Las elecciones del 2021
Elías Cárdenas

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La oposición política, no así la empresarial, al gobierno de la Cuarta Transformación, se encuentra desmadejada.

Ilustración: Reporte Índigo.

Lectura: ( Palabras)

En la “vieja normalidad” se llamaba futurismo y el presidente de la República y los gobernadores en sus respectivas entidades, daban el banderazo para que se desataran las pasiones y cavilaciones sobre los candidatos a puestos de elección popular. En los largos años del predominio político del PRI, la lucha política se daba internamente entre los aspirantes a los puestos de elección popular, aunque finalmente se imponía la voluntad omnímoda del propio presidente o de los gobernadores. El tricolor o partidazo era una especie de Secretaría de Elecciones y Empleos, que tramitaba la voluntad superior a nivel federal y estatal. La disciplina partidaria se imponía y los candidatos “electos” hacían campañas para aparentar una democracia inexistente –todas con cargo a los erarios federales y locales o “presupestívoras”, como decía en su tiempo el comediante Jesús Martínez “Palillo”–, donde sus mensajes y discursos a la ciudadanía era un caudal de promesas y buenos deseos, basados en la evocación de una Revolución extinta.

La oposición la representaban partidos sin posibilidades de éxito alguno, como el Partido Acción Nacional y el Partido Comunista Mexicano, representantes de la derecha radical y la izquierda dogmática. Ante este panorama desolador, el presidente Adolfo López Mateos (1958-1964) abrió la puerta a los llamados diputados de partido, que hoy se conocen como de representación proporcional. Era común entonces oír a la ciudadanía decir: “y para que voy a votar si siempre gana el PRI”. Debido a esto, los votos, principalmente en las intermedias, eran escasos y en las presidenciales, que despertaban mayor interés, se incrementaban un poco, y el interés público se centraba en adivinar quién era el “tapado” entre los diversos aspirantes que, curiosamente, eran secretarios del propio gabinete, de entre los cuales elegía el presidente en turno como su sucesor.

Al sobrevenir el cisma dentro de las propias filas del PRI, por su desprecio a la democratización interna que falleció en la sala de espera, con vistas a las elecciones federales de 1988, el sistema político mexicano entró en una inesperada fase: su desmoronamiento. El triunfo de Vicente Fox en el año 2000, candidato de Acción Nacional, y la controvertida victoria del entonces panista Felipe Calderón en 2006, así como el regreso del priismo para el desprestigio del gobierno de Enrique Peña Nieto y el provecto PRI, cambiaron el horizonte político para dar paso a la contundente conquista de Andrés Manuel López Obrador, el candidato presidencial con mayor número de votos en la historia del país en las elecciones del 1 de julio de 2018, para ocupar la presidencia de la República en su tercer intento como candidato; los dos primeros con el hoy desvencijado Partido de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano, y finalmente con el suyo propio, Movimiento Regeneración Nacional, que en sólo cinco años logró también mayorías en el Congreso de la Unión y muchos otros éxitos en diferentes estados como efectos colaterales.

elecciones pasadas
Imagen: 60minutos.info.

Hoy renace un nuevo futurismo: las elecciones a celebrarse el 6 de junio de 2021, que serán las más copiosas en la historia de México. El propio presidente de México ha propiciado su arranque, al indicar que vigilará este proceso electoral que obtuvo la respuesta correspondiente del presidente del Consejo General del INE, Lorenzo Córdoba, quien salió a la defensa del instrumento máximo de organizar estas elecciones intermedias que, por otra parte, tendrán el carácter de concurrentes al coincidir la elección de quinientos diputados federales, tanto de mayoría como de representación proporcional, con las de quince estados de la República, donde serán electos otros tantos gobernadores, diputados a las legislaturas locales, ayuntamientos y juntas municipales. La suma total arroja 19,359 cargos en juego.

A las características especiales de esta aparatosa e insólita elección, se añaden las infortunadas secuelas económicas que dejará la pandemia del coronavirus ya anunciadas por instituciones del orden internacional y nacional,  así como la  ola de violencia de las organizaciones criminales, que no cejan en su propósito de socavar el orden legal, político y social, que alcanzan desde el atentado a altos jefes de seguridad pública, como el  recién cometido contra Omar García Harfuch en la Ciudad de México, hasta los llamados crímenes de Estado, según la precipitada declaración del Presidente de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, con motivo del asesinato de un juez federal en Colima; y del presidente Andrés Manuel López Obrador, al asumir la responsabilidad sobre la liberación del narcotraficante Ovidio Guzmán, en Sinaloa, que ponen muchos fierros en la lumbre para que la elección del año de 2021 sea ordenada, tranquila y eficaz, y desde hoy deja vislumbrar una tormenta política.

elecciones y corrupcion
Ilustración: Izak Peón (Nexos).

La oposición política, no así la empresarial, al gobierno de la Cuarta Transformación, se encuentra desmadejada. Su alianza parece imposible, porque la batalla se centrará en minar la mayoría de Morena en la Cámara de Diputados y sus propios candidatos a gobernadores, que complicará la unificación de las diversas banderías políticas en el país. Por ello, tal vez, nos tendremos que acoger al sentido del humor del gran comediante estadounidense, Groucho Marx, que solía decir: la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.


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