Notre-Dame du Nil poesía en imágenes, anuncio de un genocidio
Gabriela Gorches

Entre pantallas desde el Mediterráneo

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Rahimi ha querido que los hechos históricos aparezcan, pero de manera simbólica. Su deseo era mostrar los sueños de una generación que se convirtieron en pesadilla.

Fotograma de la película "Notre-Dame du Nil" (2019), dirigida por Atiq Rahimi.

Lectura: ( Palabras)

Nuestra Señora del Nilo (estreno mundial Festival de Toronto, septiembre 2019) es una adaptación de la novela homónima de la escritora franco-ruandesa Scholastique Mukasonga. A pesar del éxito literario del libro, el director de la cinta, Atiq Rahimi, ha querido “revelar otra dimensión de la misma historia”.

En Ruanda, en los años 70, en un colegio católico destinado a la formación de la élite femenina del país, las adolescentes parecen vivir a salvo de las tensiones sociales generadas por la división entre las etnias hutu y tutsi. Parecen… hasta que la semilla del odio sembrada el siglo anterior por los colonizadores europeos comienza a dar fruto en medio de la confusión de su juventud. Enfrentadas de pronto al “mundo real” de los intereses creados, a la visión fraccionada de los adultos que son sus propios progenitores y maestros las chicas pierden la inocencia.

Rahimi ha querido que los hechos históricos aparezcan, pero de manera simbólica. Así, las premisas del genocidio tutsi que se llevaría a cabo veinte años más tarde, subyacen en el fondo de la narración, lo mismo que la influencia perversa del mito racial creado para dividir al pueblo ruandés interviene en el desarrollo de la identidad de las jóvenes. En la película, el personaje Monsieur de Fontenaille (representado por el francés Pascal Greggory) encarna la ambigüedad oscura del colonialista que a la fecha hace subsistir tales mitos.

Un elemento que no puede dejar de mencionarse es la banda sonora de la cinta: la música del trío de jazz, Romano, Sclavis, Texier en su African Trio alterna con el sonido del terror de las matanzas cuando éstas tienen que aparecer… Como diría Godard, cita Rahimi en entrevista, el cine es arte audiovisual, primero “audio”. Y así, en su versión, los pasajes violentos suceden de dos maneras, se escuchan pero no se ven, o son imágenes estáticas que se presentan en silencio absoluto.

En palabras de Rahimi, su deseo era mostrar los sueños de una generación que se convirtieron en pesadilla. Es así que la película está aderezada por pasajes oníricos y por escenas de la vida estudiantil convertidas en estética pura. Secuencias en cámara lenta; encuadres a base de luz natural en los que la cámara capta el contraste de los camisones níveos sobre la negrura de la piel, la batalla que se libra entre la locura desbordante de la naturaleza y el rigor y la austeridad de las construcciones religiosas. Nacido en Kabul, el director afgano francés es también escritor. Tanto su literatura como su cine abordan temas políticos. Pero, en el caso de la novela Our Lady of the Nile, ha querido abordar una cultura que no conocía con base en los testimonios de sus protagonistas: qué sueña, qué desea y qué teme la juventud ruandesa. A través de sus jóvenes actrices ha querido descifrar las estructuras culturales que, según él, esconden el origen preexistente de cualquier antagonismo entre grupos humanos. El resultado de tal estudio es, en mi opinión, una película tan bella como interesante.


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