La medicina privada
Eduardo López Betancourt
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Lamentablemente quien no puede pagar a un médico privado, tiene que soportar las infamias de los organismos oficiales de salud, sobre los cuales será muy sano poner orden y de una vez por todas que mantengan un mínimo de calidad…

Imagen: Programa Regional Sobre Migración.
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La Comisión Nacional de Arbitraje Médico (CONAMED) es un órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud, creado por decreto presidencial (Ernesto Zedillo Ponce de León), publicado en el Diario Oficial de la Federación el 3 de junio de 1996, para contribuir a tutelar el derecho a la protección de la salud, así como a mejorar, la calidad en la prestación de los servicios médicos. Sin duda la intensión era buena, ya que entre sus responsabilidades se encontraba lo siguiente:

*Brindar orientación y asesoría especializada a los usuarios y prestadores de servicios médicos sobre sus derechos y obligaciones.

*Recibir, investigar y gestionar de manera inmediata asuntos relacionados con la posible irregularidad o negativa en la prestación de servicios médicos justificados o urgentes, por parte de las instituciones públicas.

*Recibir toda la información y pruebas que aporten los prestadores de servicios médicos y los usuarios, con relación a las quejas planteadas y, en su caso, requiere aquellas otras que sean necesarias para dilucidar tales quejas, y practica las diligencias correspondientes.

Sin duda los servicios médicos privados y no se diga los públicos, adolecen de un sinnúmero de defectos. Mal servicio, donde los tratos déspotas son lo cotidiano; las mentiras clásicas de médicos, que mienten para favorecerse en lo económico; por supuesto no faltan los hospitales abusivos que no se limitan en sus ambiciones y también de manera intensa los medicamentos, quienes alcanzan precios exorbitantes, sin que tengan que dar cuentas a nadie.

Para evitar tan dramáticas situaciones se creó esta famosa Comisión, pero al igual que otras, se convirtió en un elefante blanco. En la práctica, absolutamente para nada ha servido y es uno de los tantos organismos que deben desaparecer y dar pauta a lo que en realidad son diversos servicios médicos, auténticos fraudes que deben ser sancionados por la vía penal, sin dejar de considerar que también proceden las demandas en el ámbito civil, por daño moral. Aquí es donde deberían de aplicarse, las diversas fiscalías para dar debida atención a los afectados por las arbitrariedades de los médicos.

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Imagen: Reporte Índigo.

En el ámbito del servicio médico, llamémosle “gratuito”, que de ninguna manera lo es, pero se presta generalmente en la Secretaría de Salud, también podemos señalar los servicios médicos de organismos, donde el particular contribuye, tal es el caso del ISSSTE o del IMSS. En general en su conjunto pueden considerarse servicios médicos proporcionados por el Estado. La regla general es que son deficientes, mal atendidos, donde el paciente sufre un “tortuguismo” perverso y una absoluta falta de ética. Es bien sabido que los médicos de esos ámbitos no atienden con esmero y muchas veces utilizan a los enfermos como “conejillos de indias”, ya que generalmente tienen sus consultorios privados y es ahí donde sin ninguna calidad ni decencia cotidianamente citan a sus pacientes. Acudir a una clínica del Seguro Social, del ISSSTE o de la Secretaría de Salud, implica auténticamente poner en riesgo la salud, de esta manera gran cantidad de derecho habientes prefieren la medicina privada, ante la irresponsabilidad de estos centros oficiales.

Lamentablemente quien no puede pagar a un médico privado, tiene que soportar las infamias de los organismos oficiales de salud, sobre los cuales será muy sano poner orden y de una vez por todas que mantengan un mínimo de calidad; por supuesto es imprescindible tomar en cuenta el aspecto presupuestario, mismo que debe ser suficiente para atender el importante sector salud, el cual constituye de manera absoluta un derecho constitucional.

Por separado están los organismos privados que ofrecen servicios médicos, empezando por quienes se dicen “doctores” los cuales de manera indebida se han apropiado de tan importante grado académico. Por regla general son licenciados en medicina, pero de manera ampulosa se hacen pasar por doctores; sin duda algunos sí lo son, pero por supuesto los menos. Tales médicos –de los cuales hay muchos de una altísima calidad profesional– ofrecen sus servicios a altos costos, lo que constituye un verdadero lujo el ser paciente de los mismos, más aún consideremos que son médicos de la clase pudiente de nuestro país; tales profesionistas carecen de ética y su actuación al final de cuentas está sustentada exclusivamente en lo económico y donde tampoco existe ningún control; de manera injusta dejan de pensar en las necesidades sociales.

Lo peor de estos galenos es que con frecuencia realizan intervenciones quirúrgicas sin razón, sólo con la finalidad de cubrir “cuotas” que les piden los hospitales privados donde se desempeñan. Es de esta manera lamentable como se manejan estos personajes de bata, que lejos de actuar con ética, sólo se guían por el bastardo interés económico. Otro aspecto sumamente criticable es que muchos de estos consultorios de médicos privados, son verdaderas clínicas del Seguro Social, una inmensa cantidad de pacientes a quienes no se les respeta para nada la hora de su cita, dando por resultado una mala conducta y mal comportamiento carente de la mínima consideración al paciente.

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Imagen: SlideShare.

Por supuesto la peor crítica se la llevan los hospitales privados, lugares donde el abuso es la constante y no hay nadie que se los impida; lo primero que se exige al particular es una tarjeta de crédito y le hacen firmar un voucher en blanco para que los precios sean determinados de manera exclusiva. Esto es unilateral por el nosocomio, el enfermo no tendrá idea nunca en cuánto le va a costar internarse en un hospital privado, pero sí debe tener la seguridad que cubrirá costos excesivos y arbitrarios, donde una venda, por ejemplo, se la venden en 10 veces más su costo, en el mejor de los casos, de lo que se ofrece en una farmacia. Más aún consideremos que un sinnúmero de elementos no es necesario, pero sin duda aparecerán en las kilométricas cuentas que les ofrecerán a los familiares y al propio enfermo. En este renglón aparecen las famosas aseguradoras mexicanas, las cuales son verdaderas extorsionadoras, algunas de ellas marcan los costos de cada médico, lo que evidentemente son muy bajos y ahí se da otro abuso cotidiano; la cuantiosa diferencia en lo que paga la aseguradora y lo que cobra el profesionista es sumamente amplia y es ahí donde de manera verdaderamente infame se afecta al particular.

También está el tema de las medicinas, las cuales se sabe que no hay control sobre el precio y por eso en ciertos establecimientos el costo es de una cantidad diversa, pero muy exagerada a la que se ofrece en los hospitales. Todo esto sin duda alguna en perjuicio del cliente.

Los errores médicos son constantes, pero contra de ellos no hay ninguna defensa, es muy difícil que progrese una queja contra el mal desempeño de un profesionista médico, ya que existe entre ellos lo que bien podríamos llamar una “hermandad”. Jamás ni por asomo se puede encontrar a un médico que, de fe de los errores de un colega suyo, aún en casos graves y evidentes, como los frecuentes que se han dado cuando dejan en el paciente, después de una intervención quirúrgica, un instrumento como pinzas y lo que al final de cuentas resulta imposible lograr que se actúe contra un mal profesionista.

Será interminable mencionar los abusos que se dan en el campo de la medicina privada y por supuesto en mayores dimensiones las que se dan en organismos públicos y lo que es evidente, es que el particular se encuentra auténticamente en un estado de indefensión. El organismo CONAPRED, al que hemos señalado en la práctica, resulta totalmente inútil, razón por la cual es indiscutible insistir en que los particulares reclamen un verdadero apoyo frente a las arbitrariedades, donde la extorsión y el mal servicio son sólo algunas de las más cotidianas conductas en perjuicio de la sociedad.

La ética médica debe tener un valor fundamental y en donde con mayor ahínco es necesario insistir en que tal principio se mantenga muy en alto en los trabajos de la medicina y en su diversidad de áreas.

Por supuesto que lo expuesto no implica que no tengamos que hacer un gran reconocimiento al sector médico, que sí actúa con principios de solidaridad y que lo han demostrado de manera particular en los últimos dramas que se han vivido en el mundo. En México existe una buena cantidad de médicos, enfermeros y trabajadores de sector salud que merecen el reconocimiento y que bajo ningún concepto los pícaros que aquí denunciamos deben considerarse como la generalidad. Tanto en el sector público como en el privado hay excelentes y entregados profesionistas de la medicina y por tanto son los que prestigian el trabajo encomiable de tan importante sector en beneficio de la sociedad. Pero sí se hace indispensable que a quienes violentan los principios éticos de la medicina, sean severamente sancionados y desde luego que en los nosocomios privados también es fundamental obligarlos a mantenerse ajenos a la ambición y la desproporción de cobros verdaderamente infames, que sólo muestran una actitud voraz y desmedida.

 

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