Viejas disyuntivas
Gonzalo Rojas-May

La tierra de los espejos

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El poder atrae con una fuerza única, como lo hace la luz con las polillas y zancudos en las noches más oscuras. La posibilidad de ejercerlo, de mandar, influir, conducir…

Imagen: Dribbble.
Imagen: Dribbble.

Lectura: ( Palabras)

Si se pudiera elegir entre fama, dinero o poder, ¿cuál sería su opción? Probablemente muchos dirían que su preferencia no está ahí representada, ya que siempre daría prioridad a la salud o la felicidad de los suyos antes que cualquier otra cosa. De acuerdo, lo que se plantea obliga a seleccionar tres opciones, en apariencia superficiales y hoy, muy políticamente incorrectas.

Pero lo cierto es que, de una u otra forma, cada uno de nosotros va construyendo su destino con base a esas tres posibilidades. En el caso de la fama, el llamado al reconocimiento y el aplauso está enquistado en la educación escolar de, posiblemente todos los países del mundo, o ¿no es eso lo que subyace en el deseo de popularidad infantil y, en particular, adolescente en relación con belleza, éxito académico y, sobre todo, deportivo? Por mucho que se reniegue de ello, buena parte de la confianza de un adulto comienza a construirse desde esa temprana búsqueda de reconocimiento y su resultado.

poder, fama y dinero
Imagen: iStock.

Luego tenemos al “poderoso caballero, Don Dinero”, ése del que tantos reniegan, a muchos avergüenza y a una inmensa mayoría encandila. Aquél que “no hace la felicidad, pero ayuda”.  Individuos y sociedades se mueven diastólica y sistólicamente a su ritmo. Desde las comunidades que siguen apostando por el trueque, a los modelos económicos neoliberales, pasando por el estatismo puro y duro, todo el orden social y, por qué no decirlo, cultural de nuestros países, se construye sobre la forma en que nos relacionamos con él.  “Death and taxes” (la muerte y los impuestos) son lo único cierto, decía Benjamin Franklin, y razón sigue teniendo, o ¿ha cambiado algo el mundo, en este aspecto, desde que lo planteó hace unos 250 años?

Y finalmente el poder, aquél que engloba o, frecuentemente, incluye a los dos anteriores. El poder atrae con una fuerza única, como lo hace la luz con las polillas y zancudos en las noches más oscuras. La posibilidad de ejercerlo, de mandar, influir, conducir, transformar o, en definitiva, comprarse un trozo de inmortalidad (dejar una huella) a pequeña o gran escala seduce y atrapa como ningún otro imán. De una u otra forma, todos queremos ser candidatos a algo, sea por el aplauso, la gratificación del reconocimiento o la posibilidad de influir sobre el presente y cambiar el curso del futuro. Sin embargo, hay tan pocos dispuestos a comprometerse y a, mucho menos, responsabilizarse con las consecuencias que supone un verdadero liderazgo. 

poder y dinero
Imagen: Mint.

¿Qué prefiere usted, fama, dinero o poder? Piense con una mano en el corazón y con lucidez su respuesta. En estos tiempos no es fácil mantenerse neutrales, por mucho que el canto de sirenas hable del “hombre nuevo” y de la “nueva realidad” del siglo XXI, hay ciertas pulsiones que, por un buen tiempo más, se mantendrán intactas.

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