El crimen y la política
Eduardo López Betancourt
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La autoridad ha sido rebasada y estamos ante la expectativa de que como nunca, las elecciones se cubran de un luto incontrolable. Lamentablemente debemos entender que los organismos electorales no dan…

Imagen: Manatí.
Imagen: Manatí.

Lectura: ( Palabras)

Más de una treintena de candidatos a diversos puestos públicos han sido masacrados, lo grave es que no se le ve fin a esta conducta. Cuando se decide asesinar a quien busca un cargo por la vía del sufragio, implica la mejor muestra de nuestra ausencia de democracia.

Sin dejar de considerar que hay casos especiales, la mayoría de actos violentos provienen del crimen organizado, acepción se le ha dado a las mafias, particularmente aquellas que han hecho del narcotráfico su principal actividad, sin desconocer otro tipo de aspectos donde protagonizan su perversidad, tales como la venta de protección, extorsión y el secuestro. En este sentido, cínicamente se mantiene la presencia de estos cuerpos criminales, a los que también se les denomina “Cárteles”, quienes en paralelo al gobierno, controlan todo el territorio nacional; es imposible encontrar una entidad o población que no se encuentre bajo su dominio. En varios lugares la infamia aumenta, esto por la lucha del control de “plazas”, donde los enfrentamientos afectan sensiblemente a la población civil, personas inocentes víctimas de los mafiosos.

Por desgracia la política no es la excepción, que en la actualidad, descaradamente intervienen cada vez con mayor participación los terribles “Cárteles”, incluso hay quienes se atreven a afirmar que la narco-política será la presencia más evidente en el proceso electoral que se avecina. Tal situación es alarmante, ya que candidatos de buena fe y con principios bien cimentados, se encuentran en permanente riesgo y obviamente no hay condiciones para evitar la posible patética ola de terror.

La autoridad ha sido rebasada y estamos ante la expectativa de que como nunca, las elecciones se cubran de un luto incontrolable. Lamentablemente debemos entender que los organismos electorales no dan garantías para que la contienda electoral se lleve con imparcialidad. Dentro de este maremágnum, el INE y el TRIFE, son los más injustos, menos confiables y por si fuera poco, ni siquiera cabe la posibilidad de que puedan propiciar las condiciones para que se mantenga un comportamiento adecuado. Hasta este momento lo único que han demostrado es carencia de escrúpulos y eso sí, actitudes facciosas, ingredientes sumamente preocupantes que dañarán de manera irreversible la modesta vida democrática de México.

Es indudable que la sociedad reprocha y desaprueba los homicidios políticos, también la carencia de integridad y ante las graves circunstancias, los resultados que se esperan el 6 de junio no son nada halagüeños.

Dentro de las complicaciones se presenta el temor de quienes quieran sufragar, nada ni nadie avala que no habrá intimidación ni presiones en las casillas, para afectar la libertad del voto.

Resulta a todas luces preocupante, que, en lo que debería de ser un acto de gran civilidad política, pueda preverse un fracaso más de nuestra recién tomada democracia, dando al traste con el ejercicio demótico digno de elogio de otros países, lo que debe ser nuestro objetivo. La interrogante es ¿cómo lograrlo?

En el anterior renglón, no es fácil presentar soluciones, mucho menos cuando ha habido total inactividad. La carencia educativa de valores cívicos es notoria. Nuestros escolares poco o nada se han adentrado para crearse el hábito de lo que es una vida solidaria, e insistimos, democrática, en que los planes y programas escolares han sido omisos, así la carencia de conciencia es el más terrible de los fracasos.

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