La incertidumbre… asesina silenciosa
Shulamit Graber Dubovoy

Nada humano me es ajeno

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El ser humano se aferra de forma natural al mundo conocido, a lo previsible. A medida que nos convertimos en adultos, solemos hacer las mismas cosas y esperamos resultados…

Imagen: VIX.
Imagen: VIX.

Lectura: ( Palabras)

La vida es una permanente exposición a lo inesperado. Donde muchos ven un problema paralizante, otros encuentran una oportunidad para evolucionar.

La incertidumbre es de los “espacios” más difíciles de sostener, solemos buscarle rápida “solución”, rápida “salida”… frente a la incertidumbre se buscan remedios, oráculos, técnicas. Buscamos resolver porque resolver es el símbolo de éxito, es nuestra forma de entender que algo estamos haciendo… Estar (a diferencia de hacer) implica estar ahí en lo incierto, en ese espacio en el que probablemente si hacemos menos, es mejor. Pero ¿cómo “no hacer”? si representa lo contrario al éxito en este tiempo del “haz”, “conquista”, “demuestra”, “tú puedes”; buscamos incluso salidas y respuestas mágicas que no resuelven pero que nos quitan la sensación de incertidumbre porque creemos estar tomando control sobre ella.

Los seres humanos tienen una asombrosa capacidad para olvidar que una de las pocas certezas con las que pueden contar a lo largo de la vida es que ésta va cambiando”. En cuanto las cosas dan un giro inesperado, tendemos a sentirnos abrumados por la incertidumbre. Pero cuando empezamos a aplicar la idea del quizás vemos que el ciclo del cambio es incesante. “Cada resultado ofrece más posibilidades futuras”.

El ser humano se aferra de forma natural al mundo conocido, a lo previsible. A medida que nos convertimos en adultos, solemos hacer las mismas cosas y esperamos resultados que nos son familiares. Esto nos produce una sensación de control que aporta calma, aunque ya haga tiempo que estemos aburridos con nuestra vida. Desconocer lo que sucederá equivale a salir de nuestro hogar para adentrarnos en un mundo incierto sin saber qué nos deparará.

incertidumbre
Imagen: Yahoo.

La incertidumbre está relacionada con esa necesidad que tenemos de saber qué va a pasar a continuación, de forma que nos podamos anticipar, lo podamos controlar y no nos agarre desprevenidos; tenemos una necesidad de control para sentirnos seguros, confirmar que lo que pensamos o lo que dictan nuestros sentidos es cierto.

Para algunas personas la incertidumbre es insoportable, por eso quien “la sufre”, tiene que actuar para reducirla, al menos hasta que acepte niveles aceptables. 

Hay personas que toleran la incertidumbre mejor que otras, las personas que se encuentran en una situacion de gran incertidumbre dedican muchos recursos cognitivos para resolverla y más si su tolerancia es baja. Por ejemplo: dos personas pueden haber ido a una entrevisa de trabajo con las mismas necesidades; sin embargo, si una de ellas tiene una baja tolerancia a la incertidumbre lo más probable es que intente conseguir el resulado cuanto antes, y no esperará a que la empresa se comunique con ella: será ella la que lo haga.

Los aspectos positivos de la incertidumbre implican aprovechar el abanico de posibilidades que ofrece en lugar de tratar de recuperar el control. Lo que en psicología se ha etiquetado como “zona de confort” fue definido por Brené Brown, investigadora social de la Universidad de Houston, como aquel territorio donde la incertidumbre, la escasez y la vulnerabilidad son mínimos, es decir, donde creemos que hay espacio suficiente para el amor, la comida, el talento, el tiempo o la admiración. Resumiendo: “Un lugar donde creemos tener algún control”. Aunque la vida está llena de imprevistos y esa seguridad que anhelamos es una ilusión, al abandonar la zona de confort –por ejemplo, en un nuevo empleo o al inicio de una relación– nos sentimos ansiosos y tal vez incluso estresados.

Se ha demostrado, sin embargo, que es justamente en esa clase de situaciones cuando se potencia la creatividad. Del mismo modo que el conductor que realiza siempre la misma ruta corre el riesgo de dormirse por falta de estímulos y sufrir un accidente, enfrentarse a situaciones graves nos impulsa a sacar lo mejor de nosotros mismos, ya que nuestros cinco sentidos están puestos en aprender de ese mundo desconocido. En la primera cita con alguien que nos gusta, la conversación adquiere un nivel de frescura y creatividad que luego, en una relación estable, resulta difícil de alcanzar. Eso prueba que la incertidumbre nos hace crecer. A veces, como veremos a continuación, nos puede llevar incluso a lugares inesperados.

incertidumbre
Imagen: El País.

En su influyente ensayo El cisne negro, el investigador y financiero estadounidense Nassim Nicholas Taleb exploraba aquellas cosas que suceden contra cualquier pronóstico o previsión, lo cual tiene lugar con mucha más frecuencia de lo que se pueda creer. Lo que este autor denomina “cisne negro” es un evento que presenta estos tres atributos:

1. Es inesperado. Nada de lo sucedido en el pasado apuntaba a esa probabilidad.

2. Tiene gran impacto. Tal vez porque es ­inesperado, nos toma con la guardia baja y captura toda nuestra atención.

3. Genera explicaciones a posteriori. Por el temor que produce lo incierto, cuando aparece esta figura animal se buscan toda clase de argumentos que justifiquen por qué ha sucedido.

Las noticias demuestran diariamente que lo desconocido es más importante que lo que se conoce. Nadie previó en Estados Unidos que podría suceder un atentado como el del 11 de septiembre de 2001. Siguiendo la tercera ley del cisne negro, cuando sucede algo así, todo el mundo intenta rastrear las causas y predecir cuándo volverá a pasar. Tras la crisis de 1987, Taleb cuenta que la mitad de los operadores norteamericanos esperaron un nuevo cataclismo el siguiente mes de octubre, sin percatarse que el primero no había tenido ningún antecedente. La enseñanza, también para nuestra vida cotidiana, sería ésta: hay cosas que no tienen una explicación racional, así que, en lugar de tratar de controlarlo todo, es mejor estar dispuestos a esperar lo inesperado. En vez de sucumbir al miedo, si aceptamos que la vida es cambio y una sorpresa constante, sabremos navegar en el torrente de nuevas posibilidades que nos lleva al futuro.

Steve Jobs, fundador de Apple, definió su teoría de “conectar los puntos” –y que explicó en el célebre discurso que dio en 2005 a los recién graduados de la Universidad de Stanford–: Muchos acontecimientos inesperados que suceden en la vida de cualquiera adquieren todo su sentido cuando se contemplan en perspectiva. Por ejemplo: una vocación que se descubre después de haber perdido un trabajo que sólo producía insatisfacción; el padecimiento de una enfermedad que facilita la reflexión y que desembocará en importantes cambios; o una ruptura que va seguida de forma imprevista por el hallazgo del verdadero amor.

incertidumbre y cambio
Imagen: Instituto de Gobernanza Democrática.

–Una fuente de incertidumbre es:  la contradicción entre las expectativas y las señales que nos brinda la realidad.

Imaginemos que hemos hecho la entrevista de la que hablábamos antes y nos ha salido muy bien, así que nos vamos de allí pensando que el puesto es nuestro. Sin embargo, pasan los días y no nos llaman, un indicador habitual de que el puesto no va a ser del entrevistado. Así, si juntamos la seguridad con la que salimos y la señal contradictoria, lo habitual es que esta sensación de incertidumbre vaya creciendo.

–Otra fuente de incertidumbre: nace de contraponer la conducta a los valores.

Cuando realizamos conductas con las que no estamos de acuerdo nuestra incertidumbre aumenta. Siguiendo con el mismo ejemplo, si por necesidad vamos a una entrevista en la que el trabajo ofertado no corresponde con las creencias que tenemos, nuestra incertidumbre también aumentará.

Los escenarios de incertidumbre pueden ser: cuando se espera una respuesta externa, como el resultado de un juicio, una carta de ingreso a la universidad, la aceptación o rechazo de una beca de investigación, el resultado de un examen de residencia, el conocimiento por el estado de salud de un familiar, y por supuesto, el fin o la solución a una pandemia como la que hemos vivido.

Así que ahora, en este “nueva salida al mundo” después de una prolongada incertidumbre, y que de hecho sigue operando en nuestras vidas, pues la claridad es aún opaca, sé generoso y amable contigo mismo, ten paciencia, da pequeños pasos que te hagan sentir seguro, y sobre todo ábrete al cambio, que finalmente de eso se trata la vida, de “ser flexible”, que es y ha sido de nuestros grandes aprendizajes a lo largo de la historia y más en estos momentos.

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