‘J’accuse’ de Roman Polanski; el cine también
Gabriela Gorches

Entre pantallas desde el Mediterráneo

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Su condición de fugitivo buscado por la Interpol desde entonces, no le ha impedido seguir trabajando con mucho éxito ni tampoco formar una familia.

Ilustración: Vouge.

Lectura: ( Palabras)

Equivalentes a los premios BAFTA en Inglaterra, los Goya en España o los Oscars en Estados Unidos, los César del Cine distinguen cada año las mejores producciones francesas del año anterior. Fueron creados en 1976 por el periodista y productor Georges Cravenne con base en doce categorías, número que con el tiempo y el surgimiento de nuevas tecnologías ha crecido hasta veinticinco, incluidas mejor película y mejor cortometraje de animación. En una ceremonia que tiene lugar en París durante el mes de febrero, la Academia de Artes y Técnicas del Cine, también llamada Academia de los César, entrega las preseas, escultura de bronce pulido de unos 30 cm en forma de tronco, integrada por una compresión de figuras que representan muebles y ornamentos, concebida por el emblemático escultor marsellés César.

La edición no. 45 de los César, llevada a cabo el pasado 28 de febrero, ha sido una de las más esperadas y a la vez temidas, en especial por las doce nominaciones que habían sido otorgadas a la película J’accuse del director franco-polonés Roman Polanski –estrenada en España con el título El Oficial y El Espía–. “Doce” como el número de mujeres que lo acusan de violación, declaró la francesa Asociación Atrévete al Feminismo.

La primera de estas acusaciones, la única reconocida por el agresor y a la que se ha dado seguimiento, es quizá la que para muchos da validez a todas las demás. Data de 1977 cuando Polanski tenía 43 años y realizaba un reportaje en los Ángeles sobre jovencitas europeas y americanas para la edición francesa de la revista Vogue. Durante una sesión privada de fotografía, le propuso a Samantha Gaileyde 13 años, el consumo de champaña y de un sedativo utilizado en esa época como droga recreativa. Después tuvieron relaciones sexuales que incluyeron la sodomía. Polanski fue arrestado y, conforme a su aceptación del delito, inculpado por abuso sexual de una menor y condenado a una pena de 90 días de cárcel con evaluación psiquiátrica, que se redujo a 42 por conducta ejemplar.

acusaciones a polanski
Fotografía: L’express.

Presionado por la prensa y la opinión pública, el juez se desistió y una vez liberado quiso condenarlo a una nueva pena prevista por “tiempo indeterminado”, con la promesa de liberarlo en 48 horas a condición de que abandonara el país. Su abogado explicó a Polanski el trato, aclarando que no podía garantizarle que le cumplieran la liberación prometida y, en cambio, la condena podría extenderse a 50 años. Fue entonces cuando el cineasta huyó de Estados Unidos para refugiarse en Francia. Su condición de fugitivo buscado por la Interpol desde entonces, no le ha impedido seguir trabajando con mucho éxito ni tampoco formar una familia, aunque sí le ha valido muchas restricciones, entre ellas, la prisión en Suiza en 2009 durante nueve semanas, seguida de un arresto domiciliario de ocho meses. Ni él ni sus abogados han dejado de buscar un acuerdo con el gobierno estadounidense para que abandone la persecución. La propia agredida, Samantha Geimer –nombre de casada–, ha declarado más de una vez haber perdonado al agresor, añadiendo que el Sistema de Justicia y sobre todo los medios le han hecho mucho más daño a lo largo de su vida.  

2019 fue un año decisivo en la carrera y la vida de Roman; por un lado, se cumplieron 50 años del terrible asesinato de Sharon Tate, su segunda esposa, que junto con otras tres personas fue acuchillada en su casa de Beverly Hills cuando tenía más de ocho meses de embarazo. Por otro, Polanski estrenó su película Yo Acuso y ganó el León de Plata a la mejor dirección en el Festival de Venecia. Pero también enfrentó una nueva denuncia. Se trata de la francesa Valentine Monnier quien asegura haber sido violada por él en 1975 cuando tenía 18 años. Como en casos anteriores, el asunto quedó en palabra contra palabra… Lo seguro es que especialmente después del premio César Mejor Dirección 2020, Polanski se convirtió más que un nunca en un personaje polémico en Francia.

En cuanto a su obra más reciente, creo que no es exagerado calificar El acusado y el espía como una de sus mejores películas; en todo caso, a la altura de las internacionalmente premiadas, Chinatown (1974), Tess (1979), El pianista (2002) o El Escritor Fantasma (2010). El título retoma el de la carta de Émile Zola dirigida al Presidente de la República, publicada en enero de 1898 en el periódico parisino L’Aurore. En ella, Zola denuncia la participación de todos los involucrados en el escandaloso caso Dreyfus, uno de los más grandes errores –o complots– judiciales de la historia francesa, que por años dividió al país en dreyfusistas y antidreyfusistas. Basada en la novela del inglés Robert Harris, la película aborda la injusticia cometida contra el capitán Alfred Dreyfus quien, por ser judío, fue acusado de alta traición al adjudicársele la autoría de una nota con información clasificada dirigida a un agregado militar alemán. Aunque obviamente aparecen, ni Zola ni Dreyfus constituyen el objetivo de la película.

El personaje central es del teniente coronel Marie-Georges Picquart, interpretado por Jean Dujardin, quien al ocupar el puesto de jefe del servicio de inteligencia descubre que Dreyfus fue condenado injustamente. Él mismo antisemita y, sin embargo, hombre de honor, emprende averiguaciones para llegar al fondo de la verdad aún a costa de su carrera y de su propia vida. Polanski no se limita a una reconstitución histórica: sin dejar de ser instructiva, la cinta se convierte en un verdadero thriller de espionaje en el que las repercusiones políticas y militares cobran gran interés. La pesquisa se convierte en búsqueda de la dignidad y la justicia al interior de un sistema corrupto manipulado por la mentira y el prejuicio.

Entrevistado al respecto de su cinta, el director judío declaró haberse inspirado, entre otras cosas, en diferentes mecanismos de persecución que conoce bien. A raíz de ello, varias asociaciones feministas se indignaron bajo el supuesto de que pretendía equiparase con el Capitán Dreyfus. Pero lo que encendió la mecha de la bomba antipolanskista fue el testimonio que la actriz Adèle Haenel hizo público al tiempo que se estrenaba Yo Acuso. La actriz inculpó a otro director de haberla sometido a caricias impropias y acoso sexual cuando ella tenía 12 y hasta los 15 años de edad en que trabajó con él. Igualmente, habló de una violencia sistemática que el sistema judicial ejerce contra las mujeres. Considerado acto de gran valentía, su testimonio sobre hechos que aún no prescriben, la ha convertido en una especie de estandarte del feminismo, en particular en el mundo del cine.

Roman Polanski
Roman Polański, director de cine, guionista, franco-polaco​.

Por su parte, la Academia de los César siempre ha mantenido la misma postura respecto a Polanski. Desde 2017 en que fue elegido para presidir la ceremonia –fue él quien decidió no aceptar ante las amenazas de boicot anunciadas–, el Ministerio de Cultura se pronunció en cuanto a la libertad de la Academia para elegir presentadores y películas; “se trata de un gran director y de un asunto que pasó hace más de cuarenta años, no es posible retomarlo cada vez”, agregó la ministro. La ceremonia 2020 estuvo marcada por la ausencia del equipo completo de Yo Acuso, así como por el gran esfuerzo de los presentadores para mantener un clima de cordialidad, especialmente tras designado el Premio de Mejor Dirección: Adèle Haenel acababa de enterarse que no había ganado Mejor Actuación Femenina por su participación en Retrato de una Mujer en Llamas y abandonó la sala junto con su directora Céline Sciamma, no sin antes pronunciar varias veces frente a las cámaras “una vergüenza”.

Muchos piensan que el nuevo reconocimiento otorgado al director franco-polonés, así como la inconformidad generalizada respecto a la desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres en la industria, marcará el decline del cine francés. Mi esperanza es que una lucha tan loable como lo es la de los derechos de la mujer tome pronto un rumbo certero, quizá si los responsables se dieran cuenta de que, precisamente por su gravedad, las denuncias por acoso y sobre todo por abuso de menores no deberían politizarse.  


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