¡A joder se ha dicho!
Gerardo Australia

Historias para recordar

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Nuestra motivación para joder al de al lado es tan vigorosa, que nos ha llevado a crear chunches sofisticados y de gran alcance para su fin. Uno de ellos es la información…

Imagen: Expresión Gráfica.
Imagen: Expresión Gráfica.

Lectura: ( Palabras)

Como bien sabemos, el ser humano se ha distinguido de las demás especies por haber creado una increíble y espectacular “colección” de ideas, prácticas, ritos y objetos materiales que comúnmente conocemos como cultura.

Dentro de esta fascinante “colección”, que viene de la mano de nuestra evolución desde hace ¡kap!, ¡toing, ¡prrr! años, se encuentra nuestra constante búsqueda filosófica, nuestras creencias religiosas o nuestra siempre tambaleante moral. Por supuesto también están las artes, la tecnología, la ciencia, la justicia, la política, la tecnología y ese indispensable quehacer favorito de chicos y grandes desde que nos convertimos en criaturas sociales: el jodernos los unos a los otros. Con esta asombrosa herramienta hemos construido y destruido naciones y religiones completas en menos de lo que canta Mari Mar, la inigualable voz aborregada de “… ¡y fierro viejo que vendan!”, que además es retetempranera la…[1]

¿De dónde nos viene ese infatigable entusiasmo por joder gente?

Leyendo un libro bastante recomendable,[2] su autor, el prestigiado neurocientífico cognitivo portugués-americano, Dr. Antonio Damasio, propone (y demuestra) la idea de que el origen de la cultura no sólo fue el fortalecimiento de nuestra capacidad intelectual para resolver problemas, el interactuar socialmente y, lo más importante, el desarrollo del lenguaje (con la escritura como su expresión plástica), sino la intervención de un dueto por lo general poco valorado, pero indispensable para que se dé el proceso cultural: las emociones y sentimientos. Al final del camino son ést@s las “chispas” que fisiológica y psíquicamente echan a andar a nuestro cuerpo para que se ponga las pilas.

libros de Damasio

Aunque se dan casi al mismo tiempo, nunca suceden de manera separada y hablamos de ell@s como si fueran una misma cosa, hay diferencias radicales entre emoción y sentimiento. Dentro del cuerpo, aunque sea en fracciones de segundo, la emoción se da primero, después el sentimiento. Una emoción, dice Damasio, “es una respuesta biológica, específicamente de carácter neuronalque desencadena una serie de reacciones químicas que alteran la forma como nos sentimos”. La emoción no dura nada, un mero chispazo, y es la forma en la que nuestro cuerpo responde ante los estímulos que recibe de los sentidos: si estamos dormidos y huele a humo, nos alertamos; si vemos a un viejo Grizzli detrás de nosotros con una tremenda erección, la emoción, en un nanosegundo, nos manda a correr… ¿o quedarnos? Hay muchas emociones, pero las básicas son la alegría, el miedo, la ira y la tristeza.

En cambio, el sentimiento es la interpretación que el cerebro le da a las emociones a medida que se van dando. Conforme vamos tomando conciencia de la emoción, ésta se convierte en sentimiento, que puede ser de amor, odio, felicidad, culpa, sufrimiento y un largo etcétera. Los sentimientos duran el tiempo que nuestra mente les dedique. Por ejemplo, si una persona siente una emoción de miedo, puede transformarla en un fuerte sentimiento de sufrimiento, al ver que el miedo la paralizó y le impidió responder de una forma más oportuna al ver detrás de ella un viejo Grizzli libidinoso.

El Dr. Damasio argumenta en su libro que las emociones y los sentimientos contribuyen de tres maneras al desarrollo de una cultura: “Como factores de motivación de la creación intelectual; como controladores del éxito o el fracaso de instrumentos y prácticas culturales y, por último, participando en la negociación de los ajustes que el proceso cultural requiere a lo largo del tiempo”.

emticones, cerebro
Imagen: La Mente es Maravillosa.

Por lo mismo, este dueto maravilla es fundamental en generar ese ingrediente sin el cual el ser humano sería una patata de sofá, una plasta: la motivación. El hombre primitivo, al ver que su compadre está sufriendo (sentimiento), pues un mamut le pisó el callo, se motiva (empatía) para ayudarlo a como sea, creando así algún remedio paliativo, y de pasada unas buenas chanclas con piel de mamut mal portado. Con el paso del tiempo, la acumulación de información que entre los hombres se han comunicado con el propósito de aliviar el sufrimiento de sus semejantes se convierte en lo que llamamos medicina: el dueto emoción-sentimiento hizo bien su tarea.

Y es en este renglón donde entra en escena el acto de joder, palabra que la Real Academia Española remoja en siete significados, si bien aquí utilizo sólo el quinto, el cual toma a este “verbo transitivo malsonante” como la acción de “fastidiar o molestara alguien”. Listo, así de simple, y a la vez terrorífico, pues el grado de fastidio o molestia que se encargará de darnos el Jodedor (o Jodedores) no nos lo dice el tumbaburros.

Sin duda uno de los sentimientos positivos más placenteros y motivadores para el desarrollo del ser humano (por ende, de la cultura), es el logro. El logro corona el final de la travesía de un esfuerzo de seguro realizado a través de un camino plagado de fregadazos a piedra de molcajete limpio. Si ese logro sucede entre un grupo de gente, un pueblo, entonces se comprueba que el dueto emoción-sentimiento hizo que “el proceso de la vida se definiera naturalmente como propicio para el bienestar y la prosperidad”, Damasio dixit, dando por resultado una cultura transcendente (por ejemplo: mesopotámicos, egipcios, griegos, chinos, mayas, etc.).

enojo y agresión
Imagen: El Salvavidas.

Pero si ese logro nos realiza como personas después de achicarle la cabeza a guitarrazos al vecino, de robarle su mujer, su casa, su troncomóvil y su colección de figurines de porcelana bávara favorito, entonces aquel magnánimo sentimiento se convierte en este otro siempre de moda, intoxicante, arrogante y codicioso: el poder, el que ha venido tejiendo la historia del hombre al grito de ¡jodámonos los unos a los otros!

Si amplificamos este pequeño ejemplo tenemos sin más y frente a nosotros, los eventos que suceden en estos momentos en Medio Oriente, donde los alcances en el arte de joder hacen ver a Adolfito (DJ Hitler) como un boy scout con la trusa saliéndosele del short.

En su divertido Diccionario Filosófico (1764), el gran Voltaire no conocía el concepto de joder, pero sí uno de sus buenos sinónimos: abuso, del que dice:

“(…) vicio inherente a todos los usos, a todas las leyes y a todas las instituciones humanas. El catálogo de los abusos no podría contenerse en ninguna biblioteca y gobiernan todos los Estados. Podemos dirigirnos a los chinos, a los japoneses o a los ingleses, y decirles: ‘Vuestro gobierno es un semillero de abusos que nunca corregís.’ Los chinos nos responderían: ‘Subsistimos como nación hace más de cinco mil años, y quizá somos el pueblo menos desgraciado del mundo, porque somos el más tranquilo.’ Los japoneses nos contestarían poco más o menos lo mismo. Los ingleses nos dirían: ‘Somos poderosísimos en el mar y vivimos muy bien en la tierra; quizá dentro de diez mil años perfeccionaremos nuestros hábitos.’ El gran secreto consiste en estar mejor que los otros pueblos, cometiendo enormes abusos.”[3]

Voilà, ¡escondan a la abuela en el refrigerador (si es posible en el compartimiento de perecederos)!

agresión y redes sociales
Imagen: Semana.com.

Nuestra motivación para joder al de al lado es tan vigorosa, que nos ha llevado a crear chunches sofisticados y de gran alcance para su fin. Uno de ellos es la información, una tremebunda fuente de poder, como sentimiento y como medio para llevar el joder a límites insospechados. Hoy en día con la información se puede joder gobiernos, administraciones, religiones y, lo más vulnerable, personas. ¿¡Quién iba a pensar hace unos años que te iban a joder la vida digitalmente!? Siendo un tema relativamente nuevo —o de constante reacomodo o reinvención a partir de su omnipresencia relevante en todo quehacer humano—, es difícil zafarse de este tipo de jodienda totalmente letal, pues la característica más valorada e importante de la información, la verdad, se elimina con la mano en la cintura y se convierte en algo tan falso como un sordo afinando un violín.

Ahora bien, tristemente soy portador de malas noticias: no hay solución para nuestro problema, ni nuca lo habrá, porque:

–… siempre habrá alguien que nos quiera joder, y en más de una ocasión terminaremos, queramos o no, jodiendo a alguien;

–… joder empodera;

–… jodemos por naturaleza, en bola o en solitario, pues lo traemos en el ADN. Prueba de ello es que si puede ¡también nos jodemos a nosotros mismos!;

–… jodemos por vocación, porque la vida nos ha enseñado que joder sirve para todo;

–… pase lo que pase nunca renunciaremos a una oportunidad de joder, aunque no nos traiga ningún beneficio, pues se trata de un código de honor inviolable;

–… joder siempre es, en apariencia, una buena inversión política, judicial, económica, científica, religiosa, artística, sociológica, psicológica, etc.;

–… joder no requiere de aplausos, ni de halagos, lo que nos hace sentir humildes;

–… joder se puede llevar a cabo sin costo alguno;

–… joder es un deporte saludable;

–… se puede joder sin planeación alguna, al chilazo;

–… joder es relajante;

–… joder te puede convertir en héroe o mesías de bolsillo (nomás vean nuestro patético presidente);

… y hartos etcéteras.

pleito y conflicto
Imagen: Periódico El Laurel.

Esta vez, en lugar de moraleja comparto un consejo para que lo tomen en cuenta en su momento: el tipo de Jodedor más peligroso es el que siempre está alegre.

¡Ah!, y recuerden: Joder con joder se paga.

joder a los demás
Imagen: Conciertos y desconciertos.

[1] .- Si quieres saber más sobre Mari Mar aquí

[2] .- El extraño orden de las cosas, Antonio Damasio, Ediciones Destino, 2017.

[3] .- El diccionario de Voltaire disponible de manera electrónica aquí.

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2 respuestas a “¡A joder se ha dicho!”

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