Inteligencia Artificial: seremos espectadores en la revolución que viene
Carlos Iván Moreno

El Apunte Global

94 opiniones • veces leído

La IA es uno de los motores más eficaces para estimular la productividad y el crecimiento económico.

Imagen: Freepik.
Imagen: Freepik.

Lectura: ( Palabras)

Hace tres años, AlphaZero, el programa de inteligencia artificial (IA) de Google, derrotó al más potente programa de ajedrez, Stockfish. Lo revolucionario fue que AlphaZero lo hizo, por primera vez en la historia, no con base en jugadas preprogramadas sino con estrategias nunca antes pensadas ni ejecutadas por la mente humana; jugadas originales y no ortodoxas para lograr el resultado: derrotar al oponente. Esto llevó a afirmar al gran maestro del ajedrez, Garry Kaspárov, que “el ajedrez ha sido sacudido hasta las raíces” (ver: Kissinger et al. La Era de la IA y nuestro futuro humano).

En 2020, cuando apenas comenzábamos a vislumbrar lo que venía con la COVID-19, investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) anunciaron el descubrimiento de un nuevo antibiótico contra una bacteria que había mostrado resistencia a todos los tratamientos explorados hasta entonces. Lo logró un programa de IA; algo que los propios investigadores afirman “hubiera sido imposible con las técnicas tradicionales”, es decir, con solo la mente humana (ver: t.ly/qVq9). El antibiótico se llama halicin, en honor al mítico HAL de la película 2001: Odisea espacial.

¿Cúal es la novedad con estos dos sucesos? (Que, dicho sea de paso, pasaron desapercibidos salvo para los especialistas). Lo revolucionario es que en ambos casos no es posible explicar cómo los programas de AI llegaron a las soluciones, simplemente lo hicieron, con una lógica propia.

“La IA va a reorganizar al mundo y cambiará el curso de la historia humana”, señala Eric Schmidt, director de la Comisión de Seguridad Nacional para Inteligencia Artificial de EE.UU. La Comisión Europea ha llamado a la IA como “una de las tecnologías estratégicas del Siglo XXI” (ver: t.ly/sneI). De acuerdo con el Parlamento Europeo, la IA es uno de los motores más eficaces para estimular la productividad y el crecimiento económico: aumenta la eficiencia en las cadenas de producción, mejora el proceso de toma de decisiones y promueve la creación de nuevos productos.

Un reporte publicado por la financiera británica PricewaterhouseCoopers (PwC) estima que la industria puede aumentar la productividad de los países hasta en un 37% y tendrá la capacidad de incrementar en 14% el PIB mundial (ver: t.ly/HHnv). Hoy día el valor del mercado global de la IA es de 51 mil millones de dólares y se prevé que alcance los 641 mil millones de dólares para 2028; un crecimiento de más de doce veces su valor actual en apenas seis años (Verified Market Research).

inteligencia artificial
Imagen: Freepik.

Desafortunadamente, los beneficios se van a concentrar en un puñado de países, sobre todo en EE.UU. y China, en sus universidades y sus empresas. A nivel global, 7 de cada 10 investigadores en IA están en instituciones de alguna de estas dos naciones. México “no pinta” en este mapa. Tan solo esos dos países generan alrededor del 50% de las publicaciones científicas en IA del planeta, en toda América Latina apenas llegamos al 4% (ver: cutt.ly/3IyvZCT).

EEUU y China no solo son los países que más investigadores de IA forman en sus universidades (20% y 29% del total global respectivamente), también son aquellos que más talento internacional atraen. Más del 30% de los investigadores de primer nivel en EE.UU. provienen de universidades en el extranjero.

Por ello no sorprende que, de acuerdo con datos de la OCDE (2020), las nuevas empresas (startups) de EE.UU. y China vinculadas a la Inteligencia Artificial acapararon más del 80% de las inversiones globales en la materia. Seguidas por las startups de la Unión Europea con un 4% y del Reino Unido e Israel con 3%. En las empresas de América Latina, la atracción de esta inversión global fue inferior al 0.5%.

México, por su parte, no figura –ni lo hará– con las políticas actuales. De hecho, en el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación (PECITI) del CONACYT, recientemente publicado en el Diario Oficial de la Federación, no hay una sola referencia a la IA ni a sus implicaciones. Estamos fuera de este juego global.

¿De qué tamaño es la brecha? Para darnos una idea, tan solo la inversión privada de las empresas chinas y norteamericanas en IA supera los 30 mil millones de dólares anuales, esto es cinco veces más que toda la inversión, pública y privada, en Ciencia y Tecnología en México. Seremos pasivos espectadores y consumidores de esta genuina revolución que lo transformará todo.

Más columnas del autor:
Todas las columnas Columnas de

Deja un comentario

Lo que opinan nuestros lectores a la fecha