¿Qué es más neoliberal? Una mirada desde fuera a la economía mexicana
Gerardo Gutiérrez Candiani

Zonas de Desarrollo

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Lo peor es que a pesar de la insistencia en la austeridad y en no incurrir en endeudamiento, aun con la peor crisis de salud pública global, la deuda como proporción…

Imagen: El Economista.
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Cuando se lee el informe sobre la economía mexicana del Fondo Monetario Internacional (FMI) correspondiente a 2021, publicado en octubre, hay algo que sorprende de inmediato. Que este organismo, históricamente señalado por sectores de la izquierda como epítome del neoliberalismo y la insensibilidad social, sugiera a un gobierno declarativamente antineoliberal que aligere la rigidez con que, hasta en los peores momentos de la pandemia y la peor recesión desde los años 30, ha sostenido decisiones que podrían encuadrarse en la ortodoxia de esta ideología.

De hecho, en términos bastante explícitos, en el reporte se llama a México preocuparse menos por la deuda pública y más por lo social, y consecuentemente, a elevar el gasto y la inversión pública.

La recomendación de elevar el déficit es debatible. No porque idealmente pueda ser lo indicado en una coyuntura como ésta (y más en el 2020), sino por las características de nuestro gobierno y en qué y cómo gasta el presupuesto público: podría generar más problemas y agravar los que ya tenemos encima. Sin embargo, vale la pena revisar el diagnóstico, como mirada desde fuera de la situación, objetiva y realista y con vías de mejora viables.

Es una visión ajena a la polarización política que marca el debate público en México, impregnado de prejuicios y descalificaciones que sustituyen al análisis. Y, sobre todo, nada que se parezca a los mitos sobre el neoliberalismo, el cual vale la pena tener en cuenta, es una perspectiva para entender y abordar la economía, entre otras; no el estigma que su usa para todo como si fuese el culpable de todos los males.

FMI economía mexicana
Imagen: PSN Noticias.

Luces y sombras

En cuanto a los factores positivos observados por el FMI sobre la coyuntura actual de nuestra economía, destaca que va en marcha la recuperación de la desaceleración más profunda que haya sufrido en décadas. Proyecta un crecimiento de 6.2% en 2021 y 4% en 2022. Ligeramente debajo de la última estimación que hizo, en julio (6.3 y 4.2%, respectivamente), pero más o menos en línea con los pronósticos del gobierno, fijados en el Paquete Económico 2022, y también con los de los países emergentes y de nuestra región.

Se ponderan como ventajas el crecimiento en Estados Unidos y el desarrollo de la vacunación. En el mismo sentido, que la manufactura y las exportaciones superan los niveles observados antes de la pandemia. Asimismo, que los servicios se reanudan y se recupera el empleo.

El informe reconoce que las autoridades han logrado preservar exitosamente la estabilidad externa, financiera y fiscal en un período sumamente complicado. Igualmente, valora que se ha combatido la evasión tributaria y que, pese a una contracción económica dramática, se han impulsado los ingresos fiscales. También, el hecho de que las autoridades prevean redoblar estos esfuerzos. Incluso, ve con buenos ojos las acciones de simplificación y formalización orientadas a las pequeñas y medianas empresas y los trabajadores independientes, si bien no deja de apuntar riesgos por la multiplicidad de regímenes fiscales.

El gran “pero”, expuesto explícitamente, es que los factores positivos enunciados se dan a cambio de “un muy elevado costo humano, social y económico”. Eso incluye un exceso de mortalidad: medio millón de fallecimientos “probablemente vinculados a la COVID-19” y subempleo que permanece arriba del máximo alcanzado durante la crisis financiera mundial del 2008. Respecto a niveles previos a la pandemia, 4.5 millones de personas más desempleadas, subempleadas o dispuestas a trabajar sin poder hacerlo.

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Imagen: Corriente Roja.

El FMI apunta, asimismo, que los niveles de pobreza, que ya eran altos, han aumentado y que los jóvenes enfrentan importantes pérdidas en términos de aprendizaje, con potencial afectación de largo plazo. Llama la atención de que el ingreso real per cápita ha continuado una larga trayectoria de divergencia con respecto al de Estados Unidos, país que, como sabemos, llevó a cabo medidas contracíclicas y de apoyo a familias y empresas en montos y alcances inéditos, tanto a nivel fiscal como monetario. El informe incluye una gráfica que impacta, al mostrar cómo nuestro ingreso por habitante estaba cerca del 38% respecto al de los estadounidenses en 1990 y ahora apunta hacia el 28% y en descenso.

Prioridades y paradojas

El FMI, criticado desde las izquierdas como poco empático y ariete de lo que se conoce como el Consenso de Washington, pide reconocer y abordar proactivamente los dos principales problemas crónicos de México: el escaso crecimiento de la productividad y los elevados niveles de pobreza. Muestra preocupación de que en ambos casos se agraven las cosas, pues la economía afronta nuevos desafíos por avances tecnológicos y el cambio climático, así que, como prioridades, llama a salvaguardar la recuperación, preservar la estabilidad económica y promover un crecimiento inclusivo y sostenible.

Es fácil ver que, si bien las cuentas macroeconómicas del país se muestran relativamente estabilizadas, contrario a las crisis recurrente y penuria fiscal de los 80, cuando el FMI presionaba a México para corregir los desequilibrios, ahora la perspectiva de bajo crecimiento se coloca en un rango superior entre los factores de riesgo. De hecho, el organismo recomienda ahora no sólo elevar el gasto, sino adelantarlo, máxime porque observa cierta holgura fiscal y macroeconómica, con un acceso al mercado financiero “que podría aprovecharse para limitar los costos humanos”.

Se pide a nuestro gobierno asumir una posición fiscal que ayude a afianzar la recuperación y mitigar las secuelas a más largo plazo. Claramente, no es en la estabilización, considerada como un mantra neoliberal, donde somos más vulnerables. Lo paradójico es que dicha obsesión parece estar del otro lado, cuando tenemos un régimen que abomina “los tiempos del neoliberalismo”. Y más contradictorio aún, en un momento en que, debido a la pandemia, en todo el mundo se siguieron políticas de mayor gasto y déficit público. ¿Quién sería, entonces, el neoliberal?

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Imagen: Características.com.

El FMI llama a un apoyo fiscal focalizado en programas de asistencia social, educación, salud y gasto en inversión pública, lo que “aliviaría las cargas que sobrellevan los miembros más vulnerables de la sociedad y fomentaría un crecimiento más inclusivo”. Sugiere, para ello, aprovechar el margen: destinar alrededor de 0.75% del PIB para elevar el gasto en educación y salud, 0.5% para redoblar esfuerzos contra la pobreza y 0.25% para inversión pública en infraestructura verde.

A la par, propone un incremento del gasto equivalente a 1.5% del PIB en 2023-2024. Es decir, aumento permanente del 3%. La recomendación es combinar el mayor gasto con una reforma fiscal que se adopte gradualmente, a medida que se afiance la economía. Considera que ésta podría formularse y legislarse en 2022 e introducirse paulatinamente con el objetivo de recaudar de 3 a 4% del PIB. Y remarca que ello ayudará a apuntalar la estabilidad social y a mejorar los niveles de vida de los pobres.

Coincidencias y discrepancias

Muchos hemos pugnado para que los mexicanos demos el paso de una reforma hacendaria de fondo, como lo recomienda el FMI. Nuestra recaudación tributaria (sin petróleo) está 6% del PIB debajo de países comparables de América Latina y casi la mitad respecto al promedio en el marco de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

Coincidimos, también, con sugerencias como un ISR más progresivo, aprovechar el predial para incrementar los ingresos subnacionales, actualizar la coordinación fiscal con los estados y revisar exenciones en IVA a cambio de salvaguardas sociales como la seguridad social universal, como lo ha propuesto desde hace años Santiago Levy.

economía México, deuda
Imagen: Yahoo.

Igualmente estamos de acuerdo, en lo general, en la observación de que “las autoridades han aplicado una política fiscal conservadora durante la pandemia, centrada en contener la deuda pública”, lo que (en teoría) da margen para aumentar el gasto. La respuesta fiscal al reto sanitario y económico fue bastante menor a la de países similares emergentes y de la región.

Efectivamente, en teoría tenemos margen. La pregunta es si vale la pena usarlo de acuerdo con las circunstancias políticas y económicas presentes. No concuerdo en que éste sea el momento más oportuno para una reforma hacendaria, aunque efectivamente se requiere, y más aún, urge. Entre otras razones, por el énfasis actual en gasto e inversión sin planeación, transparencia y perspectiva de rentabilidad, ni social ni mucho menos financiera.¿Más dinero para sostener las pérdidas estratosféricas de Pemex? No sin una reestructura de esta empresa, que de hecho el FMI sugiere.

El problema, nuevamente, son las contradicciones. En lugar de medidas de gasto social efectivas, nuestro gobierno antineoliberal ha llamado la atención por querer usar los Derechos Especiales de Giro del país en el FMI para prepagar deuda pública. Aunque se declara abanderado del humanismo, mientras que se contraía la capacidad de atención en salud, y en la peor coyuntura para ello, priorizó subvencionar la operación deficitaria de Pemex, obras en el mejor de los casos innecesarias, como el Aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas. Ahora impulsa una contrarreforma eléctrica que podría suponer una factura de miles de millones de dólares por indemnizaciones a inversiones afectadas, además del grave precedente que sentaría contra la inversión. ¿Endeudarnos para eso?

En 2022 Pemex deberá 118 mil millones de dólares. Entre capitalización, reducción impositiva y pagos de deuda, desde 2019 se le han transferido ya más de 39 mil 700 millones, pero la producción no ha crecido ni 3%.En cambio, el reporte del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) mostró que, en términos de carencias sociales, el mayor cambio entre 2018 y 2020 fue un aumento de 12 puntos porcentuales en la carencia por acceso a los servicios de salud, que pasó de 16.2 a 28.2%. Hay 15.6 millones de personas más sin cobertura.

AMLO gobierno antineoliberal
Imagen: El CEO.

Lo peor es que a pesar de la insistencia en la austeridad y en no incurrir en endeudamiento, aun con la peor crisis de salud pública global, la deuda como proporción del PIB ha crecido bastante: de 54 a probablemente 60% desde el 2018.

Más allá de ideologías

Las prioridades y las recomendaciones del FMI están alejadas de las recetas o los mitos del neoliberalismo. En cambio, algunas de las políticas de nuestro gobierno, muy cerca, y no siempre con eficacia.

El problema no es el neoliberalismo o el combate al mismo. Uno de sus principales teóricos neoliberales, Milton Friedman, quizá aprobaría, al menos conceptualmente, la fe de nuestro gobierno antineoliberal de que repartir dinero a los pobres en efectivo y que ellos y el mercado decidan, es mejor que generar políticas públicas e instituciones para atender sus necesidades y ayudarlos a superarlas. Algo que ahora incluyó en la propuesta que lanzó desde el Consejo de Seguridad de la ONU para la “fraternidad y el bienestar” mundial.

Probablemente Friedman también hubiera estado acuerdo en no tomar deuda para apoyar a quienes quedaron sin empleo o sin negocio, aún con una pandemia encima, porque el mercado restablecería tarde o temprano los equilibrios y el remedio a un problema temporal provocaría males de largo plazo. No podemos saberlo, pero sí es posible evaluar los costos de las contradicciones y las decisiones sostenidas con criterios ideológicos o creencias más que en función de los hechos concretos.

Las recomendaciones que se nos hacen desde el FMI dan el clavo sobre por dónde tendríamos que caminar para lograr un mayor crecimiento y reducir la pobreza: crecimiento más acelerado, sostenible e incluyente. El problema es el timing y las inconsistencias.

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