La canción del dinero
Luis Wertman

Construcción Ciudadana

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La industria hotelera estadounidense tendrá un impulso no visto gracias a la gira de conciertos de la popular artista Taylor Swift.

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El comportamiento de la economía es curioso, porque está relacionado con las decisiones que tomamos todos los días al hacer uso de nuestro dinero. Es una ciencia, sin duda, que a veces se basa más en el estudio de nuestros deseos que en el de la satisfacción de nuestras necesidades.

En uno de los últimos informes de la Reserva Federal de los Estados Unidos, un punto de referencia por tratarse del banco central de la economía más poderosa del mundo y de nuestro principal socio y vecino, se hizo una interesante mención: la industria hotelera estadounidense tendrá un impulso no visto gracias a la gira de conciertos de la popular artista Taylor Swift.

Después de cinco años de no aparecer en vivo, la cantante anunció “The Eras Tour” en su país natal, y en varios más, México incluido. Con una legión global de fanáticos, Swift agotó los boletos en cuestión de horas, a pesar del escándalo por el colapso del sitio de compra de la principal empresa mundial de comercialización de entradas, y provocó una avalancha de reservaciones en los hoteles cercanos a los foros donde habría de presentarse. Filadelfia, Chicago, Cincinnati, entre otras metrópolis, han recibido a miles de asistentes que gastan una respetable cantidad de dólares para disfrutar de uno (o más) de los 131 conciertos que ofrecerá alrededor del planeta. La ocupación de habitaciones solo puede atribuirse a su presencia, la cual tiene tanto peso entre sus seguidores, que podríamos estar ante un nuevo indicador de comportamiento financiero. Por lo pronto, el documento ya lo bautizó como el “TSwift Lift” (el impulso de Taylor Swift), similar a aquel referente que fue también popular hace años y seguía el costo de una hamburguesa de una conocida cadena comercial en varias naciones para calcular la inflación internacional.

La Ciudad de México no será excepción y en la zona aledaña al foro donde dará sus conciertos, la ocupación para agosto está garantizada y se ha ampliado a otras alcaldías en donde se sitúa la oferta de hospedaje capitalina. La artista no visitará otra ciudad del país, por lo que las cuatro fechas están agotadas desde hace semanas y las expectativas sobre su espectáculo solo va en aumento. Es suficiente con darle un vistazo a las redes sociales, al material compartido por asistentes a fechas previas y hasta a los testimonios públicos de personajes como el Ministro de la Suprema Corte de Justicia, Arturo Zaldívar, quien recibió un pastel el Día del Padre con forma de disco de vinil y el título de una de las canciones de Swift, su cantante preferida, a la que también le dedicó un artículo en un diario de circulación nacional.

Desde hace algunos años tengo el privilegio de estar cerca de la Asociación de Hoteles de la Ciudad de México, encabezada por el experimentado Rafael García González, y por su director, Alberto Albarrán Leyva, lo que me ha permitido conocer el impacto que tiene este sector en la economía nacional, en la seguridad y en la construcción de la paz. Si somos famosos en el mundo por nuestra hospitalidad y por nuestra calidez, es gracias a los miles de mujeres y de hombres que forman parte de la industria del hospedaje.

La pandemia, que hoy se ve lejana ante concentraciones masivas como un concierto, puso a prueba a esta parte fundamental de la iniciativa privada y es una buena noticia que la recuperación de los hoteles siga en marcha, gracias a la afición deportiva, al deseo de viajar, y a la fidelidad hacia artistas que logran conectar con millones de personas.

Es posible que medir la economía a través de nuestras emociones pudiera arrojarnos mejores datos sobre la forma en que nos administramos. Sé que la primera recomendación de la educación financiera es no movernos por impulsos para comprar cualquier bien o servicio, pero también considero que ante ciertos satisfactores hacemos poco caso y colocamos el corazón por delante del cerebro, lo que no es del todo malo si se hace con moderación.

Entender qué nos mueve es fundamental para promover hábitos y comportamientos responsables, pero también para comprender esos sentimientos que nos empujan a tomar un camino en lugar de otro. El cambio en la consciencia es a la par un cambio en lo que nos da sentido; puede ser una imagen, un discurso, una frase, o en este caso, un conjunto de canciones que interpreta una persona que nos agrada.

En el debate que luego se lleva a las redes y a los medios de comunicación, la economía se presenta como una serie de complejos indicadores, intrincadas decisiones y políticas fundamentadas en números, en las que las personas son un factor más. La afición por ir a un concierto de Taylor Swift parece demostrar lo contrario, aunque ya ocasiona señales de alerta por la inflación que se ha registrado en estos eventos públicos, en un mercado sin mucha competencia, y dominados, claro, por una sola empresa de boletaje que opera casi como un monopolio; es decir, no todo es culpa de la demanda de los millones conocidos como “Swifties” que avientan la casa por la ventana con tal de estar en el mismo espacio que ella.

De fondo, un buen estudio de lo que nos emociona puede darnos el rumbo hacia el cual dirigir la economía y, por qué no, la siguiente etapa de este cambio de época, una en la que podamos infundirle a lo financiero esa moralidad que necesita y esa cercanía que logra, por ejemplo, la música de nuestro artista favorito.

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