La protección de la biodiversidad. Dar voz a las especies clave
Gerardo Gil Valdivia

Pensar el futuro

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Todas las especies son vitales para los ecosistemas, pero existe un tipo de especies que, de ser eliminadas, generaría una reacción en cadena catastrófica.

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México es uno de los 5 países con mayor biodiversidad en el mundo. Tenemos una enorme riqueza en ese ámbito. Sin embargo, a nivel global vivimos la sexta extinción masiva de especies en la historia de la Tierra, nuestra ‘casa común’.

Están en peligro de extinción cerca de un millón de especies vegetales y animales. Es el proceso de destrucción de especies más grave desde la extinción de los dinosaurios, hace 66 millones de años. Además, la principal diferencia con las extinciones anteriores es que la actual es producto de la acción humana y está provocada por los esquemas de crecimiento económico que hemos empleado en los últimos siglos, así como por el incremento de la población, que pasó de mil millones de personas, a finales del siglo XVIII, a 8 mil millones en la actualidad, esto es, en un lapso de casi 250 años. De igual forma, varias proyecciones demográficas señalan que llegaremos a 10 mil millones de personas en la década de 2050, antes de que la población mundial comience a decrecer.

Vivimos, como lo señala Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, una triple crisis planetaria, el cambio climático, la pérdida masiva de la biodiversidad y la creciente contaminación. En suma, estamos destruyendo y quemando el planeta, con consecuencias cada vez más tangibles en toda la faz de la Tierra.

Este proceso de destrucción de la naturaleza, degradación de los ecosistemas, pérdida de la biodiversidad, agotamiento de los recursos naturales, contaminación y grave crisis climática ha motivado una reacción de la comunidad internacional, principalmente desde la celebración de la primer cumbre del medio ambiente que organizó la ONU, en Estocolmo en 1972. A partir de ese momento toma particular relevancia la aprobación de un amplio marco normativo internacional en diversas materias que buscan detener la destrucción de la naturaleza, salvar al planeta del proceso de degradación al cual lo ha sometido la acción humana, frecuentemente irresponsable. Como lo señaló Gro Harlem Bruntland, el ser humano aprendió antes a hacer que a comprender.

La atención de la problemática global tuvo un momento particularmente importante con la aprobación de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, en 2015, los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible, en sus tres vertientes, económica, social y ambiental. En ese contexto, se han aprobado diversos instrumentos internacionales como el Acuerdo de París de 2015, para limitar la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y detener el calentamiento global. El objetivo es que la temperatura media del planeta no rebase, los 1.5°C o cuando mucho los 2°C en el curso del siglo XXI, lo cual tendría efectos catastróficos. Se han rebasado los nueve límites naturales del planeta, por la acción humana, todos relacionados entre sí, lo cual compromete el futuro de la humanidad. Entre ellos están el cambio climático, la pérdida masiva de la biodiversidad, el ciclo hidrológico y la disponibilidad de agua dulce; la acidificación de los océanos, la contaminación atmosférica y la emisión de nuevos compuestos, entre otros, lo cual provoca un estado de riesgo planetario, frente al cual no se está actuando con la profundidad y celeridad necesarios.

El Acuerdo de París ha seguido avanzando y se han celebrado posteriormente diversas cumbres internacionales en la materia, como las efectuadas en Glasgow y en Sharm El Sheikh. De la misma forma, en materia de protección de la biodiversidad, en diciembre de 2022 se aprobó el Marco mundial Kunming-Montreal de la diversidad biológica, que plantea renovar los compromisos de la comunidad internacional, para proteger al menos el 30% de la biodiversidad para 2030. En ese mismo sentido se celebró el llamado ‘Tratado de Alta Mar’, aprobado hace unos días para proteger los océanos, en lo referente a las aguas internacionales, también en un 30% para el año 2030. Así, el marco jurídico, denominado el ‘Tratado de Alta Mar’, colocará el 30% de los océanos del mundo como áreas protegidas, destinará más dinero a la conservación marina y cubrirá el acceso y el uso de los recursos genéticos marinos. Para Antonio Guterres se trata de un gran avance, después de 20 años de negociaciones. Este nuevo marco jurídico busca garantizar la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica marina de áreas fuera de la jurisdicción nacional. En este contexto, se celebró una reunión en el Senado de la República, en la que participó la Academia Mexicana de Derecho Internacional y la asociación ‘Keystone’, para la protección de las especies clave, o especies angulares, que son determinantes para el equilibrio y la protección de los ecosistemas, lo cual deberá concluir con las adecuaciones al marco normativo nacional, en particular a la Ley General de Vida Silvestre. Participaron también en esta reunión distinguidos académicos de diversas disciplinas, legisladores federales y representantes de pueblos y comunidades indígenas.

Las especies clave tienen un papel determinante en el equilibrio y balance los ecosistemas. Todas las especies son vitales para los ecosistemas, pero existe un tipo de especies que, de ser eliminadas, generaría una reacción en cadena catastrófica.

La protección de la biodiversidad. Dar voz a las especies clave

Sin embargo, es claro que falta mucho por hacer. Al respecto, el lunes 20 de marzo se presentó el más reciente informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Como señaló, el Secretario General de la ONU, al dirigir un mensaje sobre este informe, el ser humano es responsable de prácticamente todo el calentamiento global de los últimos 200 años. El ritmo de aumento de las temperaturas en el último medio siglo es el más alto en los últimos 2000 años; las concentraciones de dióxido de carbono son las más elevadas desde hace al menos dos millones de años. La cuenta regresiva de la bomba de relojería climática está en marcha. Pero el Informe del IPCC también plantea soluciones. A su vez, Guterres le ha propuesto al G-20 un Pacto de Solidaridad Climática mediante una Agenda de Aceleración. Sin embargo, se enfrentan nuevos problemas. Después de la aprobación de la Agenda 2030 de Naciones Unidas y del Acuerdo de París, que han significado avances, al menos en el plano normativo internacional, el mundo padeció la pandemia del COVID-19, así como la invasión rusa a Ucrania. Estos acontecimientos han generado dejar de cumplir las metas en materia de sustentabilidad ambiental para lograr, en el caso del COVID-19, la recuperación económica en el más corto plazo. De igual forma, en el caso de la invasión rusa a Ucrania, la solución de los graves problemas energéticos en Europa, así como en otros ámbitos a nivel global han causado un retroceso no sólo de la consecución de las metas ambientales, sino de otros objetivos para el desarrollo sostenible contenidos en la Agenda 2030. Además, ahora hay que agregar la incertidumbre que se vive en los mercados financieros internacionales derivados de las quiebras del Silicon Valley Bank, del Singularity Bank, y el First Republic Bank entre otros, así como la problemática de Credit Suisse. Si bien es cierto que, al momento de escribir estas líneas, el riesgo de una crisis financiera internacional parece controlado, está latente el peligro de nuevas crisis en la materia. Esto se debe a que buena parte de la economía mundial está capturada por la especulación financiera.

En un mundo crecientemente polarizado y con sociedades cada vez más divididas y enconadas, la solución de los problemas de fondo se ven subordinados a las soluciones de corto plazo.

A nivel global es urgente actuar. Una hoja de ruta la proponen los promotores de la iniciativa ‘Earth for All’, un planeta para todos, el Club de Roma, la Universidad de Oslo, el Instituto Potsdam para el estudio del Cambio Climático y el Centro de Resiliencia de Estocolmo. Para el desarrollo de esta iniciativa se sigue la tradición metodológica que caracteriza al Club de Roma en el sentido de los análisis de carácter transdiciplinario, multisectorial para tener una visión holística y de largo plazo. Asimismo, al igual que en el Informe ‘Los límites del crecimiento’, se utiliza el esquema de la dinámica de sistemas.

En el proyecto ‘Earth for All’, se plantea que existen dos escenarios. En el primero, que denominan: ‘Demasiado poco, Demasiado tarde’ se sostiene que de continuar actuando con las políticas públicas aplicadas en los últimos 40 años los problemas sociales y ambientales se continuarán agudizando.

En el segundo, se realza un gran cambio a nivel global, por el cual se afrontan los graves problemas de la agenda internacional. En esta iniciativa, se plantea que, para lograr los objetivos de la agenda global, en el sentido de detener la destrucción de la naturaleza y la degradación del medio ambiente, es necesario también erradicar la pobreza y el hambre, así como disminuir la desigualdad en el mundo. Al respecto, se plantean efectuar cambios antes de 2030, ya que esta década es determinante y se proponen cinco acciones básicas e inmediatas: 1.) Eliminar la pobreza. El objetivo es lograr una tasa de crecimiento del PIB de al menos el 5% para los países de ingresos bajos hasta que el PIB por persona sea superior a 15,000 dólares anuales. Para ello, se propone reformar los sistemas financieros internacionales y la normativa comercial para apoyar a los países de bajos ingresos, reduciendo la pobreza multidimensional y permitiendo el progreso económico sostenible para todos; 2.) Reducir la desigualdad. Se propone un conjunto de medidas financieras y fiscales a nivel nacional, así como tratados fiscales internacionales para evitar la evasión y la elusión fiscal de grandes empresas globales; 3.) Empoderamiento a las mujeres y otras personas desfavorecidas como es el caso de los pueblos y las comunidades indígenas, así como de minorías étnicas y religiosas en distintos estados nacionales para que disfruten de igualdad de acceso a la educación, derechos económicos y sociales, poder y activos para 2030; 4.) Transformar el sistema alimentario para que sea regenerativo y sostenible, que funcione para todos dentro de los limites planetarios. Se trata además de proporcionar dietas saludables para las personas sin destruir el planeta, deteniendo la pérdida de la biodiversidad y protegiendo los bienes comunes globales para garantizar alimentos para todos sin destruir la naturaleza y la salud. 5.) Transformar el sistema energético. Se trata de cambiar nuestro ineficiente sistema de energías fósiles en un sistema energético limpio, con una reducción del 5% de las emisiones de GEI para 2030 y cero emisiones netas de carbono para 2050.

Todos estos objetivos van encaminados a desvincular la prosperidad y el bienestar de la destrucción de la naturaleza y del ambiente, de la degradación de los ecosistemas, de la pérdida de la diversidad biológica y de detener el cambio climático causado por la acción humana.

Por último, es importante mencionar la creciente polarización y los frecuentes ataques a la democracia en países en diversas regiones en el mundo. Frente a los graves riesgos que enfrenta la humanidad, es fundamental encontrar las soluciones con base en el conocimiento científico. Debemos lograr todos estos objetivos con pleno respeto a la dignidad de las personas, garantizando los derechos y las libertades fundamentales de todos.

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