La defensa del INE y del TRIFE: Toca el turno a los jóvenes de México
Antonio M. Prida

De Frente y Derecho

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Era famosa la frase de un líder sindical de que “el que se mueve, no sale en la foto”.

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Lectura: ( Palabras)

Es importante que los jóvenes de nuestro país confronten el peligro que nos acecha.  Cuando yo nací, el PRI (aunque con otras siglas) ya llevaba 30 años en el poder, y lo mantuvo al menos 30 años más.  El PRI lo controlaba todo: el poder ejecutivo, las cámaras de diputados y de senadores y la suprema corte.  También controlaba los sindicatos y las asociaciones de los diversos gremios, de arquitectos, de médicos, de abogados, etc.  Cada seis años había elecciones presidenciales y también periódicamente había elecciones de gobernadores de los estados, de diputados y senadores federales y de autoridades locales, pero prácticamente siempre ganaban los candidatos propuestos por el PRI.

La autoridad electoral, encargada de organizar las elecciones, tanto federales como locales, era la Comisión Federal Electoral, integrada por funcionarios miembros del PRI, cuyo propósito era mantener “el sistema”, esto es, que ganaran siempre los candidatos emanados del PRI.  Dicho partido político y el gobierno eran una misma cosa. Los integrantes del gobierno que eran prácticamente siempre miembros del PRI estaban completamente disciplinados y cumplían las ordenes de los jefes, porque sabían que si hacían lo que se les ordenaba, tarde o temprano serían recompensados por su lealtad al sistema. Era famosa la frase de un líder sindical de que “el que se mueve, no sale en la foto”.

Prácticamente todos los funcionarios del gobierno daban parte de su sueldo al PRI, a través de las llamadas cuotas, a grado tal que las propias secretarías de estado les descontaban dichas cantidades de sus respectivas nóminas para entregárselas al partido. El operador desde el gobierno era el secretario de gobernación, que a su vez controlaba todos los medios de comunicación, a efecto de que la opinión pública simpatizara con el PRI-Gobierno. Ningún opositor del sistema tenía acceso a la radio y la televisión, aunque esporádicamente, previa autorización, salía publicada en los periódicos alguna nota contraria al régimen, lo cual les servía para dar una imagen democrática. La prensa recibía pagos del gobierno por su lealtad al régimen.

Ciertamente había algunos partidos políticos diferentes al PRI, un par completamente alineados y financiados por el régimen, el PARM (Partido Auténtico de la Revolución Mexicana) y el PPS (Partido Popular Socialista), junto al Partido Comunista y al PAN, éste surgido como un movimiento político contrario al partido de estado y a su nutriente principal, la corrupción, sin tener posibilidades reales de acceder al poder. En sus campañas el PAN no tenía acceso a financiamiento público ni a los medios de comunicación, mientras que el PRI y sus partidos satélite usaban los recursos del Estado sin rubor.

En la campaña presidencial contra Luis Echeverría, Efraín González Morfín, hijo de uno de los fundadores del PAN, obtuvo después de mucho esfuerzo, una entrevista en televisión con Jacobo Zabludovsky, la cual fue interrumpida en vivo por “problemas técnicos” o “causas de fuerza mayor”, justo en el momento en que empezaba a cuestionar la legitimidad del proceso electoral.  En la campaña de José López Portillo ni siquiera hubo candidato de oposición, lo cual no fue obstáculo para que realizara una costosa campaña electoral y se llevara a cabo la ficción de un proceso electoral supuestamente democrático.

Como no había padrón electoral ni credencial para votar, era común que los funcionarios públicos, los militares y los miembros de sindicatos afiliados al régimen votaran varias veces, rellenaran las urnas con votos falsos o se robaran las urnas completas. Cuando miembros de la oposición pretendían anular una elección tenían que presentar sus pruebas, muchas veces contundentes, para ser juzgadas por la cámara de diputados erigida en colegio electoral, esto es, la mayoría de diputados del PRI eran quienes resolvían sobre la procedencia de dichas pruebas. Obviamente los de oposición nunca ganaron un juicio.

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Así que algunos patriotas se dieron a la ardua y larga tarea, paso a paso, de arrebatarle la organización de las elecciones al PRI-Gobierno. Hubo que pasar por la Ley de Organizaciones Políticas y Procesos Electorales de 1977 que permitió la participación de los partidos políticos de oposición en la Comisión Federal Electoral y propiciar su representación mínima en los órganos legislativos, a través del sistema de representación proporcional.  Hasta 1990 se expidió el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales que creó el Instituto Federal Electoral integrado por consejeros independientes del gobierno y de los partidos, pero presidido por el Secretario de Gobernación.

Hasta 1996 se logró desligar al IFE del poder ejecutivo, quedando por completo en manos de ciudadanos independientes y en 2007 se reguló el acceso de los partidos a los medios de comunicación, asegurando condiciones de equidad y civilidad en las campañas electorales. En 2014 fue que se convirtió en el actual Instituto Nacional Electoral que se coordina con los organismos electorales locales para la organización de los comicios en las entidades federativas. Todo esto tuvo que suceder para arrebatarle el control de las elecciones al PRI, pasando de uno de los sistemas electorales más corruptos del mundo a uno que ha brindado certidumbre a la población y ha permitido el acceso al poder de todas las fuerzas políticas del país de manera pacífica.

La historia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación con que ahora contamos y que acabó con la farsa del colegio electoral, también fue larga y tortuosa. Comenzó en 1987 con la creación del Tribunal de lo Contencioso Electoral cuyas decisiones no eran obligatorias, el cual en 1990 se transformó en el Tribunal Federal Electoral que ya tuvo capacidad de decidir las controversias con fuerza vinculativa para las partes, primero en las elecciones de diputados y senadores y hasta el 2000 en la elección presidencial.

Así que, como se habrán percatado mis lectores, hace apenas unas décadas no contábamos con credencial de elector, ni con un padrón electoral confiable, ni con un órgano electoral ni con un tribunal electoral independientes. Pues bien, todos estos logros de ciudadanos de varias generaciones y de todas las posiciones políticas, están en riesgo hoy ante la amenaza del Presidente López Obrador que pretende implementar su reforma electoral en violación de nuestra Constitución, lo que significaría volver a elecciones de Estado controladas por el Gobierno, en este momento identificado con MORENA.

Además de la amenaza de realizar la reforma electoral a través de normas secundarias utilizando las mayorías simples con las que cuenta MORENA y sus partidos aliados, tanto en la Cámara de Diputados, como en la de Senadores, enfrentamos el riesgo de que las acciones de constitucionalidad eventualmente ejercidas en su contra, puedan ser desestimadas o retrasadas por la Suprema Corte de Justicia también ya cooptada en parte por Ministros simpatizantes de la auto proclamada cuarta transformación.

Finalmente también se corre el riesgo de que MORENA y sus partidos aliados, posiblemente con la ayuda del PRI, logre suplantar a los cuatro consejeros electorales que el año entrante deben ser substituidos, por personas afiliadas al régimen, dispuestas a corromper el órgano ciudadano. La destrucción del INE ha comenzado ya con la estrangulación de su presupuesto. Jóvenes de México, ha llegado su hora: toca ya el cambio de estafeta.  Ustedes son la nueva mayoría.  Su generación está en riesgo.  México cuenta con ustedes.

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Francisco

Panorama obscuro , esperemos que los congresistas de oposicion voten con responsabilidad

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