Cuidemos la democracia, para que el pueblo pueda verla
J. del R. Sánchez Franco
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¿Cómo es que no podemos ver el entorno? ¿Acaso la insensibilidad, el egoísmo y la demagogia son parte de la democracia?

Ilustración: Sr. García.
Ilustración: Sr. García.

Lectura: ( Palabras)

 La indiferencia del mexicano ante la muerte
se nutre de su indiferencia ante la vida.
Octavio Paz.

Así como la sociedad es dinámica en sí misma –porque sucede todos los días con la suma de la actividad de cada individuo, que tiene vida propia de manera ilimitada–, en el mismo sentido los movimientos sociales no son nada nuevo. Por eso, cuidemos la democracia para que el pueblo pueda verla.

Históricamente los grupos humanos se han quejado y demandado que se les dé la oportunidad de existir como sociedad, como organización. Han luchado para que se generen las condiciones necesarias para vivir con dignidad humana. Esto tiene sentido y fundamento porque al tiempo en que subsiste lo hace como un ente de producción y consumo sin lo cual la sociedad no caminaría.

El ser humano sale de las cavernas en la búsqueda de alimento; se organiza, aunque de forma rudimentaria para poder conseguir sus anhelos y necesidades primarias: comer, protección, seguridad. Sólo no puede lograr sus objetivos de subsistencia. Requiere de la comunidad para enfrentarse y conquistar la gran naturaleza.

democracia y comunidad
Imagen: Ticbeat.

Encuentra que en ese acaudalado y virgen entorno obtiene todos los elementos que le permiten producir, pero no cuenta con el poder para lograrlo; depende de los que mandan. Se somete al orden impuesto.

Este orden constituido va haciendo que las sociedades se domestiquen. Es mediante el sometimiento a las leyes como va alcanzando algunos resultados a través del respeto a las instituciones.

Al ser humano le ha costado una eternidad poder organizarse maduramente. Le es difícil tener conciencia y comprender que de esta forma es como puede obtener más beneficios.

Pero siempre ha habido luchas por la sobrevivencia.

Entre las más recientes, para no irnos tan lejos, a finales de los años 60, en los 70 y todavía en los 80, de la centuria pasada, –como hoy– Latinoamérica estaba convulsionada, imbuida en la reivindicación social contra los gobiernos oportunistas. Ahora, como nunca, contra los gobiernos corruptos.

La tónica de las protestas y los propios movimientos sociopolíticos se fundamentaban en demandas auténticas tales como: que se bajara el precio de la canasta básica familiar, también el costo de los combustibles y energía; había una postura en contra de la deuda externa, impuesta por Banco Interamericano de Desarrollo (BID) de la Agencia Internacional de Desarrollo (AID) o del Banco Mundial (BM).

Se demandaba el respeto a la soberanía nacional; se estaba contra el sometimiento gubernamental; se luchaba porque hubiera reformas educativas, autonomía en las universidades. Que los productores sacaran sus productos del campo sin intermediarios, en fin… Podría decirse que se ratificaban las llamadas propuestas progresistas de izquierda desde el marxismo histórico y dialéctico.

cuidemos la democracia para que el pueblo pueda verla
Ilustración: Kathia Recio.

Sin embargo, hemos visto cómo se han ido derrumbado tales posturas. Cayó el Muro de Berlín, se dividió la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas; Cuba, cada día se ablanda, aunque sea lentamente; China modificó su esquema de producción y consumo. En Asia, el Medio Oriente y África, las cosas van de mal en peor.

El cono Sur de América izquierdizada no termina de convencer. Y, en México, el cambio de sistema surge y es empujado con buenos propósitos, pero el avance es muy lento y el tiempo se agota, pasa rápido.

Ayer muchos estaban angustiados porque el sistema no funcionada, se quería el cambio para ejercitar –de verdad– la democracia. Se les hacía tarde que llegara el cambio. Sin embargo, “el cambio parece que llegó” pero en realidad no fue así, al menos no aún. Entonces, para qué la democracia. Es como una balada charra en el consciente político social, que siguen las molestias y los desencantos.

Esto nos lleva a preguntar: ¿Cómo puede ser que no somos capaces de ver el entorno? ¿Cómo no podemos entender que el egoísmo, la avaricia, la insensibilidad, la falta de conciencia social, la mentira, la demagogia, la retórica política y la corrupción, son fórmulas que nos están empujando a la quiebra de la democracia? ¿O será esto parte de la democracia?

La democracia tiene sentido si se puede tocar. Si se logra ver, si todos podemos comer. Si proporciona tranquilidad, paz, felicidad; de lo contrario, ¿qué sentido tiene?

Cuidemos la democracia para que el pueblo pueda verla.


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