Guerra Fría XXI: China
Roberto Arriola García
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Las características de esta nueva era será el resultado de la disputa entre Estados Unidos de América y China por el predominio mundial.

Imagen: The Telegraph.
Imagen: The Telegraph.

Lectura: ( Palabras)

Comenzamos el siglo XXI con el claro y consistente declive de los Estados Unidos de América como la única superpotencia global. Una década después, queda claro que el nuevo orden multipolar que consideraba al menos a la Unión Europea, Rusia y China, está dando paso a un claro dominio de este último sobre los demás.

Al término de la administración de Donald Trump, en el contexto de la pandemia del SARS-CoV2, la tención bilateral sino americana alcanzó su nivel más alto, llevando a la relación a su mínimo histórico desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas hace cuatro décadas. Incluso “Trump culpa a China por la pandemia y la contaminación global”, con lo que equipara la diseminación de la pandemia con los ataques a Pearl Harbor o a las Torres Gemelas, de lo cual responsabilizó abiertamente a China. Lo que hace que el año 2021, aun con el cambio de administración encabezada por Joe Biden, sea un año muy peligroso para la paz mundial.

Lo que es un hecho incontrovertible es que los dos países más poderosos del planeta se están adentrando en un conflicto cada vez más profundo. Incluso algunos analistas lo describen como “una Nueva Guerra Fría”.

nueva guerra fria
Imagen: Semana.

Sin embargo, esta nueva guerra fría tendrá sus propios rasgos, muy diferentes a la lucha por el dominio global que experimentó Estados Unidos frente al gran vencedor de la Segunda Guerra Mundial: la Unión Soviética. Y que no obstante, este conflicto por el dominio mundial tiene el poder de modelar, mucho más que el anterior, los rasgos de la nueva era en el campo económico, político y militar. Un periodo histórico que previsiblemente se extenderá a lo largo de todo el siglo XXI.

Entre las particularidades de la nueva era promovida por China está un pragmatismo inusual para localizar sus inversiones y abrir canales comerciales para su creciente producción industrial. Especialmente cuando “La economía de China se prepara a superar a la de EU antes de tiempo debido al COVID”, según el Centro de Investigación Económica y Empresarial (CBER, por sus siglas en inglés). La novedad es que estas oportunidades no vienen condicionadas a la exigencia de un sistema político en particular ni a estándares de respeto a los derechos humanos internacionalmente reconocidos. Lo que ha resultado un interesante atractivo para países con modelos de gobierno autoritarios del Medio Oriente a Latinoamérica, pasando por su creciente influencia en todo el continente africano. Incluso la “UE da respaldo político al acuerdo con China sobre inversiones”, lo cual es un audaz movimiento de ambas partes  antes de la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos, quien no obstante ya ha expresado su preocupación por dicho acuerdo.

EN PERSPECTIVA, la realidad a la cual habrán de confrontarse los países del mundo en el siglo XXI, particularmente los históricos aliados de los Estados Unidos de América, es si su política exterior se plegará a sus intereses económicos y geopolíticos, o se mantendrán apegados a los principios y valores construidos a la sombra del multilateralismo emergente en la cada vez más lejana realidad de la posguerra del siglo XX.

Estimado lector, ¿cuál cree que sea la alternativa mexicana en el siglo XXI?


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José Manuel Colmenares G.

México tendrá que jugar inteligentemente con su aliado geográfico; los EEUU, y sacar las mayores ventajas políticas y económicas de esta relación geográfica en beneficio de la población

Luis

Yo pienso que México. Necesita urgentemente resolver los problemas básicos ya señalados. 1.- Impunidad, 2.- Corrupción, 3.- Desigualdad y debe hacerlo rápido y sin mucho sobresalto como lo hizo Salinas al convertirnos de una economía cerrada a la más abierta del mundo. Y fue la impunidad y la corrupción lo que limitó que el beneficio se distribuyera en toda la sociedad. Sabido esto el gobierno en su papel deberá ejercer efectivamente los controles para garantizar la adecuada distribución de la riqueza. Deberemos reformar nuestro sistema educativo para hacerlo flexible y adaptable para preparar a la fuerza de trabajo al inminente cambio tecnológico.

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