Emblemas y símbolos del cambio de época
Luis Wertman

Construcción Ciudadana

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Somos una sociedad que todo el tiempo trata de hacer realidad sus ideas, sueña con alcanzar metas grandes y desea que los más jóvenes hagan lo mismo para fijar objetivos todavía más altos.

Imagen: Darrel Rees.
Imagen: Darrel Rees.

Lectura: ( Palabras)

La importancia de una obra, la que sea, es lo que simboliza a lo largo del tiempo. Es una herencia, y al mismo tiempo, un legado que encierra el recuerdo inmediato de lo que significó llevarla a cabo.

Existen muchos tipos de obras y pueden ser personales, comunitarias, privadas, públicas, sociales, entre otras. Su denominador común, sin embargo, es su permanencia y el parteaguas que generalmente representan.

En ese antes y después, con los años se olvida lo que implicó realizarla, el esfuerzo que representó y el trabajo de las personas involucradas en lograr el objetivo de que ocurriera.

Mark Twain decía que una idea nueva es una locura hasta que alguien la hace realidad y esa parece ser nuestra condición humana cuando escuchamos casi cualquier plan. Como estamos en el terreno del sueño y de la promesa es fácil descalificar o tratar de reducir las expectativas.

Por eso casi la totalidad de las obras, sean físicas o morales, se hacen a contracorriente, en medio del escepticismo y con amplios pronósticos de fracaso. Es necesario tener una voluntad férrea y un compromiso constante para materializar el proyecto que sea.

Como sociedad, tristemente, estamos acostumbrados a esperar que aquello que se plantea se quede corto frente a lo que pensamos debería ser y, por la desconfianza que nos rodea, apostamos a que las obras sean temporales y después cambien conforme se modifican los intereses que las impulsaron. Si sucede lo contrario y el logro es auténtico, tendemos a sentir que no durará demasiado y a perder paulatinamente la esperanza para evitarnos el desengaño posterior.

obras y cambio de época

Solo que esa impresión tiende a olvidar que cada uno de nosotros emprende a diario muchas ideas que surgen de esos sueños por vivir mejor. Pocos son los que cuentan con todo preparado para cumplir sus metas, por lo que la mayoría está constantemente intentando cumplir con esos objetivos personales, familiares y profesionales, sin importar cuál es el contexto o los obstáculos que pueden enfrentarse.

Visto con cuidado, somos una sociedad que todo el tiempo trata de hacer realidad sus ideas, sueña con alcanzar metas grandes y desea que los más jóvenes hagan lo mismo para fijar objetivos todavía más altos. Es falso que seamos conformistas y, a pesar de muchos capítulos de nuestra historia, seguimos basando nuestras aspiraciones en el trabajo, el esfuerzo y una buena dosis de fe.

Por eso nos acompañamos de emblemas, esas imágenes que nos permiten recordar el rumbo y el destino. Cada espacio de la vida pública del país tiene los suyos y hace unos días se sumó uno más en la figura de un nuevo aeropuerto internacional, cuya instalación se convertirá muy pronto en un punto de referencia para las y los ciudadanos del país.

Podemos creer o no en muchos símbolos, pero eso no le resta peso a su significado. Incluso se pueden usar los emblemas solo para ciertas ocasiones, sobre todo las que nos convienen en la coyuntura, como apoyar un evento deportivo o sentir nostalgia de la patria cuando estamos lejos de ella por algún tiempo.

No obstante, la obra que se vuelve un emblema y un símbolo sigue ahí, recordando el momento en la historia en la que se logró su construcción y lo que representa para la identidad de todos: ser la identidad de la sociedad a la que pertenecemos, esa que se amplía a la de una nación que constantemente se propone metas y objetivos, que comparte mucho más de lo que cree y a la que unen lugares, comida, hábitos, esperanzas y precisamente esas edificaciones que resumen quiénes somos y lo que podemos llegar a lograr.

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