas y vituperadas.
En febrero de 2007 un panel intergubernamental bajo la égida de la ONU, apoyado en estudios científicos, confirmó que el Cambio Climático se debe inequívocamente a la actividad humana.
Según se señaló, el problema comenzó en 1750, a raíz de la Revolución industrial. A partir de entonces, la concentración atmosférica de gases que generan el efecto invernadero ha ido incrementando dramáticamente, teniendo como resultado el Calentamiento Global.

El 12 de diciembre de 2015, 196 países firmaron el “Acuerdo de París” a través del cual se comprometieron a tomar las medidas necesarias para impedir que continúe el incremento de la temperatura en el planeta.
Lo anterior marca un parteaguas en la historia de la humanidad: el haber logrado que todas esas naciones se unieran en un esfuerzo para asegurar la viabilidad presente y futura del planeta, en el claro entendido de que el peligro es inminente.
Orgullosamente, México es parte de ese acuerdo. Científicos de todo el mundo llegaron a la conclusión de que la única manera de salvaguardar al planeta es reduciendo la temperatura al menos 2 °C durante los próximos 10 años.
Se trata de un cometido difícil y costoso; para alcanzar la meta es indispensable disminuir la emisión de los gases que generan el “efecto invernadero”. Uno de ellos, es el bióxido de carbono (CO₂), que resulta del empleo de combustibles fósiles, en la industria, la generación de energía y el transporte.

Según datos del Banco Mundial, la ubicación geográfica de México lo convierte en uno de los países más vulnerables al cambio climático. Esto es comprobable debido a que: en las últimas fechas en el país hubo una pronunciada disminución de lluvias; el nivel del mar se ha elevado invadiendo los acuíferos, generando inundaciones y destruyendo humedales.
Por el contrario, algunos estados de la República, como Tabasco, fueron azotados por lluvias torrenciales cuya magnitud no tiene precedente, dejando sin vivienda a parte de la población. Administraciones anteriores se comprometieron a crear infraestructura destinada a cumplir con los compromisos adquiridos en el Acuerdo de París.
Uno de los proyectos fue la construcción de plantas generadoras de energía eólica, la cual es limpia y renovable. Pero, lamentablemente las instalaciones –arriba mencionadas– se quedaron a medio camino, ya que a partir de 2019 la política energética de nuestro país, dio un giro de 180 grados.
Hoy en el territorio nacional, la energía eléctrica se obtiene del combustóleo, el más contaminante de los derivados del petróleo, mismo que no emplea ningún otro país en el mundo.

Otro ejemplo desconcertante de la actual política energética es el hecho de que el “Tren Maya” –cuyos beneficios económicos son francamente inciertos– se desplazará a base de combustóleo.
Este proyecto de infraestructura viola sistemáticamente a la selva de la península de Yucatán, la tala de árboles, indispensable para su levantamiento, lo que se traduce en la destrucción del hábitat de miles de criaturas.
Paralelamente, el funcionamiento del tren pone en riesgo la conservación de los extraordinarios restos arqueológicos que hay en la península.
La tierra mexicana hoy agoniza lentamente. El clamor de los científicos se pierde en un marasmo de indiferencia y desaprobación.
Las súplicas de los pueblos mayas se desvanecen en el aire, igual que el llanto angustioso de los pescadores de Paraíso, en Tabasco, y la desesperación de los biólogos en Sinaloa, Quintana Roo, Veracruz y casi todas las entidades federativas.

Es por demás evidente que la sobrevivencia del medio ambiente no tiene cabida en el imaginario de la actual administración.
Los mexicanos estamos siendo victimizados por una narrativa mezquina que se construyó durante más de 15 años, apoyada en un andamiaje de odio y medias verdades.
Una narrativa cruel, decidida a sacrificar los recursos naturales, inmolando consuetudinariamente el bienestar de las generaciones que vendrán.
La actual administración parece desconocer los compromisos internacionales que, con el fin de asegurar la sobrevivencia del planeta, adquirieron sus predecesores.

Con rabia implacable, hoy los mexicanos somos testigos, mudos e impotentes de la destrucción irreversible de nuestros recursos naturales. Si nuestra tierra mexicana pudiese hablar, estaría aullando de dolor, su estruendoso alarido se escucharía en todos los confines del planeta.
Así es como conmemoramos los mexicanos el Día Mundial del Medio Ambiente.
Que fuerte!!! Que cierto y q triste!
Gracias por escribir lo que tantos sentimos y no sabemos poner en palabras