México y los diminutivos
Héctor Mendoza

La pluma ecléctica

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Hoy pensé en escribir un artículo chiquito, uno que fuera cortito tratando de explicar por qué nos gustan tanto los diminutivos.

Imagen: Dreamstime.

Lectura: ( Palabras)

Hoy pensé en escribir un artículo chiquito, uno que fuera cortito tratando de explicar por qué nos gustan tanto los diminutivos.

En nuestro día a día utilizamos, en mi opinión, en exceso los diminutivos, de hecho, mis amigos extranjeros no comprenden bien por qué estas cosas son así.

A los diminutivos les atribuimos diferentes connotaciones, una forma de evadir una realidad o francamente un medio para mentir. Por ejemplo, cuando decimos, “ahorita” te lo llevo, la expresión “ahorita” puede significar cualquier cosa, menos lo que debería significar, un acto inmediato.

Es común que nos digan, por ejemplo, al llegar a un restaurante que está lleno, “en un momentito” los pasamos. Un buen mexicano sabe que eso significa que, quien nos atendió, no tiene la menor idea de cuánto tiempo pasará para que seamos atendidos.

ahorita llego
Imagen: @mareoflores.

De hecho, cuando te dicen “un momentito” frente a un trámite burocrático, puede ser traumático, pues en el fondo sabemos que es imposible determinar cuánto tiempo transcurrirá.

En mi primera infancia, cuando me preguntaban “¿cómo te llamas?”, mi respuesta inmediata era: “mijito” Mendoza. Yo sinceramente creía que me llamaba “mijito”, pues mi padre así me decía todo el tiempo; “mijito”.

Ya en mi adultez evito al máximo los diminutivos. Sin embargo, en una ocasión mis alumnos me dijeron que, después de mi clase tenían otra con el maestro “Chuyito” y mientras les decía que no era correcto decir el maestro “Chuyito”, que sonaba despreciativo o incluso peyorativo, en ese momento justo pasó por ahí quien era la directora de la Facultad y me saluda diciendo, hola “Hectorín”. Como es de esperar, yo me puse de todos colores y mis alumnas soltaron una gran carcajada.

En fin, en nuestra cultura son muy comunes expresiones como “un ratito”, “un poquito” o “un momentito”, expresiones que generalmente significan exactamente lo contrario.

Peor todavía hay quienes usan el diminutivo del diminutivo y dicen: “en un momentititito” lo atendemos, o “ahoritititita” te lo llevo, lo que insisto no significa que las cosas sucederán –como sugeriría la expresión– ipso facto.

diminutivo ahorita
Imagen: Sopitas.

El diminutivo puede tener varias connotaciones, una es denigrar, por ejemplo, la típica frase de “es un Gutierritos”, para referirnos peyorativamente a alguien como sinónimo de es un pobre burócrata trabajador.

También se usan como muestra de cariño o aprecio, particularmente cuando se usan en relación a menores de edad. Por ejemplo, mi hijito, mi nietecito, mi sobrinita.

Además, pueden usarse como una forma de respeto, veneración, por lo que es común escuchar frases como: “Le pido a la Virgencita que me haga el milagrito”, o “Si diosito quiere, compraré un terrenito”.

Por último, cabe decir que muy probablemente el uso del diminutivo es herencia del náhuatl, hay quienes opinan que esta práctica es producto del sincretismo cultural derivado de la llegada de los conquistadores europeos a México quienes, para poderse comunicar con los nativos, tuvieron que aprender a hablar su lengua y adaptar el español al uso de los diminutivos existentes en la lengua náhuatl original.


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Nydia Egremy

Héctor Mendoza, con su ensayo, me recordó a la intelectual siria radicada en México Ikram Antaki. Esta inteligentisima investigadora social educada en Francia, encontró en México gran hostilidad y dificultades dentro de la academia por el celo de muchos, a su gran capacidad desde manifiestos hasta el ostracismo. Ikram lamentaba con sus allegados que al mismo tiempo que le imponían obstáculos para ingresar a centros de educación especial, miembros de la mezquina clase pseudo intelectual le decían cosas como “Qué linda eres, espera un poquitito más y verás soluciones” o “Mira hijita, así son las cosas acá, hay que ir despacito pues eres mujercita y vienes de fuera, hazte chiquita y aguanta”. Esos diminutivos ofensivos no le impidieron ser una de las mujeres más brillantes que han enriquecido nuestra vida cultural.

Hector Mendoza

En realidad una Mujer brillante. Y pues sí, estos valores culturales, parece que no nos dejan avanzar como sociedad. Saludos Nydia

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