Caballos prehistóricos en México
Sara Gerson

Ecología y otras cosas

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Los conquistadores españoles no introdujeron al caballo en el territorio mexicano, sino que lo reintrodujeron.

Lectura: ( Palabras)

Sin lugar a duda el animal más ligado al hombre en la historia moderna, es el caballo; auxiliar indispensable en las tareas agrícolas, medio de transporte y por supuesto, hasta la primera Guerra mundial, compañero inseparable en la guerra.

Desde tiempos remotos, también en el deporte.

La historia, nos lega pruebas irrefutables: Alejandro el Magno no habría conquistado medio mundo sin “Bucéfalo”; Julio César libró celebres batallas cabalgando a “Genitor”; “Palomo” fue la montura del libertador Simón Bolívar, y Napoleón Bonaparte alcanzó sonadas victorias montando a “Marengo”

No resulta sorprendente, que la literatura le otorgue un sitio de honor a los equinos: a Don Quijote de la mancha, lo acompaña “Rocinante”, al Cid Campeador, la yegua “Babieca”, “El Zorro”, cabalga sobre “Tornado”; y ni hablar de una de las trampas más célebres de la literatura: El caballo de Troya

La historia de México, está íntimamente ligada a los equinos.  

Bernal Diaz del Castillo, en su célebre Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España, describe con lujo de detalle a los once caballos y cinco yeguas que se embarcaron con Hernán Cortés en Cuba, a bordo de los navíos; además, hace hincapié en el elevado costo de los equinos.

En ese entonces, el único animal similar al caballo que conocían los pobladores de Mesoamérica, era el venado, por lo cual, en un inicio pensaron que se trataba de un mamífero similar y así lo llamaron.

Tomó por sorpresa a los mexicas la estrecha relación que los equinos mantenían con sus jinetes.

En una carta que Cortés le envía al rey de España especifica: “…conquistamos gracias a Dios y a los caballos…”

Hace varias semanas, asistí a una reunión de Paleoecología convocada por la Sociedad Científica Mexicana de Ecología y el Museo del Desierto, en Saltillo y gracias a la reveladora conferencia dictada por el Dr. Oscar Carranza y Castañeda descubrí una realidad que hasta ese momento me parecía insólita:

Los conquistadores españoles no introdujeron al caballo en el territorio mexicano, sino que lo reintrodujeron.

En el pasado remoto de hace millones de años, en Norteamérica vivieron los antepasados del caballo, la cebra y el asno que hoy conocemos; los cuales pertenecen a la misma familia: Equidae.

Los paleontólogos afirman que hace entre 53 y 20 millones de años, los caballos eran pequeños; su alzada oscilaba entre 30 y 40 cm, además, las patas y las pezuñas eran distintas a las que hoy presentan sus descendientes.

Esos animales habitaban un ecosistema arbolado y se alimentaban de frutos, bayas, y hojas; la forma de su cráneo y su dentadura corta y plana, confirman que estaban adaptados a un ambiente selvático.

Es de suponer, que su piel tendría algún tipo de camuflaje, que les permitía esconderse entre la maleza para no ser detectados por los depredadores y escabullirse en un terreno en el que no era necesario contar con patas largas para recorrer grandes distancias.

En ese lejano entonces, hubo rutas de migración que incluían atravesar lo que hoy es el océano Atlántico y que en ese ultra remoto entonces, era mucho más estrecho o quizá aún no existía.

caballos prehistoricos mexicanos

Millones de años después, la separación de los continentes, restringió el derrotero de la migración de los ancestros de los caballos, al estrecho de Bering.

Los sucesores del antepasado común de los equinos -conocido con el nombre de Eohippus- , evolucionaron y en el transcurso de añales, las especies americanas se fueron diferenciando de las europeas .

Hace alrededor d 18 millones de años, los precursores del caballo, experimentaron importantes procesos de especialización, estos cambios anatómicos se dieron debido a la transformación de su hábitat y favorecieron su sobrevivencia en entornos menos arbolados y mucho más secos; lo anterior se tradujo también en un cambio en su alimentación.

Las patas de los equinos se tornaron más alargadas y surgieron los cascos; lo cual les facilitó recorrer grandes distancias a mayor velocidad, en zonas poco arboladas.

A pesar de sus adaptaciones, los caballos se extinguieron en América hace alrededor de 10,000 años; ahora, sus únicos descendientes en el continente son las llamas.

El primer hallazgo de restos de caballos prehistóricos en nuestro país, tuvo lugar hace 130 años, en el estado de Hidalgo. Como sucede la más de las veces, se encontraron accidentalmente mientras se exploraba la zona en busca de carbón.

El registro mexicano de fósiles de caballo es el segundo más grande de América, (Después del registro de Estados Unidos), abarca un periodo de tiempo amplísimo, de hace 55 millones de años, hasta hace 10,000.

El especialista en estos restos, es sin lugar a duda el Dr. Oscar Carranza y Castañeda quien, con el apoyo de su esposa, investiga a los antepasados de los caballos desde hace más de una veintena de años.

Su trabajo se basa en la recolección del material fosilizado in situ (en su lugar original) al tiempo que lleva a cabo un estudio estratigráfico, que permite ubicar con precisión la edad geológica de los restos.

(La Estratigrafía se encarga de identificar, estudiar e interpretar la secuencia tanto horizontal como vertical de las rocas que presentan capas definidas y distinguibles; esas capas se llaman estratos).

El estudio de estos fósiles, da cuenta de la amplísima diversidad biológica que existió en el centro de México durante el pasado lejano, a lo largo de millones de años.

De manera que podemos ser contundentes al afirmar que el origen del caballo se encuentra en el continente americano y los españoles únicamente lo trajeron de regreso.

No cabe duda de que aún quedan muchos secretos por descubrir en el suelo mexicano.

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