Redes sociales ¿un paliativo para el futuro educativo mexicano?

La educación puede transformarse en contenido fresco capaz de retener a los más jóvenes y motivar su calidad de aprendizaje.

Imagen: Pinterest.
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Lucero Zepeda

Lectura: ( Palabras)

La inmersión de contenido educativo en plataformas sociales como Instagram, TikTok y YouTube puede beneficiar al 65% de estudiantes mexicanos innovando el proceso educativo con un giro de 180 grados.

Los rostros y voces de Diego Velázquez, Cleopatra, Pérez Galdós y Napoleón Bonaparte cobran vida gracias a Paco Pajuelo, el influencer educativo, que ha encontrado en las redes sociales la manera de salvar la brecha digital educativa y, además, enganchar a sus alumnos del Instituto de Educación Secundaria “Torreblanca” (Sevilla, España) con los contenidos educativos de las materias de Historia y Geografía durante esta pandemia.

Entre los muchos recursos tecnológicos que algunos educadores han sabido aprovechar en estos momentos de pandemia, YouTube es una de las plataformas más recurridas en cuanto a transmisión de contenido de toda índole, incluyendo el educativo.

Todos los días en su canal, José David Espinos Frías sube material didáctico para sus alumnos que cursan 4to año de primaria en la escuela Profesor Antonio Cedeño en su turno vespertino. Verbos en infinitivo, sumas y restas, fracciones y paráfrasis. El “Profe David” se esmera en crear el contenido adecuado para que sus alumnos aprendan de la mejor manera posible todos los temas que se tienen que cubrir durante este nuevo ciclo escolar. 

Estos docentes han demostrado que estos espacios fueron diseñados para renovarse constantemente, la educación, en lugar de ser rígida, puede transformarse en contenido fresco capaz de retener a los más jóvenes y motivar su calidad de aprendizaje.

“El contenido no debe tomarse con mucha seriedad”, explica Arantxa Merlín, productora de artes escénicas y profesora de idiomas: “Si dejamos de querer imitar la realidad en que vivíamos, vamos a crear herramientas para esta nueva realidad. Las clases digitales deben pensarse con referencia a lo que está pasando, a nuestras posibilidades y a lo que nos atañe. No con referencia a la clase analógica”.

Ernesto N., estudia el tercer año de secundaria, y aunque no le gusta mucho la escuela, extraña mucho a sus amigos y cada vez pierde más interés en las clases: “Ya ni siquiera pongo atención, lo único que hago es encender la tableta, apagar mi cámara y me vuelvo a dormir o hago otras cosas mientras la maestra habla”.

Una de las cosas que tuvimos que reconocer en estos momentos de pandemia, es que el pasar los modelos educativos del aula a las nuevas modalidades de enseñanza es un completo error. Es por eso que estos docentes— ante la incertidumbre de la situación— decidieron tomar acción y acercar los conocimientos de sus materias a sus alumnos con un nuevo código que permitiera a los jóvenes sentirse familiarizados y, principalmente, que no perdieran el interés de aprender.

“¿En México la educación no se ha detenido?”

Desde abril de este año, la educación media superior y superior están en clases virtuales  y en México la situación de los contenidos educativos en línea y la forma de actuar del gobierno ha resultado en una controversia diaria con base en el modelo implementado y todos sus matices.

Por eso, ante la improvisación y la falta de un análisis claro de la situación educativa que vivimos, el programa “Aprende en Casa” fue la respuesta gubernamental para salvar el ciclo escolar a través de la televisión, la radio, libros de texto y el contacto virtual entre alumnos y maestros. Sin embargo, con la cobertura educativa actual, no se está consiguiendo un aprendizaje efectivo y de calidad.

Al final, este problema es de todos; profesores de todo el mundo se vieron ante el reto de buscar el reajuste “correcto” de los modelos educativos correspondientes al uso de la tecnología digital. Pero la perspectiva de un país donde el nivel educativo “análogo” daba mucho que desear, no es nada favorable, y además, se tenga una de las peores calificaciones en materia de educación en línea de acuerdo a la OCDE.

Entre muchos de los obstáculos que enfrentan los docentes en este reajuste de la educación durante la nueva normalidad, es la asincronía existente entre los centros educativos con el actual programa impartido por las autoridades:

“Nosotros no estamos tomando en cuenta los programas de televisión. Muchos de los maestros no sabemos qué clases se van a impartir la semana que entra y tampoco tenemos acceso a esa programación con anticipación. Ante esto, nosotros [los maestros] tenemos que planear las clases no de acuerdo al plan impartido en la televisión, sino que vamos de acuerdo con los libros de texto”. Nos comenta en entrevista para El Semanario, Marcela Mucel Córdova, docente y personal de apoyo en la dirección de la Escuela Primaria Profesor Antonio Cedeño.

Vasconcelos en tiempos de redes sociales

En un mundo donde la educación se imparte mediante la radio, televisión y el Internet, el educador (que no es la televisión) no debe pasar a un segundo plano; su participación debe ser aún más activa y eficiente con el uso de las nuevas tecnologías que cuando estaba en el aula de clases dictando toda una lista interminable de datos.

Pero no debemos sentirnos culpables si nos cuesta entender la correlación permanente entre tecnología y educación, simplemente las retóricas actuales (que datan del periodo de José Vasconcelos de principios del siglo XX) nos impiden verlo como una herramienta ad hoc a las circunstancias actuales.

¿Por qué no hacerlo? Si se opta por replicar el modelo en su vertiente virtual, implica que se debe trasladar una educación con ciertas formalidades y normas referidas a métodos, contenido y situaciones de aprendizaje asincrónico.

Tal como se percibe en el programa Aprende en Casa II, los objetivos de aprendizaje se hallan jerarquizados y su proceso no es tan autónomo ni libre en medida de adquirir otros tipos de conocimientos. Es cierto, reafirma Arantxa Merlín, el dogma tradicionalista al que está sujeto nuestro sistema educativo, tiende al desarrollo de una educación cerrada en procesos, objetos y roles cuyas referencias se encuentran precodificadas.

Es ante dicha ausencia metafórica de “mi maestro” que nuestra orientación educativa colapsa –o se encuentra en ese proceso– frente a situaciones como la pandemia que nos ha obligado a enfocar esa gestión de contenido hacia temas actuales y con miras al futuro.

Es cierto, en México no se ha detenido la educación, o más bien, no ha parado de transmitir y difundir la educación ante todos sus televidentes, el pasado 25 de septiembre, de acuerdo con un comunicado de la SEP, el titular de la dependencia Esteban Moctezuma detalló que el exitoso programa de la SEP había registrado una audiencia cercana a los 32 millones de personas.

“El docente sabe que existen dos objetivos primordiales en el sector educativo: 1) cobertura y 2) calidad. Ante la pandemia, el actual gobierno dio prioridad a tener un mayor alcance de cobertura que en transmisión de calidad”, lamenta José Hernández, profesor de nivel secundaria.

Después de todo, aún con lo arcaico que pueda ser la televisión en comparación con las plataformas de Zoom y Google Classroom, sin duda alguna, tener el 90% de cobertura en los televisores de las familias mexicanas suena muy atractivo como para dejarlo pasar.

Este sacrificio de la calidad, además de la evidente carencia de conectividad, quizá sea uno de los tantos factores por el que nuestros jóvenes estudiantes no encuentren motivación necesaria para seguir con un modelo deficiente de educación.

Leobardo Hernández Audelo, maestro en Ciencias Computacionales por la UNAM, quien declaró que nuestro país ha logrado la penetración de la Internet y se ha colocado en los primeros lugares a nivel mundial en el uso de las redes sociales.

Tiempo atrás ―en el 2017― pasar tanto tiempo conectado a una pantalla era un mal augurio a la educación de los jóvenes estudiantes: “el uso de las redes no ha logrado el desarrollo educativo de las personas, parece que sucede lo contrario (…) el nivel de aprovechamiento cultural y de conocimiento en México es bajo, mientras que los países que son más desarrollados, como Japón, las utilizan una hora en promedio”, afirmó el docente de la UNAM.

Quien diría que, tres años después y en medio de una crisis sanitaria que ha puesto en jaque a millones de personas en el mundo, la conectividad y el uso de las redes sociales sean los pilares del nuevo orden social.

Vislumbrando nuevos mercados educativos

Vamos directo a los datos: a raíz del confinamiento y la pandemia, México es el tercer país latinoamericano que más conectado está a las redes sociales con un promedio de 3 horas con 25 minutos al día. En primer lugar se encuentra Brasil (3h 30m), seguido de Colombia (3h 38m), mientras que nuestro vecino del norte se mantiene conectado a las redes sociales un aproximado de dos horas con ocho minutos al día.

Un estudio desarrollado por la plataforma de gestión de redes sociales Hootsuite, reveló que, a diferencia del 2019, en el desarrollo de este año pandémico hubo un aumento de 9.2% de usuarios que se unieron al mundo de las redes sociales. En una población de más de 7,800 millones, alrededor 3 mil 800 millones de personas en el mundo son usuarios activos de las redes sociales; esto representa un 49 por ciento de la población mundial, y el 99 por ciento de estos usuarios digitales tiene acceso a alguna red social vía dispositivo móvil.

Entonces, ante estos datos y en medio de la crisis, este mercado educativo puede ser bien explotado si se toma en cuenta que los jóvenes pertenecientes a las generaciones Z y Millennial, principalmente de América Latina, han sido la fuerza impulsora de los recientes aumentos en el consumo de redes en lo que va del año.

Apuntes de un nuevo proyecto pedagógico

No resulta tan erróneo reafirmar la versatilidad de las redes educativas que permiten compaginar en un mismo espacio de estudio distintas formas de enseñanza y aprendizaje. Es posible generar contextos que incluyan prácticas colaborativas y cooperativas basadas en la horizontalidad junto con didácticas más tradicionales.

Desde esta perspectiva, el uso de las redes sociales no debe tener como fin únicamente impartir conocimiento a los alumnos –como es el caso de los programas impartidos ahora en los canales de televisión, transmisiones de radio y portales de la SEP– sino que además, se emplean para compartir hallazgos científicos e impedir que el conocimiento nuevo se quede estático, es decir, se trabaja por la democratización del conocimiento y su difusión.

“Sí deben existir algunos conocimientos básicos que deben ser registrados de memoria, pero mediante el uso de algunas plataformas virtuales como Google drive, se diseñaron [estrategias y materiales] que evaluaban las habilidades de razonamiento de los alumnos; razonamiento de la lógica de la deducción. Al observar qué tantas habilidades tenían los niños para resolver ciertas situaciones y cual capacidad de deducción tenían desarrollada en la forma de aprender,  le dimos prioridad a esas habilidades, porque son las que tienen que utilizar para arrancar esta educación a distancia”, comenta Marcela Mucel, respecto a la dualidad de la educación tradicional con la digital.

En última instancia, la significación de las redes educativas se vinculará al proyecto pedagógico en el cual se enmarque cada experiencia. La tecnología por sí misma no innova socialmente, son los modos de apropiación social, en este caso educativa, los que producen las transformaciones.

Este nuevo entorno de aprendizaje tiene sus pros y sus contras, existe una delgada línea entre la prestación de lo funcional y lo social dentro de las redes. También hay que tener muy en cuenta lo siguiente: el uso de las redes sociales no es la solución ante la ineficiencia de nuestro sistema educativo. Ni YouTube, Facebook, WhatsApp, TikTok o Instagram son la panacea de la encarnación moderna de la educación. Pero sí pueden ser herramientas versátiles, cuya multidimensionalidad permita dar vuelo a la imaginación facilitando y ampliando los intereses básicos de todo aprendizaje como son: la indagación, la comunicación, la expresión y, principalmente, la construcción de un ideario propio. Elementos básicos de educación que se contraponen al sistema de enseñanza donde se fomenta la memorización y cero capacidad de razonamiento.

Ante tal escenario y después de décadas de dar tropiezos constantes entorno a la educación, la nueva redimensión educativa se puede utilizar como remedio paliativo donde los estudiantes y docentes estarán preparados para una participación más activa en redes y medios digitales; pero también será una oportunidad para repensar y cuestionar las mañas y lastres de nuestros modelos educativos que, erróneamente, intentamos “ajustar” a las clases digitales.

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