“Nuevo” semáforo epidemiológico, sin diferencias de fondo

Los nuevos lineamientos para la estimación de riesgos del semáforo epidemiológico de COVID-19 dice ser regionalizada, pero en el mismo documento se establece que los indicadores y metodologías son las misma para las 32 entidades.

Fotografía: Cuartoscuro
Fotografía: Cuartoscuro

Michael González

Lectura: ( Palabras)

México, al igual que muchos otros países del mundo – especialmente en Europa –, implementó el año pasado un método de medición de riesgo del avance de la epidemia, hoy conocido como semáforo epidemiológico.

Después de la jornada de Sana Distancia que se aplicó del 23 de marzo al 30 de mayo de 2020, durante la cual todas y todos nos tocó confinarnos para evitar la propagación masiva de contagios de COVID-19, se puso en práctica el semáforo epidemiológico a partir del 1 de junio del año pasado. 

Las autoridades locales se encargaron, en base a esa información, de reactivar paulatinamente las actividades económicas y, en caso de volver a subir la tendencia de contagios, cerrarlas por tiempo indefinido. 

Así les ha pasado a muchas entidades, en las cuales se disminuye el riesgo de contagios y el avance de la epidemia por lo que se reactiva la actividad económica y regresa la ¨normalidad¨, pero la tendencia vuelve al alza y se tiene que retroceder en el semáforo epidemiológico. 

Por ejemplo, en la Ciudad de México inició esta metodología bajo semáforo epidemiológico naranja que representa un riesgo epidemiológico poblacional alto, así se mantuvo hasta diciembre en la que retrocedió a color rojo que significa un riesgo máximo. 

La última semana de febrero de este año se regresó a semáforo naranja, la primera semana de mayo pasó a amarillo y un mes más tarde pasó a verde. Pero con esta tercera ola de contagios, la CDMX regresó dos semanas más tarde a amarillo y, el viernes pasado, se anunció que retrocedíamos a naranja, como iniciamos hace un año y poco más de un mes. 

Las autoridades sanitarias señalan que, con el avance de la vacunación, la dinámica de la epidemia ha cambiado y por ello presentaron nuevos lineamientos en la medición. 

¿Medición regionalizada o homogenizada?

Esta nueva metodología y lineamientos para la estimación de riesgos del semáforo se introdujo como regionalizada, lo cual es pertinente y aterrizado a la realidad porque la situación – tanto de vacunación, población, movilidad, contagios – es distinto por entidad. 

Pero en el documento que presentó la Secretaría de Salud titulado: ¨Lineamiento para la estimación de riesgos del semáforo por regiones COVID-19¨ el pasado viernes se establece que los indicadores y metodología para medir el riesgo son las mismas. 

Indican que sólo cuando los resultados en la medición de riesgo empiecen a diferir entre entidades se podrán abrir y cerrar actividades económicas de forma diferenciada. 

Lo anterior no es ninguna novedad en el control de la epidemia por entidad, porque desde que se implementó esta metodología a nivel nacional en aquellas entidades donde el riesgo era bajo se inició la reapertura económica, a diferencia de otras en que tocó esperar un poco más bajo las restricciones por la situación epidemiológica

Fuese idóneo que cada entidad cuente con su propia metodología para medir el riesgo del avance de la epidemia, y que esta se descentralice también por alcaldía o municipio. De esta forma se lograría un análisis más certero sobre la situación epidemiológica de las entidades.

No podemos medir con ¨la misma vara¨ a la Ciudad de México con un estado como Quintana Roo, porque la primera cuenta con una mayor población y capacidad hospitalaria que la segunda, además la movilidad poblacional y actividades económicas esenciales son distintas en cada una, por lo que esas diferencias evidentes deben reflejarse en la metodología de medición de riesgos. 

¿Semáforo sin cierre de actividades?

En este documento que publicó la Secretaría de Salud detallan que el semáforo no representa integralmente a la epidemia, sino que es una orientación de la intensidad con base a una serie de indicadores y representa tres aspectos del acontecer epidemiológico:

  • Transmisión entre personas y propagación territorial.
  • Capacidad de respuesta.
  • Consecuencias de la epidemia sobre la salud y la vida.

Asimismo, indicaron que cada entidad tiene la responsabilidad de mantener actualizados los datos del Sistema de Vigilancia Epidemiológica de la Enfermedades Respiratorias y la Red IRAG, que son las unidades hospitalarias del Sistema Nacional de Salud registradas como centro de tratamiento para las infecciones respiratorias agudas graves. 

Recalcan en varias oportunidades que la Secretaría de Salud, por medio de la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud, tiene la facultad de modificar los criterios técnicos, indicadores y metodología de la estimación de riesgo epidémico por entidad sólo si la situación lo amerita. 

En ese sentido señalan que el semáforo epidemiológico de las entidades será compartido a través de un documento acompañado de recomendaciones generales, aunque sus aplicaciones serán voluntarias de acuerdo con los gobiernos de las entidades. 

Algo como ocurrió el pasado viernes en la Ciudad de México, cuando se anunció la regresión a semáforo naranja, pero sin ninguna restricción a las actividades económicas, pese a que se especifica que en esta situación epidemiológica se debe reducir la movilidad comunitaria y las actividades esenciales un 25%.

semáforo epidemiológico
Fuente: Secretaría de Salud

Entonces, qué sentido tiene ofrecer las recomendaciones para responder a una situación epidemiológica específica si, a fin de cuentas, estas terminan siendo opcionales y los gobiernos de las entidades pueden decidir por encima de la autoridad sanitaria federal. 

Seriedad ante la tercera ola 

En estos momentos en los que nos encontramos en la tercera ola de contagios – como en muchos otros países – y que principalmente está atacando a las personas jóvenes, las autoridades deberían tomar en serio las recomendaciones para reducir la tendencia de contagios al alza.

En el documento se habla de que este ejercicio de estimación de riesgos epidémicos locales no se trata de una evaluación o calificación de desempeño de las políticas en materia de mitigación y control de la epidemia. 

Eso tiene una buena intención detrás – no politizar la pandemia – pero no acorde con la realidad, porque las decisiones políticas influyen mucho en el avance o no de la epidemia. 

Por ejemplo, la decisión del gobierno de la Ciudad de México de no imponer restricciones pese a regresar a semáforo naranja, una determinación política que puede tener repercusiones, ojalá no sea grave por el bien de todas y todos. 

La política y la salud siempre van a estar correlacionadas, sin ánimos de querer politizar, una decisión imprudente en momentos críticos de la pandemia debe ser señalada y cuestionada porque, a fin de cuentas, nos cuestan vidas diariamente. 

Se entiende que la situación económica no está en condiciones para otro cierre como el de abril del año pasado, pero debe actuarse con mayor rigor y seriedad para evitar que los contagios se propaguen con un descontrol como el inicio de la epidemia. 

Aunque la vacunación esté avanzando a pasos más rápidos de los que pensaba a inicios de año – iniciando esta semana la inoculación para personas de 18 a 29 años en la Ciudad de México – hay que tomar medidas para evitar contagios, siempre debe priorizarse la salud colectiva, porque es el derecho a la vida.

Temas de interés:
Todas las columnas Otras noticias de
0 0 votos
Calificación del artículo
Subscribir
Notificar a
guest
0 Comentarios
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Lo que opinan nuestros lectores a la fecha