Los límites del crecimiento, el Informe Bruntland y el futuro de la humanidad
Gerardo Gil Valdivia

Pensar el futuro

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El punto principal de Los límites del crecimiento no es que el colapso fuera inevitable, sino que la humanidad debía establecer una condición de estabilidad ecológica.

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En relación con el 50 Aniversario de la publicación de ‘Los límites del crecimiento’, el Informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), al Club de Roma, que es sin duda uno de los textos más importantes sobre el futuro de la humanidad y del planeta, la ONU está organizando una conferencia el 2 y 3 de junio, ya que los planteamientos contenidos en este Estudio siguen siendo plenamente vigentes.

En esta ocasión quiero comentar un artículo de Andreas Budiman, quien analiza dos publicaciones fundamentales que marcan el camino hacia el desarrollo sostenible, que es la ruta que hay que seguir. En primer término, ‘Los límites del crecimiento’ y el Informe Bruntland.

Vivimos una época de aceleramiento del calentamiento global, creciente desigualdad del ingreso y de la riqueza, escasez de agua, deforestación continua, progresiva degradación de los ecosistemas y de sobreexplotación de los recursos naturales.

A 50 años de la publicación de ‘Los límites del crecimiento’ y cuatro millones de copias después, si bien se han logrado algunos avances, nuestra situación actual esta cada vez peor. Cómo se advirtió hace 50 años, en 1972, si las tendencias actuales de crecimiento de la población mundial, la industrialización, la contaminación, la producción de alimentos y el agotamiento de los recursos continúan sin cambios, los límites del crecimiento en este planeta se alcanzarán en algún momento dentro de los próximos cien años. El resultado más probable será una disminución bastante repentina e incontrolable tanto de la población como de la capacidad industrial.

Precisa Andreas Budiman que cuando se publicó en marzo de 1972, el mundo desarrollado había disfrutado de un periodo de crecimiento económico sin precedentes, el calentamiento global era un fenómeno todavía poco conocido y la crisis del petróleo de 1973-74 aún no ocurría. Para varios críticos el libro contenía una conclusión obvia de suposiciones demasiado simplistas: subestimó los avances tecnológicos, no tomo en cuenta la desaceleración del crecimiento de la población con ingresos crecientes e ignoró el poder del control de precios.

Pero, cincuenta años después, la ONU está organizando una conferencia para celebrar ‘Los límites del crecimiento’ como un texto innovador, ya que cada vez hay más evidencia de la previsión de su modelo informático. El cambio climático, la degradación del suelo, la disminución de la biodiversidad, la extinción masiva de especies, el aumento de la desigualdad de ingresos y el traslado a campos petrolíferos marginales muestran la creciente presión sobre la biósfera. Pero, sobre todo, el cambio tecnológico y los mercados no han podido frenar estas tendencias.

Es muy importante insistir que el punto principal de Los límites del crecimiento no era que el colapso fuera inevitable, sino que la humanidad debía actuar para alterar estas tendencias de crecimiento y establecer una condición de estabilidad ecológica y económica que sea sostenible en el futuro.

Informe Bruntland

La Conferencia de Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente de 1972, conocida como la Cumbre de Estocolmo, destacó muchos de los temas planteados por el Informe. Incluyó la protección ambiental en la agenda internacional. Pero todavía se necesitaron otros 15 años para que la idea del desarrollo sostenible se abriera paso entre los gobiernos. En 1987, la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU publicó el Informe Bruntland que planteaba un nuevo modelo de desarrollo que satisfaga las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades. Para el Informe Bruntland la principal causa fue el nivel desigual de desarrollo entre el Norte y el Sur global como la principal causa de la degradación ambiental. El Norte derrochaba sus recursos naturales mientras que el Sur padecía el subdesarrollo y necesitaba ayuda para lograr el desarrollo sostenible. El mundo comenzó a escuchar. En 1985 se descubrió el agujero de la capa de ozono, se sabía de la rápida deforestación del Amazonas, y en 1989 el derrame de petróleo del Exxon Valdez en Alaska había impactado a la opinión pública.

El Informe Bruntland, llamado así por la presidenta de la Comisión citada que elaboró el Informe, Gro Harlem Bruntland, en tres ocasiones Primera Ministra de Noruega, influyó en la Cumbre de la Tierra, en Río en 1992. De igual forma, las reuniones anuales de la COP sobre el cambio climático, el Protocolo de Kioto de 1997 y posteriormente el Acuerdo de París de 2015 entre otros acuerdos, fueron conformando la agenda internacional en la materia. También se creó la Comisión de Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible en 1992; los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) en 2000 y los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) en 2015, también conocidos como la Agenda 2030 de Naciones Unidas.

Pero es claro que todavía falta mucho por hacer. A pesar de las recomendaciones de Los límites del crecimiento y del Informe Bruntland, todavía debemos evitar que el calentamiento global rebase los 1.5 grados centígrados; continúa la deforestación de la Selva del Amazonas y crece la deforestación en muchas otras regiones del mundo, los océanos se están acidificando y llenando de plásticos y la brecha entre la huella ecológica y la biocapacidad de la tierra continúa creciendo.

Hemos mantenido al PIB como el principal indicador económico, pero hemos sacrificado otros criterios importantes como el medio ambiente. Asimismo, la igualdad y la cohesión social no han sido debidamente tomados en cuenta. Necesitamos mejores indicadores, con objetivos mucho más amplios para resolver los principales problemas de nuestro tiempo y sobre todo del futuro.

La Unión Europea (UE), y otros estados buscan ir más allá del PIB. La UE ha hecho de la búsqueda de un nuevo indicador parte de su 8º Plan de Acción Medioambiental. Los ODM primero y los ODS también demuestran que las naciones pueden utilizar otros indicadores, además de PIB, para guiar su progreso.

Cita Budiman el trabajo de la economista de Oxford, Kate Raworth, miembro del Club de Roma, que escribió un importante libro, ‘La economía de la dona’. Para ella, la economía predominante presenta un desfase de siglos. El espíritu de los manuales de economía se remonta a la década de los cincuenta, que a su vez se basan en teorías de 1850 o incluso anteriores. Si consideramos los desafíos de un mundo lleno, o saturado, desde el cambio climático hasta las crisis financieras recurrentes, esto es catastrófico. La humanidad dice Raworth necesita impulsar el bienestar de todos dentro de los límites naturales del planeta. El modelo representa la economía con dos anillos concéntricos que parecen una dona. Un anillo interior que representa la base social mínima para la sociedad humana, basada en los ODS, en tanto que el anillo exterior representa el límite ecológico que mantiene nuestro desarrollo sostenible. Es necesario innovar nuestros esquemas conceptuales para afrontar con éxito los crecientes y cada vez más complejos problemas del presente y del futuro.

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