La rebeldía se impone en las calles

El Centro de la Ciudad de México parece ser un sitio aislado de la pandemia, quienes ahí transitan lo hacen sin miedo aparente de poderse contagiar de la COVID-19.

Fotografía: Cuartoscuro
Fotografía: Cuartoscuro

Michael González

Lectura: ( Palabras)

Suenan las campanas y el sol se posa en el firmamento para dar comienzo a un nuevo día. Desde Tlalpan a Azcapotzalco las personas salen religiosamente de sus hogares camino a sus labores, no sin antes cursar una larga travesía por el estresante y colmado transporte público de la Ciudad de México

Hay unos afortunados que tienen la oportunidad – una que se convirtió en un privilegio en los últimos tiempos – de disfrutar un día libre, quizás, para aprovechar un poco para desconectar de la agobiante cotidianidad en la que estamos sumergidos. 

El Centro Histórico de la capital suele ser el lugar predilecto para gran parte de la población que busca distracción. Los numerosos museos, atracciones turísticas y numerosas opciones para comer y entretenerse hacen que esa elección no sea del todo complicada: ¨Encuentras de todo¨, dicen algunos. 

Recorrer desde la Alameda Central, pasando por Madero, hasta el Zócalo, nos permite hacer una radiografía sobre qué tan movido se encuentra esta zona de la ciudad, aunque podemos deducir que, generalmente, a cualquier hora del día encontraremos gente. 

Sin embargo, esa desconexión que las personas buscan – hasta cierto punto justificada, después del año tan complicado que hemos atravesado – alcanza niveles desmesurados hasta un punto preocupante, gente disgregándose de su realidad y la de todas y todos. Esa en donde todavía vivimos en una pandemia con un alza vertiginosa en los contagios por la enfermedad COVID-19.

Y es que pareciera que la pandemia deja de existir por unos instantes mientras se está allí, como si el virus diera licencia para romper todo tipo de medida sanitaria. 

Cientos de personas caminando sin cubrebocas, otros los llevan con la nariz descubierta y sin ningún tipo de distanciamiento entre unos y otros. Algunos, incluso, se retiran la mascarilla para estornudar o toser con ¨mayor libertad¨. 

¿Sirven los filtros de seguridad?

La rebeldía que gobierna las calles
Fotografía: Archivo

Hace poco más de un mes, instaló varios filtros de seguridad sanitaria para evitar una mayor propagación de contagios en la zona más concurrida de toda la Ciudad de México. Una medida sensata para el momento epidemiológico en que nos encontramos, pero sin ningún efecto verdadero

A lo largo de los 700 metros de la Avenida Madero hay personal con la encomienda de tomar temperatura, colocar gel en las manos y ofrecer cubrebocas a los transeúntes que no lleven uno consigo. 

Esto no se cumple del todo, ya que no te toman temperatura, el cubrebocas que ofrecen es inservible para prevenir contagios y el personal no es suficiente para atender la gran cantidad de personas que por ahí transitan minuto a minuto. Parecen pequeños e indefensos ante la ola de gente, como pequeños ciervos sin escapatoria ante la envestida de un depredador. 

Al recorrer varias veces Madero es que podemos identificar uno que otro colaborador, pareciera que se escondiera entre el tumulto o de plano entienden que su trabajo no está siendo para nada considerado. 

Desde el inicio de la calle en Eje Central, hasta el Zócalo encontramos un máximo de 9 de ellos. Dos al principio y al final, y el resto repartidos a lo largo del recorrido. 

Algunos de ellos se acercan a las personas para colocarles gel, estos miran extrañados – quizás pensando que no hace falta tal medida – a veces sólo esperaban a que algún consiente de la situación se le acercase a pedir un poco de gel.

Hubo momentos en que estos encargados de velar por la seguridad sanitaria del lugar les pedían encarecidamente que los transeúntes se colocasen su cubrebocas, pero estos seguían su camino sin importar la recomendación que acababan de recibir.

Uno alcanzó a decir: ¨Es imposible controlar a toda esta gente¨, luego de que diera gel a una pareja que transitaba tranquilamente sin cubrebocas mientras disfrutaba de una bebida. 

La rebeldía que gobierna las calles
Fotografía: Archivo

Así, muchos otros que caminan por Madero, la pandemia parece haber terminado en este lugar, podría considerarse un milagro en caso de que se confirme científicamente tal hecho.

La medida más corta de historia 

La rebeldía que gobierna las calles
Fotografía: Archivo

Este martes habían anunciado que Madero pasaba a ser la primera calle completamente libre de humo de cigarro y aquel que fuese capturado fumando, recibiría una multa de más de 2 mil pesos.

Toda la calle está forrada con numerosos carteles que advierten tal situación, lamentablemente estos tendrán que ser retirados luego de que el jueves la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum determinó echarla para atrás por considerarla ¨excesiva¨. 

Era lógico que esto iba a durar poco tiempo, en todo el Centro Histórico es común ver a vendedores ambulantes y boleadores de zapatos que venden cigarros sueltos, pese a que esto está prohibido por la Secretaría de Salud. 

Aunque no advertimos a nadie que fumara en Madero, inmediatamente al salir del Zócalo ya hay quienes te venden los cigarros para que puedas fumar sin ningún problema en los alrededores de la Plancha de la Constitución.

No hace falta tener una ágil vista para darse cuenta de las numerosas colillas de cigarro que se dejan en tanto en el Zócalo como en la Alameda. 

En fin, si quieren ayudar a disminuir el tabaquismo en México deberían empezar con otro tipo de medidas, y dejar de lado estas que no son de fondo, no resuelven nada y desnudan incapacidad e ineptitud de quienes toman decisiones. 

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